La Veranda de Rafa Rius
He vuelto a ver estos días una obra maestra que Ingmar Bergman rodó en 1977:. “El huevo de la serpiente”, una película histórica localizada en la Alemania de 1923, época de hiperinflación, cabarets y miseria en plena República de Weimar, tras perder la 1ª Guerra Mundial. Auténtica obra de arte perfectamente ambientada, dirigida e interpretada, imprescindible para entender no sólo el momento histórico en que se desarrolla la acción sino también otros bastante más cercanos a nosotros. Entresaquemos algunos diálogos:
-(El protagonista a una prostituta): “¡Vete al infierno!” y ella: “Ya estamos en él”
– “Temor, amenazas y rumores crecen como el vapor que sube de los adoquines”
-“Dentro de algunos años los de 10 tendrán 20, los de 15 tendrán 25. Llevarán encima el odio acumulado de sus padres, entonces alguien les hablará de grandeza y sacrificio…”
Ese alguien, como sabemos, se llamaba Adolf Hitler. Ese mismo año de 1923 había fracasado en un golpe de estado montado desde Munich. Diez años después subió al poder e instauró el III Reich: había descubierto que la democracia bien entendida era más útil para sus fines y que le resultaba mucho más sencillo ganar unas elecciones con discursos huecos para acabar haciendo lo que todos conocemos.
1923 fue también el año de la hiperinflación. Franceses y belgas ocuparon el Ruhr para asegurarse el cobro en materias primas de las indemnizaciones estipuladas en el Tratado de Versalles porque el marco no valía literalmente nada: un paquete de cigarrillos costaba 4 billones de marcos, el dólar cambiaba a 5 billones. Las tiendas estaban cerradas porque no había nada que vender. El desabastecimiento y el hambre se extendían por las ciudades en medio de una sociedad anestesiada por el desánimo, la apatía y la indiferencia. Todo ello con el telón de fondo de los alegres cabarets expresionistas en los que se escuchaba y bailaba el alegre jazz de New Orleans mientras en las calles las juventudes nazis campaban a sus anchas y apalizaban judíos y disidentes que no se acababan de creer las futuras glorias del III Reich prometido por Hitler.
Así las cosas y tal como nos dice el narrador de la película en una metáfora transparente: “A través de la delgada membrana del huevo se puede ver un reptil ya formado”
Y uztede vozotros ze direi: “¿Y a que viene esta glosa histórico-cinematográfica?”
Pues bien, a eso íbamos. Haciendo una extrapolación (que es una palabra que siempre queda muy aparente) desde la República de Weimar hasta aquí y ahora mismito, podemos observar curiosas similitudes y coincidencias. Por ejemplo: si salimos del euro, cosa en absoluto improbable en un futuro inmediato si el deterioro financiero continúa, el correlato más lógico sería una inflación galopante en la que la nueva piececita (peceta en català) valdría tanto como si estuviera hecha de recortes de periódico. Consecuentemente, el desabastecimiento y el hambre, que ya empieza a enseñar sus colmillos, comenzaría a propagarse por los páramos peninsulares. Se da el caso de que también ahora estamos perdiendo una guerra mundial que, si bien no se libra en las enfangadas trincheras del Norte de Francia, sus consecuencias son igualmente catastróficas y la indemnización a pagar inasumible. Como fondo de la acción, en lugar de cabarets y dixieland jazz, reality shows y 40 principales. Para acabar de completar el panorama, vemos cómo el desánimo, el temor y la paranoia reinan por doquier.
Y lo que todavía es peor: a través de la delgada membrana de eso que llamamos actualidad podemos ver la serpiente del fascismo presta a romper el huevo y adueñarse de nuestras vidas y nuestros sueños.
De nosotros, sólo de nosotros, depende que no llegue a nacer.









































