Veinte veinte: números y tiempo

La Veranda de Rafa Rius

En el universo de los números la simbología goza de una larga tradición. Desde los pitagóricos, los números siempre han tenido una gran importancia en la interpretación del mundo. 2020 seria según Pitágoras el doble repetido del 10 que constituía lo que denominaban tetrakto y que sería el número perfecto al estar formado por la suma de los cuatro primeros enteros (1+2+3+4) Pues bien, el año actual constituye así, el doble duplicado de la perfección numérica. Dejando las cuestiones pitagóricas a un lado, el 2020 que ahora da comienzo según el calendario gregoriano vigente en el mundo occidental, no parece por múltiples razones que ni de lejos vaya a rozar la perfección.

En cualquier caso, más allá de los números y sus simbologías, convendría no olvidar que la organización del tiempo seguirá siendo una de las claves de bóveda del capitalismo. En la Comuna de París, los obreros disparaban a los relojes. Durante unas semanas venturosas todos los relojes de la ciudad permanecieron inmóviles, con el tiempo detenido en un instante sin tiempo. Atravesando la inabarcable ciénaga de la estupidez humana, en un momento de lucidez y exaltación, los trabajadores parisinos habían comprendido que el control del tiempo es el factor determinante a la hora de crear unas adecuadas condiciones de explotación. La usurpación, el secuestro de nuestro tiempo, un tiempo personal único e irrepetible es lo que permitía y permite la aceptación resignada de la servidumbre voluntaria y la adecuación sumisa a lo establecido.

Ese expolio de nuestro tiempo, que presupone que la mayor parte de él la dediquemos a actividades hurtadas a nuestros intereses subjetivos, a trabajos insatisfactorios, distracciones alienantes y consumismo desaforado y prescindible, nunca será inocente ni casual. Los gestores de nuestras miserias saben muy bien que mientras no “perdamos el tiempo”, es decir, no nos dediquemos a trabajos placenteros no remunerados o nos abandonemos en brazos de la pereza y el “dolce far niente” y de paso, nos dediquemos a pensar, a reflexionar sobre el sentido de nuestra vida, todo irá bien para los intereses de quienes se pretenden nuestros amos.

Si por el contrario nos dedicamos a meditar sobre el sinsentido de dedicar la mayor parte de nuestro transcurso vital a vender nuestra fuerza de trabajo por un mísero salario, aceptando la evidencia de que antes no fuimos, después no seremos y ahora somos tan solo una serie de gestos dispersos en la niebla del presente y tomando siempre en consideración el carácter azaroso de cualquier futuro, bueno sería que olvidáramos los habituales propósitos anuales propios de estas fechas, tan bienintencionados como estériles y nos dedicáramos a recuperar el placer del “carpe diem” y –siguiendo el ejemplo de la Comuna de París- destruyéramos ese tiempo de los relojes que nos tiene presos en los calabozos del modo de vida impuesto por el sistema que nos oprime y nos impide vivir en plenitud el escaso lapso de tiempo que nos ha sido dado.

En cualquier caso y hablando de simbología, convendría no olvidar que según el horóscopo chino, el 25 de enero de 2020 entramos, sea ello lo que fuere, en el año de la rata.

3 comentarios en “Veinte veinte: números y tiempo

  • el 21 enero 2020 a las 10:49
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    Consideraciones sobre el tiempo por el cagallero de la Tenaza.

    En primer lugar la perfección no existe y menos en cuestiones de tiempo, ya que este siempre es caprichoso y no se rige por el Azar como afirma el mendrugo de Darwin en sus teorías reduccionistas.
    El tiempo no necesita tampoco de relojes para medirlo o encorsetarlo en esquemas imposibles. ¡¡¡El Tiempo es siempre soberano!!!
    Sobre la servidumbre «voluntaria», más bien estaría esta en la paradoja del amo – esclavo, no como lo plantea Hegel, sino como lo desarrolla Espinosa en su calificación miserable del amo, pero, siendo doblemente miserable en el esclavo por dejarse o someterse a esa servidumbre por un acto más de cobardía que de ignorancia. El problema viene de lejos, ya que arranca en la fracesita de Protágoras, tan falsa toda ella y mientras nadie demuestre lo contrario.
    El hombre es como generalidad, e inclusive en sus aspectos más particulares, un sujeto prepotente y ruin en el sentido en que lo concibe ese batracio y filosofastro llamado Sartre, «el infierno siempre son los demás».
    Si no se es aseado, se viste mal y desastradamente, la higiene brilla por su ausencia, no se es capaz de proveerse de comida decente, ni siquiera el freírse un huevo, no se padece de minusvalía o tara física que justifique dichas carencias y encima de tanta desidia se dice que la «culpa» es de los demás, feliz conclusión en querer darle un sentido a la vida desde la inacción y esperar que la manzana se caiga del árbol y nos desvele el «sentido de la vida». la sociedad no debe cargar con ese burdo chantaje, sea esta una sociedad libertaria, o lo que se quiera ser en lo que la extravagancia permita. El tiempo claro que existe y además se deja de notar, mal que pese, pues su soberanía es incuestionable y como última coletilla que confirma la existencia del Tiempo, es que en la trayectoria de la Puta vida, todas las horas hieren, la última es la que te mata.

    Emili Justicia

  • el 22 enero 2020 a las 23:17
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    Insisto; El hombre libre no hace lo que quiere, hace lo que puede y la más de las veces en una soledad deseada, lejos del margen de la charca habitada por batracios dominantes y dominados, en donde semejante fauna se revuelca en el lodo, pegándose barrigazos en el sentido que Espinosa expone y acierta en cuestiones sociales, de arte y «Culturas estofadas», doctrinas liberadoras hasta el punto de perdernos en situaciones tan poco operatorias, que nos posibilite el no sólo afirmar que lo que no puedo hacer con mis manos no existe y de existir, que es mucho decir… ¡¡¡Pues no lo quiero!!!

    emili Justicia

  • el 23 enero 2020 a las 14:09
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    Una observación

    Ah… Cuando me refiero al hombre, también me refiero a su equivalencia la mujer, ambos son una aberración de la naturaleza, tanto en en su acepción religiosa, política, (la feminista como una nueva religión) servil, ilustrada o centrados ambos en el hijoeputa idealismo alemán, lo cual convierte la charca en una pestilente poza en cuya sopa infecta todo cabe y todo vale.

    Emili justicia

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