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Debate sobre el estado de la estupidez

La Veranda de Rafa Rius

veranda14¿Qué tal el estado de la estupidez? Inmejorable, Gracias. Todos los años, cuando se aproxima la primavera y empezamos a intuir que el desapacible invierno quedó atrás, los primeros espadas de nuestro ruedo parlamentario afilan sus armas para lidiar como cada año su peculiar charlotada. A esa pantomima de mal teatro que escenifican anualmente como una renovada maldición, le endosan el pomposo nombre de “Debate sobre el estado de la Nación”. A lo largo de dos interminables sesiones se afanan en demostrarnos la inanidad de su discurso, con sus dimes y diretes, sus chistes malos y sus penosas chirigotas, sus tremebundas descalificaciones y sus insultos de guardarropía… Mientras la vida real, aquella que afecta a las personas de carne y hueso, con todos sus problemas cotidianos, con sus pocas alegrías y sus muchas tristezas, esa discurre a años luz de la Carrera de San Jerónimo.

Con la pesada carga de tener que justificar su función y sus inflados salarios, sus señorías tratan de hacernos creer que están ahí para algo, como si no supiéramos que para cuando ellos van a ocupar su escaño, el pescado ya hace tiempo que está todo vendido. Da lo mismo, ellos tienen que representar su aburrido sainete anual del “¡y tú más!” porque se supone que para eso les pagan. Resulta todo tan previsible que se podría hacer la crónica del desastre anunciado antes de que se produjera. O reproducir la del año anterior; tanto daría. Todos están en su papel, nadie se sale del guión preestablecido ni un ápice, a nadie se le ocurre introducir una “morcilla” que aligere un tanto el trámite. La más mínima sorpresa está excluida del menú. Estoy por creer que se intercambian previamente los papeles de sus intervenciones para no dar lugar al más mínimo sobresalto en el hemiciclo. Como en los shows de telerealidad, los aplausos y abucheos están pactados y el regidor de cada partido se encarga de controlarlos (a veces sobreactúa y aparece en pantalla iniciando o cortando las adhesiones inquebrantables) Ni que decir tiene que los mass media en todos sus soportes, fieles a su misión de correveidiles de sus amos respectivos, se hacen cumplido eco de la efeméride y dan pormenorizada cuenta de lo sucedido hasta en lo más nimio y anecdótico, y se afanan en poner de relieve la importancia de lo que algunos amigos de la hipérbole se atreven a llamar “fiesta de la democracia”.

Si esto es así año tras año, en el actual, tan repleto de las más variadas contiendas electorales, cobra especial relevancia. Todos se obstinan en vender su burra al precio que sea y no se privan de aprovechar tan lucido escaparate, para sacar a relucir sus mejores galas y sus más descabelladas promesas con tal de seducir a un electorado que, como novedad, parece que está despertando de su sopor binario y haciendo que su voto adquiera tal grado de imprevisibilidad, que los partidos están empezando a ponerse nerviosos, temiendo que sus fieles incondicionales puedan irse a otras formaciones que luzcan una bisutería más novedosa o, lo que es peor, que pasen a engrosar las filas de la abstención.

Según puede verse en un vídeo que recoge el periódico La Marea, el tostonazo debía resultar hasta tal punto insoportable que la vicepresidenta 1ª del Congreso Celia Villalobos fue sorprendida jugando en su tablet al Candy Crush -complejo juego para adultos consistente en alinear tres caramelos del mismo color- mientras su amado líder Mariano, balbuceaba su inacabable intervención. El hecho ha sido objeto de abundantes mofas y comentarios críticos. Pues bien, por una vez voy a alzar mi humilde voz en defensa de nuestra injustamente vilipendiada vicepresidenta: semejante sobredosis de aburrimiento solo puede soportarse mediante el opio o el candy crush.

O mejor aún: pasando olímpicamente de un tema tan estúpido como estéril y dedicándose o otras ocupaciones más útiles y placenteras.

\ Segueix-nos/

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Un Comentario

  • El Esperpendo Valleinclanesco (Ramón María del Valle-Inclán) se repite una y otra vez, una y otra vez y vuelta a repetirse. Siempre, EVIDENTEMENTE, a cargo de la «ciudadanía».

    Chorizos, maltratadores sociales y de otros tipos, corruptores-corruptos, cínicos, hipócritas, trepas, mangantes, troleros, saqueadores, represores, estafadores, etc.

    En fin, vuelta a empezar, una y otra vez.

    SALUD.

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