La Veranda de Rafa Rius
Érase una vez un numeroso grupo de gente muy indignada con lo que estaba pasando. Muy cabreada con la estafa descarada de los de siempre a los de siempre, que sirvió para aumentar de forma inusitada los beneficios de unos cuantos y que encima pretendían vendernos como crisis coyuntural del sistema. Érase una vez un reducido grupo de pescadores en río revuelto que, profundamente convencidos de que “El cielo no se toma por consenso sino por asalto” *, se lanzaron a la conquista de las instituciones, parasitando la ola de exasperación popular contra los causantes del estropicio.
Esos osados pescadores estaban empeñados en forzar “Un proceso constituyente para abrir el candado del 78 y poder discutir de todo”. Esos intrépidos exploradores llenos de ímpetus oníricos (“Podemos soñar, podemos vencer”), émulos del Caballero de la Triste Figura (“Hacen falta Quijotes”) estaban dispuestos a asumir un papel heroico (“Nos toca ser protagonistas de nuestra historia”) y representarlo solos ante el peligro (“No cederemos al chantaje, no somos la tabla de salvación de nadie”). Para ello estaban dispuestos a “Apelar a una mayoría social para ocupar la centralidad del tablero”, centralidad que ellos concebían como «valores dominantes percibidos como neutros y normales, incluso no ideológicos» y, a partir de ahí, “votar para cambiar el sistema, el sistema tiene que estar hondamente preocupado”.
¡Acabáramos!, ya vamos entendiendo algo: en el fondo se trataba simplemente de convencernos de que para cambiar el sistema había que votar(los) porque ellos desde dentro, ya lo irían cambiando.
Para lograr sus objetivos, diseñaron toda una complicada e ilusionante estrategia de poder popular que se plasmó en la creación de los círculos. Es bien sabido que los círculos son estructuras geométricas bidimensionales y por tanto horizontales, delimitadas por una circunferencia cuyos puntos equidistan del centro. Incluso adoptaron esos círculos como logo. Como metáfora no estaba nada mal. Y así, comenzaron a surgir círculos por doquier, como espárragos tras la lluvia. Se constituyeron en distintos ámbitos territoriales y profesionales a todo lo largo y ancho del Estado y comenzaron a debatir apasionadamente sobre todos los acuciantes problemas que nos llevan a maltraer. Entre tanto, se había ido conformando una dirección política sólidamente anclada en una estructura piramidal cuyo vértice -por aquello de la centralidad- estaba en Madrid.
No obstante, una cosa son las metáforas y otra bien distinta la dura realidad. El problema que se presentaba era de logística: ¿Cómo hacer llegar desde la base de la pirámide hasta el vértice de la capital del Reino las deliberaciones y las tomas de postura consensuadas por los numerosos círculos “de provincias” para que fueran tomadas en consideración? y, en cualquier caso, ¿A quién le importaban un pimiento los círculos, convertidos en una rémora del poder ejecutivo del partido? La solución era previsible: conservar los círculos como referente retórico de la horizontalidad en el imaginario colectivo y crear una suerte de comité central y centralizado, con uno de los padres del invento como sumo sacerdote, que se dedicara en la práctica cotidiana a cortar el bacalao.
El conflicto ha surgido cuando el amado líder, dotado de un ego levemente hipertrofiado, ha asumido en exceso su papel y ha devenido en un César incuestionado e incuestionable, con comportamientos y decisiones que se compadecen difícilmente con el carácter horizontal y asambleario de la organización.
Así las cosas, ya han comenzado las disensiones internas y la previsible desbandada. Entre tanto, con los círculos atónitos y dispersos y en el contexto de una situación política parlamentaria tan insólita y sainetesca como imprevisible, el futuro inmediato se presenta complicado
Así que, hartas de ver asomar la patita autoritaria del César, pertrechado con insólitos aliados («Ahora mismo Bergoglio y yo (¿?) estamos en la misma barricada»), sólidamente asentado en el vértice de la pirámide, muchas de nosotras, aquí andamos, a la orilla del camino, entonando la balada de los sueños rotos mientras esperamos la llegada del próximo vendedor de humo que, como Godot, hoy no vendrá pero es posible que mañana, sí.
*Todos los entrecomillados son citas literales.









































3 Comentarios
I tu que fas?. Escriure sobre ells?. I jo que faig?. Llegir-te?. I ells que fan?. Mirar la tele?.
I tots nosaltres que fem?, molt menys del que podriem, segurament. Reflexionar sobre les coses és tan sols el primer pas. Després ve la impotència.
Estimat Nonot. La impotència és cura amb Viagra. Reflexió i acció…directa!.