El eufemismo falaz de la “Unión Europea”

La Veranda de Rafa Rius

Tras el final de la 2º Guerra Mundial y la formación de la Comunidad europea del Carbón y el Acero, en 1952 y posteriormente, tras el tratado de Roma en 1957, la creación por los mismos países del Mercado Común (posteriormente Comunidad Económica Europea) como unión aduanera de países industrializados, los términos de la ecuación estaban claros: sin dar opción al equívoco, se trataba de un mercado en el que sus miembros buscaban las posiciones más favorables de cara a la economía globalizada que se avecinaba.

Después entró la “alta política” por medio y las cosas empezaron a cambiar. Tras la incorporación de nuevos países: Reino Unido, Grecia, Irlanda, Portugal, España… empezó a crecer la idea -sobre todo a partir de Francia- de crear una entidad supranacional que fuera más allá de lo económico y diera pasos hacia una integración de los distintos Estados en una especie de comunidad federal, un poco al estilo de los EEUU. El apogeo de ese proceso de búsqueda de esa entidad supranacional, se produjo en 2004 con la incorporación de diez estados del Este, anteriormente vinculados al COMECON, el equivalente soviético al Mercado Común, desmoronado en 1989.

A partir de ahí y en contra de lo previsto tras la euforia inicial, comenzó un largo periodo de decadencia de la idea europea que aún no ha acabado; situación en la que las actuales diferencias acerca de como encarar las consecuencias económicas de la actual crisis sanitaria, son una muestra lógica y palpable.

Hay países ricos que desde su integración vienen siendo año tras año contribuyentes natos: siempre aportan más de lo que reciben; en cambio otros, siempre han recibido más ayudas que el total de lo que han aportado. Y, por simplificar, los Estados ricos se han cansado. Y es que, a pesar de contar con una macroeconomía saneada, tienen en su interior importantes bolsas de pobreza y numerosos problemas sociales; si a ello le unimos el hecho del progresivo auge de los partidos de extrema derecha, xenófobos, nacionalistas y por tanto antieuropeos, la situación se explica por si sola.

En cualquier caso, nada nuevo que no estuviera ya en el ADN de una Unión Europea totalmente sometida a los intereses de los mercados industriales y financieros y que, por lo visto hasta ahora, tiene poco de europea y menos de unión.

Como curiosidad mitológica, cabría recordar que Europa, la hermosa doncella raptada por Zeus que dio nombre al continente, no era europea: había nacido en una zona asiática de la actual Turquía.

Un comentario en “El eufemismo falaz de la “Unión Europea”

  • el 25 mayo 2020 a las 14:15
    Permalink

    Un comentario con muy mala baba por el cagallero de la Tenaza.

    En primer lugar y visto el relato como lo plantea Rafa Rius parece así como el lo cuenta y no de otra manera.
    Siento disentir en la totalidad del relato «Unionista» arriba enunciado, pues soslaya detalles que son motor del relato. Por situar un motivo gravísimo que se pasa por alto, es que las ingentes cantidades de dineros que la Europa del norte inyecta en los países del sur, lo recupera con creces a la hora de marcarles los precios del sector primario siempre a pérdidas, perdidas entre un diez y un quince por ciento, quedando las ayudas al sector de la ganadería y agricultura en la eficaz táctica del palo y la zanahoria y no hay más tu tía de que hablar o discutir.
    Si queremos hablar del peaje que se tuvo que pagar para entrar en semejante y selecto «Club» fue el de sacrificar toda la economía de los países de sur al capricho y dictado de Bruselas. Es por ello que los países del sur siempre serán deudores de las economías del norte, pues los ingresos de las exportaciones de los países del sur serán deficitarias respecto a los productos que nos venden, sobre todo cuando respecto a precios estamos sordos y mudos y en tales decisiones no pintamos absolutamente nada, pues la balanza está descaradamente más trucada que la del tendero del nº 13 de la Rue del Pércebe.

    La trampa de trilero está así montada, por ello estamos condenados a priori aunque el trilero nos de dineros a crédito. Así de sencillo. Rafa, recapacita aunque sea por un instante.

    Un saludo fraternal

    Emili justicia

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