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La fábula de los seis poderes del Estado

La Veranda de Rafa Rius

Érase una vez que, en los países donde reinaba la diosa Democracia, había tres poderes que equilibraban sus fuerzas en beneficio de los ciudadanos: el poder legislativo, oséase, Congreso de Diputados y Senado, el judicial, que se encargaba de hacer cumplir las leyes y el ejecutivo que se responsabilizaba de elaborar esas leyes que luego debería aprobar el Parlamento. Hasta aquí, todo muy correcto y aparente, pero es mentira. Esos tres poderes, no son más que la puesta en escena de otros tres poderes que son los que controlan a los tres anteriormente mencionados, los manejan a su antojo y les dictan lo que deben decir y hacer. En nuestra amada España, se trata de: en primer lugar, el IBEX 35 y las grandes familias, en segundo lugar, la conferencia episcopal de la Iglesia Católica y por último, el ejército junto a policía y Guardia civil.

Según consta en el guion de la farsa democrática, desde que se instauró la democracia burguesa en 1978, los tres poderes citados en segundo lugar, debían estar supeditados en todo momento a los tres primeros, pero, insisto, es mentira. Los llamados poderes fácticos (ya lo dice el adjetivo: fácticos, es decir, que hacen y deshacen desde tiempos de Mari Castaña) son los que, en la práctica y sin que ningún título los acredite, gobiernan a su antojo nuestras vidas desde el backstage, entre bastidores. Cada 4 años nos convocan a la gran ceremonia de las urnas y nosotros acudimos sumisos, porque nos han dicho que podemos elegir a quien nos gobierna. Pero, no. Los que salen elegidos son los que conformarán el elenco de actores y actrices que representarán el sainete tragicómico en gobiernos, parlamentos y juzgados para cumplir los designios de los auténticos poderes del Estado de toda la vida.

Es revelador que, en los gobiernos socialdemócratas autoproclamados progresistas, coloquen en los ministerios de Defensa e Interior a los miembros o miembras más acomodaticios y conservadores (Robles y Marlaska, pongamos por caso) a sabiendas de que nunca pondrán en peligro el negocio de las armas o los trapicheos policiales, (volvamos a poner por caso)

Tras las distintas elecciones, dado que habitualmente, según sus propias cifras, todos los partidos han ganado, periodistas y politólogos varios se afanan en analizar profusamente quien ha ganado más, cuando en realidad, hemos perdido todos, porque una vez más hemos participado mayoritariamente en la gran ceremonia de la confusión que, únicamente provocará pequeños ajustes para que, en lo fundamental, todo continúe bajo control. Entre tanto, los mayores problemas de las personas -vivienda, sanidad, educación, servicios sociales- seguirán en las mismas o peores condiciones, en beneficio de los tres poderes reales y efectivos que seguirán manipulando sus medios desinformativos afines -casi todos- para conseguir que la gente crea que está ejerciendo su libre albedrío, cuando en realidad está haciendo lo que le mandan los dueños del cortijo estatal.

Y, colorín colorado… este cuento no se ha acabado.

\ Segueix-nos/

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