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Descomposición – Implosión

La Veranda de Rafa Rius

implosionAl hecho de que una masa crítica eclosione desde dentro y hacia dentro lo llamamos implosión. El actual sistema sociopolítico está sufriendo, según todos los indicios, una lenta, inacabable implosión. Se empeñan en llamarle corrupción, pero cuando el colapso se acerca pausado pero seguro, deja de ser coyuntural para convertirse en sistémico y todos -absolutamente todos- los partidos políticos que tocan poder tienen en sus filas innumerables ladrones de lo público; cuando el Partido “Popular” en el poder es un nido de garrapatas mal avenidas, siempre dispuestas a caer sobre el dinero de todos, con todos sus dirigentes colaborando por acción u omisión en el latrocinio, entonces, mucho me temo que el término corrupción se queda a todas luces corto. Accedemos a una nueva categoría ontológica en la que la relación con lo anterior es confusa y casi cualquier acontecimiento por extraño que parezca, entra dentro de lo posible.

Atónitos, alucinaos, inmersos en la vorágine de un presente difícilmente clasificable, carecemos del distanciamiento necesario para valorar adecuadamente lo que está pasando, pero en cualquier caso, la situación actual aun siendo en gran medida recurrente, presenta suficientes elementos diferenciadores de lo que hasta el momento habíamos soportado como para que podamos conjeturar que estamos entrando en un nuevo ámbito de lo político. Mientras el paro se enquista y el abismo de la desigualdad y la precariedad crece inexorablemente, mientras las cárceles continúan saturadas de robagallinas y vacías de empresarios y políticos corruptos, los partidos, como si no fuera con ellos la cosa, andan inmersos en una continua pelea a navajazos sutiles o descarados, tanto internos como externos. Entretanto, los medios de incomunicación se encuentran enredados en una inextricable maraña de intereses cruzados en la que en demasiadas ocasiones, nadie sabe exactamente donde está ni que trincheras toca en cada momento defender.

Es tal la ceremonia de la confusión, que podemos encontrar medios de la derecha más rancia dando palos inmisericordes a las corruptelas del Partido Popular a cuenta de la necesidad de una supuesta “regeneración democrática” mientras otros, propiedad de grandes conglomerados mediáticos, dan cancha a sectores más “progresistas”, siempre que les aseguren una adecuada rentabilidad publicitaria. No dan abasto. Cada día amanece con un nuevo mamoneo que supera todas las expectativas y tapa el del día anterior. La instrucción judicial de los casos más sonados, se prolonga durante años hasta conseguir que prescriban los principales delitos; el “yo no sabía, no me consta” se convierte en cínica letanía recurrente ante la estupefacción indignada del personal y entretanto las entidades políticas responsables del desaguisado hacen oídos sordos y se desmoronan poco a poco ante la mirada patidifusa de sus feligreses.

Entre los nuevos grupos que se lanzan a la arena política, la modernidad parece consistir en que la palabra “Partido” está proscrita: Eqüo, Ciudadanos, Equis, Podemos, Ganemos… En ellos las coordenadas para situarse en el espacio social han cambiado del eje horizontal (izquierda – derecha) al vertical (arriba – abajo) y, por supuesto, casi todos, desde los pequeños y medianos empresarios a los parados de larga duración se autoincluyen entre los de abajo.

Y como guinda del pastel, las nuevas formaciones que se pretendían alternativas y superadoras de todos los vicios de la casta de viejos partidos, después de vampirizar el caudal de indignación y esperanza procedente del 15M se han convertido en expertas consumadas en el “donde dije digo, digo Diego”, (donde dije impago de la deuda ilícita digo que según y como… etc.) Ahora, encantados de pasar bajo las horcas caudinas del Parlamento y aupados en las encuestas por una perfecta estrategia mediática y publicitaria, se apresuran a darse un baño de realismo, dejarse de veleidades asamblearias y dotarse de una estructura piramidal con su amado líder aclamado por 8 de cada 10 militantes para Secretario General y más que probable candidato electoral, como se ha hecho toda la vida… y a otra cosa, mariposa. El problema es que un porcentaje muy significativo de la población ya no está para más tomaduras de pelo como las de la época del primer Felipe González y está haciendo ahora su última apuesta -¡rien ne va plus! ¡Todo a Podemos! – Y si Podemos dilapida -como lleva todas las trazas de hacer- el caudal de ilusión y adhesión que la gente está poniendo en ellos, las consecuencias pueden devenir imprevisibles.

Con un panorama tal que así, y con un futuro más incierto y turbio que de costumbre, se nos abre un abanico de posibilidades más amplio de lo habitual. Ojalá que la implosión sorda que devasta nuestro sistema dé paso a un caos que nos permita vislumbrar horizontes más abiertos y sugerentes.

Quizás no estaría de más recordar que los agujeros negros nacieron probablemente de una implosión de estrellas.

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Un Comentario

  • Es grotesco esto de la corrupción.

    El mismo nombre es casi un eufemismo: «CORRUPCIÓN».

    Casi se podría decir que «corrupción» alude a algo religioso, intangible, nebuloso, opinable, indefinible…, según (CLARO ESTÁ) nos lo quieren presentar esos terroristas o banalizadores del terrorismo económico-social-humanista-etc.

    Bueno, en fin. Resulta que «CORRUPCIÓN», de lo que se habla como «CORRUPCIÓN», no es ni más ni menos que crimen contra la humanidad, puesto que se trata de crímenes cometidos (por regla general) con abuso de autoridad, abuso de confianza y un largo etcétera más de gravísimos agravantes de estos torturadores, terroristas o como se les quiera denominar.

    De igual manera que no puede existir UNA DEMOCRACIA SIN DEMÓCRATAS (o con muy poquitos, etc.), tampoco puede existir UNA SOCIEDAD SIN CORRUPCIÓN PLAGADA DE CORRUPTOS POR ACTIVA Y/O PASIVA.

    SALUD, ¿Y TÚ PREGUNTAS QUÉ ES CORRUPCIÓN?

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