La Veranda de Rafa Rius
Decía el poeta Novalis que todo recuerdo es el presente. Una de las paradojas del tiempo es que lo percibimos a la vez fugaz y eterno. En un universo moralmente vacío, todo aquello que aparece como incontrovertible acaba resultando provisional y efímero. Estos tiempos de ahora mismo que en muchos momentos se antojan apocalípticos y armagedónicos, pasarán y se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia, que decía el replicante moribundo de Blade Runner. Y vendrán otros tiempos mejores y vendrán otros tiempos aún peores, hasta que todo tiempo se pare y desaparezca para cada una de nosotras.
Ahora, desde el poder pretenden implementar el anteproyecto de una Ley de Memoria Democrática –como si la memoria y la democracia se pudieran enjaular en una Ley- que posiblemente sirva de lo mismo que la primera del compañero Rodríguez Zapatero, es decir, de bien poco. Como no han sido capaces de llevar adelante la primera, pues van a hacer una segunda y una tercera y las que sea menester, para al menos dar vidilla a la comedia bufa y trágica del Parlamento. Entre tanto, en un contexto en que muchas personas menores de cuarenta años, oyen hablar de Franco como quien oye hablar de Viriato, las pocas personas que van quedando, que conservan el recuerdo de tantos familiares masacrados por el fascismo y enterrados en el vertedero de la Historia y todas aquellas otras que nos solidarizamos con ellas, seguiremos intentando que unos gobernantes que llevan indignamente el apelativo de socialistas, cumplan de una vez con su obligación de respeto hacia aquellas personas que lucharon y murieron por todas nosotras y tengan el coraje necesario para cumplir con sus propias leyes.
Además de luchar por dignificar una memoria que, como decía Novalis, sigue en nuestro presente, quizás lo más adecuado en estos días aciagos sería relativizar los aspectos más nefastos y los excesos catastrofistas que nos quieren vender como la única realidad posible y luchar, cada cual desde su barricada, no sólo por dignificar el recuerdo de un pasado que sigue estando presente, sino también por mejorar las condiciones de vida de aquellas personas que más lo necesitan ahora mismo y que han sido abandonadas y desterradas a las cunetas de un sistema inicuo. Seguramente sería bueno olvidarse de momento de la política institucional y de los políticos en las instituciones, para organizarse de manera autónoma y regresar a la política de las personas, del vecindario, del barrio, del pueblo, del lugar de trabajo…
Aquellas personas que nos explotan y sacan partido de nuestras flaquezas, pretenden que permanezcamos atónitas y perplejas, recluidas en nuestros laberintos personales, y como mucho, cuando toquen el silbato, salgamos a votarlas para que puedan seguir manteniendo la ficción de que Estado somos todas.
Entretanto, siguen aumentando las colas en los comedores sociales y los bancos de alimentos, siguen aumentando los desahucios, sigue aumentando imparable la cifra de desempleo, sigue aumentando el tráfico de cayucos hacia Canarias, crecen como setas venenosas los campos de concentración en Lesbos y Samos, los barcos de salvamento repletos de refugiados sin refugio, siguen a la deriva en el Mediterráneo sin que se les permita desembarcar…
Ingenuas serán aquellas personas responsables de la escabechina que busquen piedad u olvido.











































