Où sont les neiges d’antan?

La Veranda de Rafa Rius

¿Dónde están las nieves de antaño que recordaba Villon? ¿Dónde el esplendor en la hierba y la gloria en las flores que evocaba la nostalgia de Wordsworth?

Ahora que se acerca el décimo aniversario del 15M acudían a mi cabeza estos versos a propósito del abandono de la Vicepresidencia del Gobierno por parte de Pablo Iglesias y su huida en dirección a la candidatura a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

Lo que en el estallido social del 15M fue un soplo de aire fresco de virtualidades libertarias en la viciada atmósfera de la política española de aquel momento, se desinfló pronto debido a diversas circunstancias represivas y fue capitalizado por un partido oportunista de nueva creación, que se dedicó con cierto éxito a pescar en río revuelto, en una maniobra pretendidamente audaz, arropada con una retórica rupturista, que tantas esperanzas despertó en aquellos que confiaban en que la vía parlamentaria era la más adecuada para “asaltar los cielos”… y que diez años después da la sensación de que empieza a entonar su postrero canto de cisne, tras sus malos resultados electorales y con movimientos tácticos tan aventurados como la presentación de la candidatura de Iglesias en Madrid, que evidencia una fuga hacia delante de pronóstico más que incierto.

Todo ello suscita inevitablemente una reflexión sobre el desarrollo y el destino de los movimientos sociales de indignación y rebeldía frente a lo inicuo establecido.

Si bien es cierto que los poderes fácticos,  mantienen habitualmente bajo control la situación, con la inestimable ayuda de unos medios desinformativos de su propiedad y por tanto bajo su censura mejor o peor encubierta, no pueden evitar que periódicamente se produzcan deflagraciones sociales motivadas por situaciones insoportables para tantas y tantas personas.

En un contexto en el que los abismos de renta avanzan exponencialmente, el paro de los jóvenes roza el 50%, por no hablar del subempleo de la otra mitad y el umbral de pobreza afecta a casi un tercio de la población, con unos servicios sociales insuficientes y desbordados, lo único que parece funcionar – de manera tan solidaria como triste – es la función asistencial de comedores sociales y bancos de alimentos, cada vez más saturados de demandantes. En una situación tal que así, no es de extrañar que periódicamente, la gota de la exasperación desborde el vaso de la indignación y se derrame por las plazas de las ciudades. 

No importa, para los distintos poderes estos estallidos sociales, operan como válvulas de escape que liberan la tensión acumulada, la descargan hasta la próxima explosión controlada y permiten, tras su emulsión y posterior desleimiento, seguir manteniendo el statu quo habitual.

En cualquier caso, cuando en los libros de Historia leemos acerca de la Comuna de París, la Barcelona de julio del 36 o incluso mayo del 68 o el 15M, no podemos evitar un sentimiento agridulce y paradójico de derrota victoriosa, la convicción de que, a pesar de los muchos pesares, todavía es posible.

“Aunque nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la yerba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo…”

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