Fragilidad y entropía

La Veranda de Rafa Rius

En un sistema termodinámico en equilibrio, la entropía se puede entender como una medida del azar, es decir, de la distribución aleatoria de elementos diversos dentro de un sistema organizado; desde otro punto de vista, podemos decir que la entropía es la tendencia al desorden que posee todo sistema organizado así como del carácter irreversible de ese proceso, cosa que explica explica por qué podemos cascar un huevo, batirlo y desordenar sus moléculas, pero una vez desordenado, ya no podemos devolverlo a su estado original.

Pues bien, si cometemos la osadía de extrapolar conceptos procedentes de la física como la entropía de la segunda Ley de la Termodinámica, al campo de las ciencias llamadas sociales, ese atrevimiento nos puede ayudar a entender determinados procesos que de otra manera resultarían difícilmente explicables. A través del concepto de entropía podemos intentar comprender la continua y progresiva tendencia al desorden de cualquier sociedad, tanto histórica como contemporánea, independientemente del sistema sociopolítico del que se haya dotado.

Por otra parte, podemos comprobar de manera empírica que los sistemas y las estructuras tanto científicas como sociales, cuanto más complejas son, más frágiles resultan. En el campo de la tecnología, los superordenadores más sofisticados han probado su vulnerabilidad frente al ataque de habilidosos y desprejuiciados hackers que con equipos y medios limitados han penetrado hasta las entrañas de los más sagrados templos cibernéticos. En el campo de la economía, las más complejas redes que regulan las transacciones en el mercado bursátil no pueden evitar que factores externos imprevisibles como una epidemia de gripe, las hagan tambalearse.

Como una consecuencia extrema del efecto mariposa, basta un leve aleteo en cualquier nodo de su inextricable plan de redes para que se desencadene una reacción de consecuencias impensables. Como una interminable sucesión de fichas de dominó, van derribándose y cayendo una tras otra hasta que los gurús del sistema consigan dar con la fórmula para frenar su caída en el momento que les interese. Entretanto, van dejando a su paso incontables víctimas que, casualmente, suelen ser siempre las mismas, mientras una ínfima minoría sin escrúpulos aprovecha la coyuntura para hacer caja.

Vivimos tiempos de distopía, entrópicos y despiadados, en los que la progresiva putrefacción del sistema no nos asegura que las anheladas colectividades autogestionadas de personas libres, estén a la vuelta de la esquina porque esa descomposición del sistema también incluye nuestra propia descomposición, inmersos como estamos en la lucha insolidaria por conseguir aquellos espejismos con los que nos distraen y manipulan.

Se entiende por lo tanto, que la entropía del universo y dentro del universo en La Tierra, esta insignificante pero insustituible mota de polvo cósmico que nos cobija, tiene un único sentido: la entropía entendida como tendencia al desorden de un sistema. En todo caso, esa entropía es equiparable al paso del tiempo.

Así que, nos pongamos como nos pongamos, de aquí a cien años, todas calvas.

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