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Breves apuntes de zoología descriptiva: El cerdo/a ibérico/a

La Veranda de Rafa Rius

El cerdo/a ibérico/a, como su nombre indica, es una especie endémica de la Península Ibérica, aunque también podemos encontrar parientes cercanos en muchos otros puntos del planeta. Su hábitat se halla extendido a todo lo largo y ancho del territorio. Sus huellas son más llamativas y fácilmente observables en el medio rural aunque tampoco descarta dejar constancia de su presencia en el entorno urbano, del que además suele proceder en la mayoría de las ocasiones.

Suele ser gregario: se desplaza habitualmente en grupo, preferentemente familiar. Su medio de transporte es casi siempre el coche, que además sirve para detectar su presencia, pues no acostumbra a alejarse de él más de unos pocos metros. En caso de ir algo más lejos, es fácilmente reconocible por su nerviosismo, sus movimientos compulsivos, su mirada huidiza y sus continuos vistazos al vehículo abandonado.

Su comportamiento en el hábitat rural y en el urbano suele presentar características diferenciadas. En la ciudad se le suele reconocer por su afición a escupir en las aceras, a regar de colillas los jardines, a despreciar olímpicamente las papeleras, a permitir que su perro cague por doquier, a hablar a grandes voces aunque tenga las orejas de sus contertulios a un palmo de su boca, a colarse siempre que puede, a dejar su basura al lado de los contenedores y no dentro, a utilizar sus aparatos de sonido, en casa o en el coche, a la máxima potencia… en el campo su comportamiento suele ser más sedentario por su ya comentada aversión a separarse de su coche, pero aún así, se le distingue por su costumbre de hacer fuego en los sitios menos apropiados, por abandonar las bolsas de desperdicios in situ, por cagar y dejarse los periódicos utilizados para limpiarse sobre el terreno, por sintonizar el carrusel deportivo o los cuarenta principales como si no hubiera nadie más en el mundo, por romper las botellas vacías y dejar los cristales al sol, por hollar con sus patas donde se les ocurre y destrozar las matas de tomillo y romero al arrancarlas de cuajo para la paella o el gazpacho, por liarse a pegar tiros con su reluciente escopeta a todo lo que se mueva…

Son aficionados a concentrarse en grandes eventos masivos: procesiones, Fórmula 1, Noche de S. Juan… tras los cuales tienen a gala no recoger nada de lo que han tirado y dejar el lugar convertido en un repugnante estercolero.

Tanto en el hábitat rural como en el urbano es conocida su querencia por frases del tipo: “Yo lo tengo muy claro… Ese no es mi problema… Al que le pique que se rasque… Algo habrá hecho ese… Ya s’apañará… El que no quiera polvo que no vaya a la era… los emigrantes vienen aquí a quitarnos el trabajo y encima les dan todas las ayudas… Eso lo arreglaba yo con cuatro hostias a tiempo… La policía los detiene y al rato el juez ya los ha dejao en la calle… Yo no soy racista, pero… Yo en política no me meto, aunque… Eso de estudiar no sirve pá ná, lo que hay que hacer es ganar dinero…”

Conocen de memoria las alineaciones de todos los equipos de fútbol, saben cuales han sido los ganadores de todos los premios de fórmula uno y como se llama el último novio de la pantoja, pero, fuera de eso, ignoran por completo el mundo que existe más allá de su gueto mental.

Cuando llega la hora de votar en cualquier tipo de elecciones, lo hacen fervorosos y convencidos, eso sí, sin tener ni idea de un solo punto del programa de su partido.

Suelen ser católicos no practicantes, es decir, no van a misa y la idea de dios se la trae al fresco, pero no dejan nunca de pasar por la iglesia (por lo general se quedan en la puerta) con ocasión de bautizos, comuniones, bodas y entierros, sin preguntarse jamás por qué o para qué lo hacen. En cualquier caso, si les hablas de manera inadecuada de su virgen preferida, son capaces de hacerte pedazos.

Desconocen el significado de la palabra solidaridad: les resulta demasiado larga y se enredan al pronunciarla. Viven en estado de permanente ignorancia voluntaria. Nunca leen, nunca escuchan: se limitan a repetir como loros lo que oyen, pero creen saber de todo y de todo opinan.

Es una especie predadora dotada de una gran agresividad y los virus de los que son portadores y a los que ellos están inmunizados, resultan letales para los demás. Sus ejemplares se encuentran en todos los estratos socioeconómicos, desde las altas finanzas y las clases medias pequeñoburguesas a los obreros en paro y el común denominador que los identifica es la estupidez, una estupidez contra la que, como es bien sabido, es muy difícil vacunarse.

Mucha gente con la que he hablado acerca del cerdo ibérico opina que, al fin y al cabo, es una especie en peligro de extinción y habría que protegerla. Yo, por el contrario, pienso que es una categoría zoológica en clara expansión: es el tipo de alimaña mejor adaptada al medio social en que vivimos y la que mejor conviene a los intereses de los que manejan los hilos del tinglao.

Cualquier cambio a mejor en el contexto social pasa necesariamente por su desaparición.

El único consuelo que nos queda es que, si no ponemos remedio a tiempo, acabaremos siendo como ellos.

\ Segueix-nos/

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