La Veranda de Rafa Rius
Y sin embargo, se mueve.. Cuando Galileo Galilei sostenía frente a la jauría de cardenales de una Iglesia inmovilista (vaya pleonasmo) que, se pusieran como se pusieran, era La Tierra la que se movía en torno al Sol, afirmaba obstinadamente la fuerza de la razón sobre la razón de la fuerza. Salvando las distancias y extrapolando que es gerundio, en la actualidad del territorio de eso que llaman España, la realidad de la lucha social a través de decenas y decenas de pequeños, diversos, pero significativos focos de acción, también se mueve y avanza lenta pero segura hacia objetivos de transformación social. Con todas sus contradicciones a cuestas, con exiguos avances y cuantiosos retrocesos, con sus dudas y titubeos… sin embargo, se mueven, siguen en la brecha.
En otro orden de cosas, después de un largo año en que la actividad política parecía sinónimo de actividad parlamentaria, después de un largo año repleto de toda suerte (es un decir) de campañas electorales, elecciones y postelecciones… estamos donde solíamos. Tal parece que vivamos instalados en un bucle espacio-temporal en el que nunca pasa nada realmente significativo. Después de múltiples variaciones sobre unos mismos temas, tras innumerables tertulias-gallinero, más allá de pactos y componendas, con las cuestiones electorales y parlamentarias como monotema obsesivo… los grandes asuntos, los que afectan de manera profunda la vida cotidiana de las personas, las precariedades más acuciantes, siguen sin resolverse. Y, sin embargo, contrariamente a lo que nos quieren hacer creer, más allá de los muros de los parlamentos sigue habiendo vida inteligente.
Aunque algunos enteraos los ignoren, ninguneen o desprecien, los centros sociales okupados, los ateneos, las cooperativas de producción y consumo, las radios libres, las plataformas antidesahucios, los grupos contra las cárceles y los CIE, las asociaciones de desempleados y precarios, ecologistas, antimilitaristas, feministas, LGTBQ … y un largo etcétera, siguen al pie de sus barricadas, trabajando el día a día, sin que las próximas elecciones les quiten el sueño –y mucho menos los sueños.
Pongamos un ejemplo. En una ciudad como Valencia en la que el paradigma festivo lo representan las fallas -mascarada anual en la que las falleras pintan poco menos que nada, reducidas a un papel de florero- escándalos mayúsculos como el producido porque unas mujeres -las Magas de Enero- hayan asumido un papel protagonista en una cabalgata, es altamente revelador. Muy a menudo, las grandes batallas se libran en ámbitos aparentemente menores. Hay quien piensa que denunciar a los soeces protestantes, escandalizados por ver a unas mujeres salirse del papel sumiso en que las habían confinado, es malgastar energías en conflictos de escasa relevancia y en los que hay mucho que perder y poco que ganar. Yo por el contrario pienso que frente al carácter aparentemente frívolo de la celebración, la lucha contra la misoginia y la homofobia es en todos los casos insoslayable.
Esas pequeñas batallas son manifiestamente extraparlamentarias, aunque algunos espabilaos intenten pescar en río revuelto y obtener rentabilidad electoral, no obstante, sería conveniente tomar en consideración que son batallas que se dan en la calle -ese espacio de socialización- y a la vista de todo el mundo. Posiblemente, algunas personas cargadas con el pesado fardo de la tradición, de las que contemplaron la inocente transgresión de los roles establecidos sin comprenderla demasiado bien, al llegar a su casa empezaron a darle vueltas al asunto. La cuestión es importante, porque quien comienza a pensar es difícil que deje de hacerlo y así, probablemente se aleje de la tentación de obsesionarse con estériles debates sobre campañas, parlamentos o elecciones como si fueran lo único importante en la realidad social que lo involucra y en cualquier caso, la contemplará con otra mirada.
Ya digo: poco a poco, gota a gota. Eppur si muove.








































