La Veranda de Rafa Rius
Ulises, en su viaje de vuelta a Ítaca, en un momento dado de su navegación, debía atravesar con su barco el estrecho paso entre dos grandes rocas en las que habitaban en cada una de ellas dos terribles monstruos -Scila y Caribdis- que amenazaban con destruir su nave. El mito simboliza el dilema de enfrentarse a dos peligros inminentes, cuando evitar uno significa inexorablemente caer en las garras del otro,
A propósito de las presidenciales de Estados Unidos en el año 2000, el novelista y analista político James Ellroy comentaba: Bush contra Gore. La buena noticia es que uno de los dos perderá. La mala es que el otro ganará.
¿Qué hacer cuando, ante una importante disyuntiva, no se ofrece a tu consideración ninguna alternativa aceptable? Demos un breve paseo por la Historia. Alemania 1933. Cuando tras la 1ª Guerra Mundial, el severo y abusivo Tratado de Versalles impuso a Alemania unas condiciones de reparación que condenaron al país perdedor, gobernado por la socialdemocracia de la República de Weimar, a una década de hiperinflación y unas condiciones de vida miserables, en 1933 llegaron las elecciones. En ellas, los alemanes tenían que elegir entre una socialdemocracia incapaz de ofrecerles una vida digna y el partido nazi que les ofrecía un futuro dorado. Como conocemos, eligieron a Hitler que les condujo hasta donde ya sabemos.
Ese mismo año en España, tras dos años de 2ª República, en las elecciones, los votantes debían elegir entre la coalición gobernante del centroizquierda de republicanos y socialistas presidida por Azaña, que había fracasado en la implementación de diversos cambios de progreso, el más importante una Reforma Agraria que pretendía acabar con un campo español de latifundios y caciques, y enfrente, los radicales y la CEDA comandados por Gil Robles que pretendían paralizar las reformas, mantener el statu quo y defender los intereses de los grandes propietarios. Ganaron estos últimos y, tras el breve paréntesis del Frente Popular, tramaron un golpe de Estado fascista con las consecuencias que conocemos.
Más recientemente, observando el futuro más próximo, y dentro del contexto putrefacto de la política institucional en España, la política interior, cobarde y mezquina, del gobierno de coalición (¿Dónde quedó la Ley Mordaza?) nos conduce irremisiblemente a unas elecciones en las que los votantes deben elegir entre lo malo, lo que tenemos, y lo peor, un gobierno del PPVOX. Frente a una disyuntiva tal que así, queda una alternativa: la abstención. No soluciona nada, pero al menos te permite no hacer estupideces como votar con la nariz tapada y te posibilita ser fiel a ti mismo y no traicionar tus convicciones.
Y, recordemos, la abstención electoral no significa renunciar a nada. La política no acaba en los Parlamentos, la reciente y ejemplar por tantos motivos, huelga en Educación, nos lo demuestra.











































