Tiempo y reclusión: reloj no marques las horas…

La Veranda de Rafa Rius

La situación que estamos viviendo nos hace reflexionar sobre algunas cuestiones que en épocas de “normalidad” nos pueden pasar más desapercibidas, una de ellas es el paso callado del tiempo. Un tiempo que no se deja encerrar en relojes ni calendarios. Uno de los tópicos de moda en estos días es ese transcurrir del tiempo. Nos cansamos de oír frases como “ahora que tenemos tiempo…” “cómo sobra tiempo hasta el aburrimiento…” “a ver cuando acaba esto…” “qué largo se me está haciendo…” Y es que el tiempo, ahora nos damos más cuenta, nunca transcurre de manera uniforme porque una de sus paradojas es que lo percibimos a la vez fugaz y eterno. Ya decía Platón que el tiempo es una imagen móvil de la eternidad y ahora lo que define nuestro tiempo es la lentitud, nos toca vivir esa movilidad con la percepción de toda su lentitud posible. Por otra parte, la percepción del tiempo siempre es subjetiva, cada cual está viviendo el transcurso de la reclusión a su manera.

Sostenía el físico austriaco Godël que cada espectador tiene su conjunto de “ahoras” y ninguno de estos sistemas diversos de capas de tiempo puede arrogarse la prerrogativa de representar el paso objetivo del tiempo.

Y en uno de esos presentes subjetivos, nos damos cuenta que toda certidumbre individual, todo aquello que nos parecía inmutable, seguro, incuestionable, quizás no lo sea tanto. Axiomas que parecían verdades fuera de toda duda, caen derribados como castillos de naipes.

Vivimos en estos momentos en un campo abonado y fértil para todo tipo de distopías y en el que sin embargo, los vínculos utópicos como punto de referencia ético se hacen más necesarios que nunca. Para las que no creemos en ningún tipo de paraísos perdidos ni ganados, para las que sabemos que, de la misma manera que antes no fuimos, después no seremos y que todo lo que nos queda es vivir el presente de la mejor manera posible, para nosotras el tiempo es un factor determinante a tener en cuenta para negociarlo adecuadamente.

Si aceptamos la hipótesis de Stephen Hawkins cuando conjetura que en el mundo que llamamos real los viajes en el tiempo solo se pueden dar en la ciencia ficción o en los comics, entonces son imposibles por paradójicos: cualquier cambio en el pasado modificaría nuestro presente y si lo hiciese, ya no sería el que es, lo cual es imposible y la mejor demostración de ello es que no tenemos turistas del futuro entre nosotras.

Así que, todo lo que nos queda es vivir nuestro presente de la mejor manera posible. ¡Que así sea!

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