La Veranda de Rafa Rius
“Los españoles primero” dice el más indigno y zafio de los eslóganes fascistas. Incluso bastantes patriotas de los que jamás se declararían fascistas, le ven cierta lógica al citado aserto. En cambio, aquellos que no creemos en Estados ni fronteras, jamás podremos concebir que se establezca un orden de prioridades en función de procedencias y pasaportes. La idea de que todas las personas, con independencia de geografías y geoestrategias, nacemos iguales en derechos y dignidad, es innegociable.
La solidaridad y la ayuda mutua debería ser practicada más allá de que los receptores sean españoles, bosnios, sirios o saharahuis. Es incuestionable que en el territorio del Estado español, las múltiples precariedades avanzan desmesuradamente, la brecha de desigualdad social cada día es más ancha y un cuarto de la población autóctona está en situación de pobreza severa, tan incuestionable como que ningún partido en el poder ha hecho nada hasta ahora por ponerle remedio a la situación. ¿Significa eso que debamos establecer prioridades a la hora de plantearnos qué hacer o por quién empezar? Me inclino a pensar que no. La única prioridad admisible sería la que se establezca en función de la urgencia y el grado de necesidad.
Especialmente preocupante es la situación en Catalunya. ¿Cuántos indigentes y precarios catalanes participan del proceso independentista? Las cuestiones identitarias pueden ser muy importantes para un buen número de personas, incluso la necesidad de crear un Estado Catalán independiente, pero en ningún caso, entelequias teóricas y formales acerca de que Estado preferimos que nos esclavice, pueden estar por encima de los gravísimos problemas sociales que afectan a tantas y tantas personas como habitan ese territorio. Después de varios lustros de saqueo de las arcas públicas por parte del partido que encabeza el desafío independentista, ahora, precisamente ahora, saca a pasear el fantasma de Guifré el Pilós y juega a envolverse en la senyera cuatribarrada. Y no vale venir con el cuento de que el Estado de la futura República Catalana sería el ámbito de Alicia en el País de las Maravillas donde todos los problemas sociales se solucionarían por arte de magia, porque el futuro es tan sufrido como impredecible y no hay ninguna certeza que avale tan aventuradas suposiciones.
Lo primero es lo primero y lo segundo va después. Y lo primero son sin duda las personas -vengan de donde vengan- y sus necesidades básicas. Cuando todas las gentes que habitan Catalunya -vengan de donde vengan- estén alimentadas y puedan combatir el frío del invierno, cuando todas tengan acceso a la salud, la enseñanza y los servicios sociales, cuando todas tengan una vivienda digna y la última chabola sea derribada, entonces podremos empezar a hablar de identidades.
Como dicen en Italia: “Primo mangiare, dopo filosofare”.








































