La Veranda de Rafa Rius
Lo banal y lo terrible comparten los mismos tiempos y a veces hasta los mismos espacios. En cualquier caso, nosotros, felices habitantes de una sociedad adormecida, sedada, tal parece que estemos vacunados contra el horror ajeno. Y no hace falta navegar el Mediterráneo y llegarse hasta Melilla, Lampedusa, Siria, Gaza… porque junto a nuestro hogar dulce hogar, convivimos con devastadoras precariedades que eliminan cualquier posibilidad de una vida digna para las personas que las soportan. Tal parece que la palabra solidaridad haya desaparecido de nuestros diccionarios. Somos capaces de cenar tranquilamente mientras contemplamos en la tele imágenes de hambrunas, ejecuciones y cadáveres devastados. Nuestro notable grado de indiferencia y aceptación resignada de lo que hay no nos deja ir más allá de lo políticamente correcto: ¡Ay, Qué tragedia lo de Gaza!
“El ejército islámico ha degollado un periodista ante las cámaras”. Comentario: “-¡Tú te crees que hay derecho, no había otro momento… no se les ocurre otra cosa que poner esas imágenes a la hora de la cena!”! Lo trágico no es la barbarie de la ejecución sino el mal gusto y el atrevimiento de perturbar nuestra digestión satisfecha.
Incluso en ocasiones, el dolor de los otros -mezquinos como tantas veces somos- nos sirve para comparar situaciones y congratularnos de que, a pesar de nuestras muchas miserias, al fin y al cabo nosotros no estemos tan mal. Llegados a este punto, quizás sería pertinente recordar el poema de Bertolt Brecht: “Vinieron a por los judíos, pero, como yo no era judío…( ) luego vinieron a por mí, pero ya era demasiado tarde…”
En cualquier caso, habría que reiterar que la codicia depredadora del capitalismo salvaje, no conoce otra lógica que la de su propia locura, ni se detiene ante nada, ni respeta ningún tipo de pacto o statu quo establecido. Practica una suerte de metaética amoral, según la cual todo vale si devenga beneficios y aquel que se oponga a sus designios predadores es su enemigo; a partir de ahí que cada cual se prepare, porque a todo cerdo le llega su sanmartín. Con estas premisas de partida, se establece un tipo de lógica incontestable: si hay que vender armas, hay que provocar situaciones de guerra en las que podamos colocárselas a unos, a otros… y hasta a las “fuerzas de pacificación” que suelen enviar en estos casos.
– ¿Oiga, oiga, y la gente no va a reaccionar airada ante tanta masacre inexplicable?
– No se preocupe, metemos un telediario con mucho deporte, entre un concurso millonario y una teleserie de éxito y ni se enteran.
Ya digo:
¡Ciénagas de espanto! Y café con leche al atardecer…









































Un Comentario
«»» Lo trágico no es la barbarie de la ejecución sino el mal gusto y el atrevimiento de perturbar nuestra digestión satisfecha.»»» A nadie le gusta eso de que le perturben su digestión satisfecha.
Hay mucho de eso que se llama «indefensión aprendida»; muchas personas ya se vuelven sumisas y se someten al sistema, es decir, AL CAPITALISMO-TERRORISMO-MILITARISMO-USURPACIÓN-GENOCIDIO.
Muchas personas también son puramente egoístas, individualistas, depredadoras, etc.
Otras personas ya pasan de todo absolutamente, generalmente porque no creen en ningún ideal, objetivo, etc. y también porque se autoconvencen de que son unos perfectos don nadies, es decir, más «indefensión aprendida».
También hay mucho analfabetismo social, etc.
Sea como sea, lo cierto es que la situación es de derrotismo, entreguismo, etc.