La Veranda de Rafa Rius
Cagan y mean por la borda. Por la borda vomitan la poca bilis que queda en sus estómagos devastados mientras deliran pensando en un pedazo de pan y un buchito de agua fresca que alivie sus gargantas de papel de lija. Sus manos exhaustas se aferran a cualquier cosa. Sus miradas abismadas se pierden en un horizonte sin horizontes. Su memoria desolada desgrana ausencias irrecuperables. Mientras, un mar indiferente les permite flotar a la deriva y los acoge en su seno, a menudo para siempre.
Traen hasta nosotros aromas de lejanías. Vienen de Siria, Libia, Líbano, Afganistán, Kurdistán, Etiopía, Sudán, Egipto, Marruecos, Malí, Chad, Níger, Guinea, Gambia, Senegal… son homosexuales perseguidos hasta la muerte en Nigeria y Uganda, rohingyas acosados en Bangladesh y Myanmar por su islamismo, chiítas que huyen de las masacres suníes en sus mezquitas de Pakistán y Yemen…
Entretanto, Italia se ve desbordada por la llegada de más de 50 000 refugiados en los últimos cinco meses al tiempo que, los “grandes” de la UE (Francia, Alemania, Reino Unido) andan discutiendo sobre el sexo de los ángeles y si las cuotas que “les han tocado” son excesivas, mientras aquí, nuestro inefable ministro Fernández alega que ya tenemos bastante con Tarifa, Ceuta y Melilla… en demasiadas ocasiones produce verdadera vergüenza el hecho de pertenecer a la especie humana; multitud de especies animales son mucho más generosas y solidarias con sus congéneres que la nuestra.
No importa, nada importan las palabras. La desesperación más absoluta seguirá haciendo que cada vez más personas continúen echándose a la mar con un destino harto incierto y complicado pero del que al parecer conjeturan que en ningún caso será peor que el que han dejado atrás.
Allá quedan sus vidas cotidianas, sus afectos, sus recuerdos, sus proyectos… son la imagen del desarraigo más absoluto; nada llevan consigo, ni una triste maleta porque no cabe en la cáscara de nuez que los transporta, nada que puedan conservar como talismán o fetiche de la vida que pudo haber sido y no fue, sólo sus harapos húmedos como única compañía. Y aún así, no son “masa” son personas, individuos con sus pequeñas y grandes microhistorias a sus espaldas; merecedores, no de nuestra caridad sino de nuestra solidaridad y nuestro respeto.
Que los políticos (elegidos por nosotros) se dediquen a ningunearlos y a no tratarlos con la consideración debida a su dignidad, no nos exime de nuestra responsabilidad. Como mínimo, hagamos examen de conciencia y veamos qué podemos hacer cada uno de nosotros al respecto. Quizás no sea necesario que vayamos a Lampedusa, los CIE están mucho más cerca.
Ya digo, cuestión de dignidad.









































Un Comentario
Muy conmovedoras sus palabras,l Sr Rius,le hacen a uno reflexionar del comportamiento humano,el egoísmo y la falta de solidaridad ante nuestros semejantes.Que sufren y padecen como nosotros y el color de su sangre es tambien rojo.Hablar de Responsabilidad,Dignidad y de Examen de conciencia ..son palabras muy grandes y que mconmueven profundamente.