La Veranda de Rafa Rius
“Y un ominoso velo de transparencia cayó (y calló) sobre la realidad…”
Frases como esta deberían encabezar la información sobre la mayoría de los asuntos que nos ocupan y preocupan.
Al contrario que cierta lencería, diseñada para resaltar y enfatizar aquello que oculta, la Ley de Transparencia que se está tramitando en el Congreso, a juzgar por lo que conocemos de ella, parece concebida para ocultar aquello que resalta y enfatiza. Y según estamos hartas de ver, la transparencia, como la decencia, parecen ser algo genéticamente incompatible con la profesión de político, individuos más atentos por lo general a sus propios intereses que a los de aquellas personas a las que dicen representar. Y no hablemos de excepciones, porque las excepciones jamás justifican una regla.
Mal asunto cuando necesitamos una ley que establezca y regule una obviedad como la necesidad de nitidez en la cosa pública. Hasta ahora íbamos tirando con la interpretación preestablecida de las manifestaciones gubernamentales en el sentido contrario al declarado: “No hemos hecho jamás…” = Han hecho de continuo. “Nunca hemos cobrado…” = Han cobrado de sobras y en negro. “Hay una línea roja que nunca pensamos cruzar…” = Dentro de nada la van a traspasar tres pueblos. “Nuestro partido es totalmente transparente…” =Tienen los armarios repletos de cadáveres. Y así siempre, pero claro, eso sería demasiado simple.
El lenguaje de los políticos profesionales de todo signo está de ordinario tan cargado de sobreentendidos, lecturas entre líneas, insinuaciones crípticas y otras pamplinas retóricas que, para que lo que se traen entre manos llegue hasta nosotras con un mínimo de inteligibilidad, tal parece que necesitamos una Ley que regule la transparencia de lo que nos cuentan y lo que nos ocultan ¡Y ya la hemos liao!
Veamos algunos titulares y entradillas reveladores (1) cuyo somero análisis nos puede dar algunas pistas:
06/06/2013 “Sindicatos y CEOE se someten a la Ley pero con respeto a su autonomía” “Si se trata de controlar el dinero que los sindicatos reciben de fondos públicos, ningún problema, han dicho tanto Monell (CCOO) como Benito (UGT) Estos han diferenciado la financiación ordinaria, de los recursos públicos que obtienen para programas concretos. “Eso no es financiación, sino partidas finalistas para cursos o programas tasados”. Ya les daría yo “partidas finalistas”: Nótese la parte subrayada, por la que seguirán colándose sin control los fondos con los que el Gobierno continuará chantajeando y comprando la aquiescencia y complicidad de los dos sindicatos hermanos en todo tipo de “acuerdos” y trapicheos como por ejemplo, el sí de CCOO al próximo tijeretazo a las pensiones.
31/05/2013 “El Gobierno acepta modificar radicalmente la ley de transparencia”
“ La llamada Agencia Estatal de Transparencia, Evaluación de Políticas y Calidad de los Servicios tendrá un carácter independiente, con un nombramiento que, a falta de concretarse, podría tener origen en el Ejecutivo, pero ratificado en el Parlamento”. Y a eso le llaman “modificación radical”: Seguimos con su particular interpretación de la separación de poderes: El Ejecutivo, a través de su control sobre el Legislativo, regula lel articulado de la Ley y su aplicación (¿Carácter independiente? ¡Ánda Shá!)
08/05/2013 “La ley de los secretos para siempre” “Los historiadores británicos pueden hurgar en los papeles más escondidos de la guerra de las Malvinas (1982) pero los españoles no pueden ni echar un ojo a documentos de guerras bastantes anteriores, como la de Ifni (1957-58) o el conflicto civil de 1936-39, que se custodian en archivos militares y que en su día fueron clasificados por tratarse de información sensible. La anterior ministra de Defensa, Carme Chacón, trató de remediar en parte esta opacidad al proponer la desclasificación de 10.000 documentos, relativos a episodios comprendidos entre 1936 y 1968, que ya no representaban riesgo alguno para la seguridad del Estado. Los papeles se referían a aspectos como los campos de concentración y batallones de trabajo creados por el régimen franquista al inicio de la posguerra, la política del Protectorado español en Marruecos, la organización de unidades militares durante la Guerra Civil, operaciones en Sidi Ifni, dotaciones de buques de guerra italianos y alemanes durante la Segunda Guerra Mundial en puertos españoles o planes de fortificaciones en Baleares y Ceuta, entre otros. El tímido afán de transparencia histórica se aguó en la actual legislatura. El nuevo ministro entrante, Pedro Morenés, no necesitó mucho tiempo para decidir que, si el PSOE no había considerado oportuno desclasificarlos, no sería él quien decidiera hacerlo”. ¡Olé transparencia histórica! A este paso, no se van a divulgar los secretos de la Hispania romana por si afectan a la “seguridad del Estado” actual.
En fin, para qué seguir. Sirvan estos ejemplos aleatorios pero suficientemente ilustrativos, para comprender qué demonios entienden por transparencia nuestros bienamados Padres y Madres de la Patria.
Como decíamos al principio, un opaco telón de transparencia está a punto de caer sobre el escenario de la vida pública española. Ya sé que algunas dirán: “Pero si ese pesado telón jamás se había levantado”. Sí, de acuerdo, pero al menos no nos tomaban una vez más por imbéciles, pretendiendo que creamos que ahora, por fin, lo vamos a saber todo.
Y las posibilistas que piensen que con la nueva Ley, algo vamos a avanzar en el conocimiento y control de los asuntos públicos que nos afectan, sólo tienen que recordar la sentencia de la vieja sabiduría popular: Hecha la Ley, hecha la trampa.
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(1) Titulares de diversas fechas, todos ellos del diario El País.

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