El hermoso país de los Pirineos

La Veranda de Rafa Rius

El penúltimo  escándalo financiero prepandemia, ahora casi olvidado, nos lo  proporcionó el Banco Madrid, filial de la Banca Privada d’Andorra. Al parecer existían fundadas sospechas de que -¡Oh sorpresa!- se estaba utilizando para blanquear fortunas procedentes de actividades delictivas. Lo que sigue es de manual: en cuanto se filtró la noticia de la investigación, los clientes acudieron en masa a por su dinero y el banco, de acuerdo con la autoridad monetaria, se vio obligado a bloquear las cuentas, limitando los reintegros a los consabidos 100 000€. Y no es que uno sienta precisamente empatía y compasión por los usuarios de un banco que no te abría una cuenta por menos de 300.000€, cantidad estratosférica para la inmensa mayoría de habitantes de un país hundido en múltiples precariedades.

Pues bien, el último escándalo -de momento- con sede en Andorra, ha sido una cuenta opaca más del rey sinmérito. 

Las cintas del excomisario José Villarejo sobre la operación Kitchen que llevan un tiempo viendo la luz van mucho más allá de ese confesado entramado para espiar a Luis Bárcenas. En los centenares de grabaciones encontradas en los registros de la casa y el despacho del expolicía tras su detención en el 2017 hay numerosos pasajes en los que el ex mando policial denuncia en conversaciones privadas una confabulación al más alto nivel para tapar desde hace años los presuntas operaciones económicas irregulares de Juan Carlos I. Una conspiración -relata el imputado- en la que participaron, al menos, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y el Ministerio de Economía del Gobierno de Rajoy.

Según explica Villarejo, en el 2014, el entonces director de los servicios secretos y archienemigo declarado del excomisario, Felix Sanz Roldán, llegó a detener una macrooperación en Andorra que involucraba al banco Andbanc, y en la que estaban implicados 4.000 empresarios catalanes, porque esas pesquisas iban a acabar salpicando al exjefe del Estado, dado que aparecían transferencias a la ahora famosa y entonces desconocida –excepto para algunos, claro– cuenta «Soleado» de Suiza, el depósito que gestionaba Arturo Fasana, el testaferro del Rey.

Villarejo en esos audios sostiene que el golpe policial-judicial que paró Félix Sanz con la ayuda de algunos responsables de Asuntos Internos de la Policía “hubiera descabezado a muchos independentistas, ya que muchos de los investigados en Andorra eran de tendencia soberanista” (cosa nada de extrañar, porque es bien sabido que una cosa es la República Catalana y otra bien distinta “la pela”). El expolicía insiste en que fue un error frenar este operativo sólo por no «molestar» al emérito, cuando hubiera bastado con «quitar de ahí» la cuenta «Soleado» – pues eso, se “quita de ahí” esa cuenta y ya está; cap problema.

Villarejo, que asegura que varios de sus interlocutores habituales cercanos al PP estaban al tanto de las maniobras del CNI para ‘salvar’ a  Juan Carlos, en otra conversación afirma que Luis de Guindos, ministro de Economía en los gobiernos de Rajoy entre 2011 y 2018 y actual vicepresidente del Banco Central Europeo, fue informado en su momento por el Servicio de Prevención de Blanqueo de Capitales (Sepblac) de la «sociedad y cuentas» que el exjefe del Estado tenía en el extranjero, pero, como es bien sabido que la información es poder, se la guardó para una ocasión oportuna y, a otra cosa.

Hasta aquí los hechos conocidos. Quizás faltaría por saber lo que se esconde en los varios trasfondos fétidos ocultos tras la operación financiera.  No es en modo alguno casual el hecho de que el epicentro del seísmo se encuentre en el “hermoso país de los Pirineos”. La oligarquía andorrana siempre ha ligado su supervivencia y prosperidad al contrabando y los trapicheos financieros. Prácticamente desaparecido el negocio del comercio minorista porque ya no compensa ir hasta Andorra para comprar una cámara fotográfica o una vajilla, los caciques del lugar se han refugiado en actividades menos confesables. Sería ingenuo recordar que las cuestiones éticas no forman parte de la ecuación. “La pela es la pela” y no tiene sentido cuestionar su procedencia.

Visto que el dinero no conoce patria alguna porque su única referencia identitaria es la consecución de la máxima rentabilidad (véase el hondo catalanismo de los dineros del clan Pujol y algunos independentistas “andorranos”) los sátrapas del enclave pirenaico han descubierto la piedra filosofal sin salir de su pequeño país. Cual si de unas madres condescendientes se tratara, se dedican a dar mucho y pedir poco. Dar todo tipo de facilidades para blanquear y “redistribuir” todo tipo de capitales y no pedir ningún tipo de información acerca de su procedencia y su situación con respecto a la legislación o el sistema impositivo de sus países respectivos. Todo muy pulcro, pero tan descarado que en su día provocó que hasta el gobierno del Gran Hermano Obama se “mosqueara” y  decidiera intervenir.

En cualquier caso, quien arriesga su riqueza en semejantes estercoleros bancarios ya sabe a lo que se expone. Toda institución financiera está basada en la rapiña, su negocio es la usura, pero existe una especie de pacto entre ladrones basado en mantener las formas y no sobrepasar ciertos límites con actuaciones que pongan en peligro la tan necesaria discreción. De todas formas, La Banca Privada d’Andorra aún no ha dicho su última palabra: tiene en sus listas de clientes, demasiados nombres conocidos que se verían en una posición delicada si se divulgaran. 

El duelo entre los excrementos financieros junto a  las hermosas nieves pirenaicas no ha hecho más que empezar.

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