La Veranda de Rafa Rius
Hay victorias que saben a derrota -ya lo dijo Pirro en su triunfo sobre los romanos- y Núñez Feijóo lo viene comprobando desde que ganó unas elecciones perdidas. Por eso, desde la misma noche electoral, se empeñó en repetir la obviedad de que había ganado. Se olvidó de añadir que no le servía de nada.
Lo de la actual sesión de investidura, de la que ya conocemos el más que previsible resultado, más que investir, parece desvestir todas las vergüenzas parlamentarias, especialmente las del PP, anfitrión de esta fiesta de la democracia en la que su candidato, convencido de la inutilidad de su afán y como ya nos temíamos, no ha presentado ningún programa de propuestas de actuación futura y casi exclusivamente se ha dedicado a hacer oposición a un gobierno en funciones, hasta resultar en algunos momentos patético: yo no soy presidente del Gobierno porque no quiero. Me recordaba el viejo chiste de aquel chulo que iba en autobús y al que un frenazo inesperado echaba al suelo y que tras levantarse muy digno decía: –¡Ojito! Que yo no me caigo, que yo me tiro. Pues Núñez Feijóo, en el mismo tono, afirmaba no era presidente porque no quería, que si hubiera querido… Ignorando deliberadamente que si compraba algunos votos nacionalistas sería a costa de perder los 33 de Vox, con lo cual, emprendería un viaje de ninguna parte a ningún lugar. Ya digo: patético.
Mientras lo escuchaba, me venía a la cabeza el conocido poema If de Rudyard Kipling: Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso y tratar a los dos impostores de la misma manera…
Y otra vez, por si no estaba suficientemente claro, el PP, una vez escogida la opción de escorarse hacia la derecha más extrema, se ha quedado más sólo que la una, hasta el punto de que a partir de ahora, podríamos decir como alusión retórica: “te has quedado más sólo que el PP en el Parlamento”, en fin, ellos sabrán, porque lo que sí que parece incuestionable es que, gracias a la extrema derecha franquista, han teñido el mapa autonómico y municipal de azul. Vaya lo uno por lo otro. Han ganado así la pedrea pero han perdido el premio gordo.
Respecto a la tan debatida cuestión del transfuguismo que tanto ha dado que hablar y sobre la que tanta tinta se ha derramado y tantas conjeturas se han hecho en balde, si se hubiera producido de nuevo a nivel nacional lo que antaño el PP hizo en Madrid, eso sí que hubiera sido romper España, porque esto que llaman democracia, no sé si lo hubiera resistido. Hasta las más innobles formas de mercadeo político tienen sus límites.
Así que, una vez superada lo que se ha dado en llamar investidura fake, una vez retirados Núñez Feijóo y sus huestes a sus campamentos de la oposición desde donde seguir hostigando al maldito sanchismo traidor, ahora, la mejor baza de Pedro Sánchez ha sido y es la discreción. Mientras todo el mundo opina sobre la amnistía y la autodeterminación, mientras deja que sus aliados parlamentarios hablen de Escocia y Quebec, para demostrar que no sólo no se han roto tras la votación, sino que los independentistas han perdido el referéndum de autodeterminación en ambos enclaves, él guarda silencio y dará a conocer su propuesta cuando más le convenga.
Y si, al final la tragicomedia investidora fracasa de nuevo, ¡A qué preocuparse! Nuestro idolatrado monarca, convocará unas nuevas elecciones y podremos disfrutar de una nueva campaña electoral en la que conseguiremos deleitarnos con nuevas y estimulantes propuestas jamás oídas, tras lo que depositaremos sumisos nuestra papeleta en las venerables urnas para repetir una vez más la sagrada ceremonia. Ya digo: una ciclicidad irreductible: El eterno retorno que postulaba Nietzsche.
Decía Albert Einstein: Si quieres obtener un resultado diferente, no repitas siempre lo mismo.











































