¡Estamos creciendo!

“Toda nuestra producción es un contrasentido.

Al negocio no le interesan las necesidades de la sociedad, sólo trata de aumentar las ganancias del negociante. Por eso, la industria fluctúa constantemente y está en una crisis crónica.”

Kropotkin 

Érase una vez… Eso que llaman macroeconomía no es más que un relato legendario o si se prefiere, un cuento de hadas desconectado de lo real cotidiano porque ¿Macroeconomía? nadie vio jamás a tan importante señora. Por el contrario, la microeconomía de las personas, la única concreta y cotidiana, es eso: micro, insignificante. Por mucho que los políticos de turno la utilicen de continuo para rentabilizarla electoralmente con su retórica huera, la  vida digna de las personas, les trae sin cuidado. Si no fuera así, no degradarían las condiciones de explotación de las personas trabajadoras y precarias con continuas medidas que ahondan cada vez más el abismo existente entre los poseedores y los desposeídos. Lo único importante para la macroeconomía es crecer y aumentar exponencialmente sus cifras de negocio a costa de lo que sea y de quien sea. Si esa loca carrera hacia ninguna parte, provoca la desaparición de la especie humana sobre el planeta, no importa, para entonces sus verdugos ya estarán muertos o cómodamente instalados en el espacio exterior o en algún planeta vecino.

En un contexto tal que así, para nuestro sistema capitalista y por tanto de mercado, las denominadas crisis son tan recurrentes e intrínsecas a su esencia que – como nos recordaba Kropotkin hace más de un siglo- devienen necesariamente crónicas;  y no son desafortunados accidentes con los que tropezamos en el camino de un progreso sin fin, sino, muy al contrario, están inscritas en el ADN del sistema y constituyen la forma  más adecuada de maximizar beneficios.

¡Estamos creciendo! Hay que crecer por encima de cualquier otra consideración; y para crecer hay que consumir como sea y lo que sea, no importa si lo consumido es innecesario o banal: hay que comprar para crecer – jalouin, blacfraidei, papanoel, los reyesmagosdeoriente, las fabulosas rebajas de enero o cualquier otra estafa que vayan inventando. En este estado de cosas, planteamientos como el de algunos locos que cheap breitling replica hablan de decrecimiento como única salida posible frente a tanto despropósito, son tomados como inútiles y peligrosas extravagancias que, de manera absurda, demandan frugalidad en medio del banquete.

No importa si los salarios o las pensiones suben muy por debajo de la inflación y el IPC, los expertos en marketing ya encontrarán la manera de que sigamos consumiendo por encima de nuestras posibilidades y en último extremo hay que confiar en que el sistema encontrará la manera de no colapsar. Hasta ahora siempre ha venido siendo así y en cualquier caso, si hay un verdadero desastre, a qué preocuparse si los perjudicados serán los de costumbre.

Ahora que nuestro inefable Presidente del Gobierno nos asegura a diario que estamos creciendo imparablemente y saliendo con fuerza inusitada de la crisis económica provocada por la pandemia; que en cuanto lleguen los prometidos y hasta ahora nunca recibidos fondos europeos, España será Wonderland y ataremos los perros con longanizas, ¿A qué preocuparse? ¿Qué importa que los precios de los alimentos, la luz, el gas o los combustibles continúen su ascenso imparable? ¿Qué importa que las colas del hambre sean cada vez más largas? ¿Qué importa que cada vez más personas afronten un duro invierno sin tener con qué calentarse? ¿Qué importa si la precariedad laboral y los índices de desempleo continúan en unos límites difícilmente soportables? ¿Qué importa que los grupos fascistas impongan cada vez más su miserable visión del mundo?

Un año más, el solsticio de invierno llenará nuestras calles de luces y despilfarro y los que se creen nuestros amos seguirán intentando convencernos de que vivimos en el mejor de los mundos posibles.

Nosotros no sé, pero ellos, sin duda.

¡Que no decaiga!

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