La Veranda de Rafa Rius
Comenzaré por explicar dos cosas: a) No pertenezco al club de fans de Pedro Sánchez y nunca le he votado ni posiblemente le votaré. b) La estrategia de derribo implementada por el PP debería formar parte del estudio de la ciencia política en el apartado de “el maquiavelismo en el siglo XXI”.
El acoso y derribo al presidente, ha tenido varias fases. Comenzó desde el primer momento en que se firmó el pacto de coalición que le dio acceso al gobierno. En esa ocasión, el PP comprobó que, debido a sus propios errores, había perdido toda posibilidad de contar con sus aliados naturales de las derechas nacionalistas (PNV y Junts) y que, su alianza con la extrema derecha de Vox, no sólo no era suficiente para gobernar, sino que, dadas las barbaridades que había dicho de los nacionalistas, le restaba cualquier perspectiva de hacerlo en un futuro probable.
Así pues, habría que utilizar otros medios en el camino hacia Moncloa. Echaron mano de las pocas cabezas pensantes que le van quedando al PP, consultaron El Príncipe de Maquiavelo y se pusieron a ello. No podían contar con sus dos principales activos electorales, porque ni Feijoo ni Ayuso entrarían ni con calzador en lo de cabezas pensantes. Así que, con lo que tenían a mano, se pusieron a ello.
Primero buscaron en la segunda fila un equipo de mastines, expertos en el insulto y la descalificación gratuita, para que fueran calentando el ambiente. Tellado, Muñoz, Gamarra, junto a los viejos conocidos Semper, Álvarez de Toledo y Bendodo, más algunos fósiles como González Pons o Arenas, se pusieron a ello.
No proponían nuevos e ilusionantes planes sobre vivienda, sanidad, educación o servicios sociales; limitaban su actividad parlamentaria al delendum est Sánchez. Y no fueron directos a él para no estrellarse, diversificaron su ataque y adoptaron como divisa la propuesta de su gran gurú Aznar: Quien pueda hacer que haga; dicho y hecho: siguiendo el manual de Maquiavelo, empezaron por su entorno familiar más próximo: esposa, hermano y hasta el suegro fallecido. Sin abandonar este campo, después fueron a por su entorno político: sus dos últimos secretarios generales Ábalos y Cerdán, así como el fiscal general. Tras lo cual, elevaron el ángulo de tiro y fueron a por el exRodríguez Zapatero, que había conseguido cierto prestigio internacional por sus cualidades negociadoras. Y por fin, sólo quedaba Él, el odiado Perro Sánchez, la principal pieza a cobrar en su viaje ineludible hacia la Moncloa. Y en eso están.
Teniendo en cuenta el apoyo incondicional del IBEX35 y el puñado de familias granpropietarias de toda la vida, así como la estupidez más que probada de los votantes fascistas pobres, precarios tanto mental como económicamente, lo tienen al alcance de la mano.
Y no es que los socialistas sean inocentes; reos de su propia cobardía, al no haber sido capaces de implementar medidas efectivas propias de la izquierda como la abolición de la Ley Mordaza o la lucha por lo público en vivienda, sanidad o educación, entre la estupefacción y la impotencia, están asistiendo a su más que probable debacle por deméritos propios. Su ingenuidad y su exceso de confianza, los ha hecho incubar en su seno suficientes casos de corrupción y falta de ética como para dar munición de sobra a sus adversarios para conseguir llegar a la Moncloa en las próximas elecciones con un gobierno distópico y surreal que durará hasta que tengamos al fin un gobierno de Inteligencia Artificial (IA para los amigos).
¡Que el demonio nos pille bien dispuestos!











































