Dulce Navidad

La Veranda de Rafa Rius

Ahora que se acercan inexorables las entrañables fiestas navideñas en las que las familias se unen ufanas para discutir durante la cena y de paso celebrar el nacimiento del Niño Dios, que vino al mundo a redimirnos de nuestros pecados – y que dentro de tres meses morirá por nosotros en la cruz, no sin antes arrastrarse durante una semana, sufriendo morosamente por nuestras calles. Ahora que nuestras ciudades se llenan de millones de lucecitas (led, de bajo consumo, ¿eh?) y de Papás Noël de trapo descolgándose de nuestros balcones y clonándose hasta el infinito en los centros comerciales. Ahora en fin, en que algunas personas descreídas y de mala fe vuelven a hablar de estas fechas como las fiestas saturnales del solsticio de invierno … Pues bien: ahora comamos, bebamos y sobre todo, compremos, compremos especialmente aquello que maldita la falta que nos hace; porque, más que de cualquier otra cosa, de eso se trata. Los padres regalan fruslerías a los hijos, los tíos a los sobrinos, las nueras a las suegras, los nietos a los abuelos, las cuñadas a los cuñados… en la gran ceremonia de la confusión consumidora, hay que regalar como sea; y ¡ojo! no vale un objeto personal hecho de modo artesanal y con cariño, no, ha de ser comprado y de ser posible a precios de sablazo.

Mercado, en su sector comercial, jamás da puntada sin hilo y tiene su negocio perfectamente secuenciado a lo largo del año: Reyes Magos de Oriente, Rebajas de Enero, Día de los Enamorados, Día del Padre, Día de la Madre, Día de los Abuelos, de los tíos, de los nietos, de la vecina del tercero… y así luego ya empalmamos con la Noche de San Juan, las Rebajas de Verano, la Vuelta al Cole, Jalowin, el Viernes Negro, las Navidades en familia… y vuelta a empezar otra nueva-vieja vuelta de la noria, otra nueva-vieja vuelta de tuerca de un consumo absolutamente necesario para tener engrasada la maquinaria del capital comercial y mantener el buen orden de lo que hay.

Y todo ello no sería posible sin la entusiasta colaboración de instituciones y personas que, sin obtener un beneficio económico directo, ayudan y favorecen el mantenimiento y el auge exponencial del tinglado navideño – vaya usted a saber por qué. En primer lugar, como no, podemos encontrar a la Santa Madre Iglesia que, tras apoderarse de todas las celebraciones previas de otras culturas, las incorporó sin ningún cargo de conciencia a su propio santoral y las distribuyó de manera aleatoria a lo largo de su calendario allá donde mejor les convino. Pero también habría que contar con la impresentable connivencia de unos gobernantes –muchos de ellos autocalificados de izquierdas – que, incumpliendo de manera flagrante su propia Constitución que declara España como un Estado aconfesional, llenan los espacios públicos de belenes y villancicos, procesiones y desfiles, amparándose de manera torticera en la santa tradición y, faltaría más, en los sufridos niños, fácilmente manipulables mediante chantajes afectivos y eternos chivos expiatorios útiles en cualquier ocasión. Y por último pero no menos importante, para que la farsa continúe es imprescindible la aceptación acrítica de las “personas personales individualmente consideradas”, es decir: de cada uno y una de nosotros/as sin cuya participación, difícilmente podría mantenerse el edificio del gran teatro.

De las viejas ferias con casetas desmontables y charlatanes voceando sus productos en un ambiente totalmente humano y hospitalario hemos pasado a los actuales centros comerciales, no lugares deshumanizados y desprovistos de cualquier punto de referencia personal, en los que los individuos desaparecemos para convertirnos en meras unidades de consumo y en los que se impone el ”tanto compras, tanto vales”. Sólo de nosotros depende el dejar de ser amorfas y anónimas unidades de consumo y recuperar la dignidad perdida.

2 comentarios en “Dulce Navidad

  • el 22 diciembre 2019 a las 23:54
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    Un comentario del Cagallero de la Tenaza

    En primer lugar tengo que señalar y señalo que «El Estado Español» no es un estado aconfesional ni de lejos, aunque así lo diga su constitución. Pero, dice tantas cosas esta constitución que son todas ellas falsedades notorias… Pongan atención al órdago que lanzo: El Estado español es en la práctica y mientras nadie demuestre lo contrario un estado «Pluriconfesional» mal que pese.

    En segundo lugar, la Iglesia «Católica» fue desde principios del siglo IV la religión oficial y dominante en términos absolutos del Imperio. Después lo volvió a ser del imperio de los Austrias, exceptuando el obscuro periodo musulmán del califlato de Córdoba. La religiones son artefactos, que no herramientas de alineación y sometimiento de los individuos, a una Fe nunca demostrada en su constructor, en los cuales sus principios mal fundamentados en «ideales» o «espirituales» siempre harán aguas. Pero atiendan a donde quiero llegar; es siempre la religión la que dicta «la costumbre» o la tradición siempre. Y para eso hay una machiavélica fórmula llamada «Cultura» que al igual que la Divina idea del Dios «todo poderoso» y «misericordioso», nadie, absolutamente nadie puede definir.

    Mientras se tenga un espíritu de rebaño nada ni nadie podrá alterar el orden en «la charca». Es este fatalismo el que nos determina en nuestros comportamientos y claro, en este contexto hay claros ganadores que si saben manejar los hilos en esta puesta en escena, en donde se nos cuenta una fábula estrictamente antropocentrica, en donde la conducta humana ya viene marcada de sobre manera en la religión, la cultura y el errado concepto de las relaciones humanas.

    Emili Justicia

  • el 23 diciembre 2019 a las 0:02
    Permalink

    Ah, una observación que se me pasaba: ¿Para cuando el Día del hioeputa?

    Emii Justicia

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