Deus ex machina

La Veranda de Rafa Rius

Los antiguos griegos amaban el teatro. Cuentan que cuando en una representación la trama se complicaba y no sabían muy bien como resolver el conflicto creado, aparecía una grúa sobre el escenario; en ella iba subido un actor-dios (dios desde la máquina) que, utilizando sus superpoderes, ponía fin  al embrollo en que se encontraba el argumento y solucionaba una dificultad de la trama, ardua de superar con argumentos racionales. Los romanos continuaron con la tradición teatral del deus ex machina. Suponía hacer algo de trampa con el guión, pero formaba parte de las convenciones del teatro de la época y la gente, al parecer lo aceptaba sin plantear mayores problemas.

De la misma o parecida forma, en la actualidad, cuando los poderes fácticos o políticos, se meten en un atolladero lógico difícil de justificar y no saben como salir del enredo inadmisible que ellos mismos han creado, teniendo en cuenta que conciben y desarrollan su actividad en buena medida como representación teatral,  recurren al truco del deus ex machina y así, cualquier arbitrariedad por absurda que parezca, puede ser explicada y admitida; todo es perfectamente justificable, todo vale y gracias a ello, el tinglado de la antigua farsa puede continuar. The show must go on.

Uno de los deus ex máquina más utilizados en la actualidad es el de la ciencia. Tomando su nombre en vano, la utilizan lo mismo para un roto que para un descosido y la hacen responsable de los más increíbles disparates:

  • “El Gobierno nunca se atrevería a tomar decisiones sobre temas que desconoce; el Decreto Ley de obligado cumplimiento que hemos promulgado, se limita a seguir las indicaciones de un comité de expertos científicos”.
  • “¡Oiga, que eso que usted dice no hay por donde cogerlo!
  • No lo digo yo, lo han dicho unos científicos, doctores honoris causa por un montón de Universidades”.

 Y si cuela, cuela.

¿Quienes, cuando, con que argumentos, en base a qué? Nunca lo sabremos con seguridad porque será información clasificada.

Cualquier estupidez, cualquier falsedad disfrazada de certeza, puede ser admitida, siempre que cuente con el aval de una supuesta y manipulada ciencia, una ciencia que, bien al contrario,  a través de sus mentes más lúcidas, nunca se ha caracterizado por llegar a conclusiones insuficientemente contrastadas y exhaustivamente verificadas, nunca se ha caracterizado por estirar más el brazo que la manga y traspasar alegremente las fronteras de la metafísica.

Junto a un deus ex machina que explique lo inexplicable, se busca y sacrifica un chivo expiatorio que cargue con los pecados de la tribu y con esos mimbres, se puede salir con bien de cualquier situación por embarazosa y turbia que parezca.

Un dios subido a una grúa, obra milagros.

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