La Veranda de Rafa Rius
Marc Augé acuñó el concepto «no-lugar» para referirse a los lugares de transitoriedad que no puede ser considerados como «lugares». Son lugares antropológicos históricos o vitales, unos espacios en los que nos relacionamos. Hasta ahora, un no lugar se consideraba: una autopista, una habitación de hotel, un aeropuerto o un supermercado… Ahora, como consecuencia de la DANA que ha asolado las comarcas de L’Horta Sud i La Ribera de València, cabría plantearse el darle otra dimensión al concepto de “no lugar”.
A partir de la pésima gestión que se ha hecho de la catástrofe por parte de las autoridades competentes, ha aparecido un territorio al que podríamos considerar como una nueva forma de no lugar; un espacio devastado en el que se han interrumpido las relaciones humanas habituales para crear otras nuevas y diferentes. Entre las nuevas formas de relación, habría que destacar las de solidaridad y apoyo mutuo. Entre los miles de personas procedentes de diversos puntos, algunos muy alejados, incluso más allá de las fronteras estatales y los habitantes damnificados, se han establecido nuevas formas de relación humana de empatía activa, totalmente opuestas al aislamiento y el solipsismo al que nos tienen acostumbrados y que intentan fomentar desde el poder para imponer su control. Todo ello en medio de un no lugar enormemente difícil de transitar y habitar. La calle, un no lugar inhóspito y devastado, un ámbito colonizado por el barro y la basura, ha sido el escenario de esa solidaridad.
Tal como ha quedado este espacio desolado y arruinado, carece de una configuración de los espacios públicos y privados; ha quedado desprovisto de todos los elementos relacionales que lo caracterizaban, tales como bibliotecas, centros culturales, asociaciones, terrenos deportivos, bares, comercios de proximidad… Es un espacio circunstancial, pero sin que ese carácter circunstancial tenga un final a plazo fijo; de hecho, ni siquiera se sabe si muchos de esos elementos relacionales se podrán recuperar; definido por el pasar de individuos y su flujo continuo y cotidiano, ha perdido su aportación a la identidad colectiva porque no será fácil recuperar las peculiaridades de su idiosincrasia. Y en ese territorio trágico, se han perdido incluso hasta los aspectos más burocráticos constitutivos de la identidad, como el D.N.I y todo tipo de tarjetas, incluida la tarjeta de crédito…
La sociedad capitalista y por tanto de mercado, ha desarrollado en Occidente un código cultural de consumo basado en la movilidad, en la facilidad de desplazamiento a grandes supermercados y enormes áreas comerciales, una vez fagocitada buena parte de los pequeños comercios de proximidad.
La seguridad, la comunicación y la movilidad son los elementos que definen su cotidianeidad en lo social. La paradoja de la movilidad radica en su fragilidad. En estos momentos, con un transporte público gravemente afectado y un transporte privado devastado, la movilidad se ve reducida a lo que se pueda alcanzar caminando.
Por otra parte, el éxito de la gestión política, no sólo consiste en prevenir la catástrofe, sino en garantizar los elementos para una correcta investigación sobre sus causas que permita configurar un espacio público futuro con más garantías de habitabilidad en cualquier circunstancia castillo hinchable grande. En ese sentido, la actual tragedia ha propiciado un cruce de caminos en las relaciones humanas implicadas en él y hasta en las que no lo han estado tanto.
Este cruce de caminos, puede suponer, a partir de ahora, un cambio en los hábitos de convivencia y consumo, hasta el punto de que el centro comercial deje en parte de ser el lugar donde los adolescentes se reúnen con el fin de comprar algo, socializar, reunirse con amigos y divertirse, sino que se redescubra el barrio como ámbito de convivencia y socialización. El que durante estos aciagos días hayan descubierto con su denodado esfuerzo, las calles como un espacio común donde practicar la solidaridad y el apoyo mutuo, puede ayudar a ello.
Otro ejemplo de no lugar actual sería la Gaza devastada, con características diferentes en muchos aspectos, pero con bastantes rasgos comunes. Del no lugar Gaza hablaremos en otro momento, cuando la masacre acabe.










































