Libre te quiero: en el Día del Orgullo

La Veranda de Rafa Rius

“Libre te quiero, ni mía ni de nadie, ni tuya siquiera” sabias palabras del recordado abuelo Agustín. Amores homosexuales, heterosexuales, lésbicos, bisexuales, trans, poliamores, amores en pareja, trío, cuarteto, sexteto… incluso un amor romántico como los de toda la vida… Ninguna relación debería restar sino sumar o multiplicar. No debería haber un modelo único de relaciones interpersonales anclado en una determinada ética cargada de “moralina” y con un sospechoso hedor a sacristía: Cualquier tipo de relaciones afectivas y sexuales son posibles y deseables si las personas implicadas en ellas están bien y se sienten libres.

Es lógico que las personas que han sufrido y sufren discriminación e incluso persecución y agresión en un contexto de homofobia quieran reivindicar sus derechos en un Día del Orgullo porque es una situación que da la sensación de que mejora algo con el paso del tiempo pero que, según los datos de los distintos observatorios de homofobia, parece que no sólo no es así sino que tiende a aumentar mientras las agresiones verbales y físicas no cesan.

Aunque no podamos olvidar nunca la siniestra manipulación publicitaria y la capacidad que posee el dios Mercado de recuperar, fagocitar y hacerse con todas aquellas iniciativas que puedan resultar rentables, sin importar de donde procedan, ni sus implicaciones éticas, a pesar de ello no habría que perder de vista lo esencial, es decir, no debería ser necesario reivindicar lo obvio, a saber: que toda persona- por supuesto, dentro de un estricto y permanente respeto a los demás- tiene derecho a vivir su afectividad y su sexualidad como mejor le parezca.

Este año, por razones obvias, los actos tienen otras características muy distintas a los de años anteriores, menos masivos, con más medidas de protección, con mas distanciamiento físico, con más miedo… pero ello no será obstáculo para seguir insistiendo en unas reivindicaciones que, lamentablemente, no han perdido actualidad. Bien al contrario, la actual situación sociosanitaria lo convierte necesariamente en un Día del Orgullo menos espectacular, menos publicitario, pero más íntimo, más propicio a la reflexión, a compartir ideas, sensaciones, perplejidades…

En cualquier caso, habrá que seguir luchando por un día, más próximo que lejano, en el que no sea necesaria la celebración de un Día del Orgullo porque la sexualidad y la afectividad serán vividas de una forma respetuosa, libre y abierta.

Y es que, habría que recordarle a esa minoría de homófobos descerebrados -no todos encuadrados en la extrema derecha- que cualquier relación afectiva entre personas puede ser plausible y satisfactoria. Recordemos el título de una película de Woody Allen, muy ilustrativa al respecto: “Si la cosa funciona…”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies