Zurumbático

La Veranda de Rafa Rius

Lelo, pasmado, aturdido. Zascandileando cierto día por el diccionario, encontréme entre las últimas palabras que recogía, el término “zurumbático”, adjetivo que venía a significar, además de los sinónimos recogidos al principio, lo que hoy llamaríamos “flipao” o “alucinao”. Me gustó la palabreja en cuestión. Así que, harto de flipar en colores, a partir de ahora me declaro zurumbático frente a lo que hay.

Lelo, pasmado, aturdido delante de una realidad por momentos incomprensible, es necesario, tras el momento zurumbático, tomar una considerable distancia crítica para ver de intentar comprender algo de lo que pasa. Y lo que pasa, pasa, transcurre para no volver nunca de la misma exacta manera. Parafraseando a Heráclito, nunca nos bañamos dos veces en la misma realidad. A poco que lo analicemos, veremos que todo deviene, nada permanece inmutable. Lo que existe va sufriendo continuas mutaciones, a veces significativas, a veces imperceptibles, que van haciendo que nuestro contexto y por consiguiente nuestras vidas, vayan avanzando, las más de las veces sin saber demasiado bien en que dirección.

En el mismo sentido y de manera paradójica, en muchas ocasiones la realidad que vivimos nos resulta recurrente, como en un intenso déjà vu que nos deja la sensación de haber frecuentado repetidamente el mismo escenario. Por poner un ejemplo socorrido: ¿Qué elección no nos recuerda indefectiblemente a todas las anteriores? Nos bombardean en cada ocasión con proclamas de que esta vez sí que va de veras, esta vez sí que son definitivas: las elecciones del siglo, como la boda o el partido del siglo…

Cambian porcentajes de voto, cambian partidos en el poder, cambian pactos y alianzas… Pero, ¿Cambia a mejor algún aspecto sustancial en las condiciones de vida de las personas más necesitadas de una mejora rotunda en su horizonte social? A la vista de lo que hay y del continuo aumento en la brecha de rentas entre los más ricos y los más pobres, mucho me temo que no sólo no mejoran sino que tienden a empeorar denodadamente.

Así las cosas y ante tan flagrantes contradicciones, ¿Cómo salir de semejante estado zurumbático?. Porque las palancas que podrían hacer cambiar significativamente la situación se encuentran muy lejos de nuestras posibilidades de actuación si nos limitamos a delegar nuestra responsabilidad. Sólo con la acción directa, convirtiéndonos en protagonistas de nuestras vidas y solidariamente de las de quienes nos rodean y más necesitan de nuestra ayuda mutua, conseguiremos al menos, luchar por salir de ese estado de estupefacción en el que nos han sumido, en muchos casos con nuestra colaboración activa o pasiva.

El estupor ante a tantos absurdos de nuestro entorno social es por lo general inevitable pero no imprescindible: podemos ir más allá. Si bien resulta evidente que los poderosos mecanismos de adoctrinamiento y manipulación de conciencias de quienes están empeñados en el mantenimiento de un statu quo que les beneficia son difíciles de soslayar, también es cierto que un mínimo respeto por nuestra ética personal nos debería obligar a actuar en la dirección a la que nos conduce nuestra reflexión.

Menos estados zurumbáticos y más acción directa.

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