“Me moriré en París con aguacero…

La Veranda de Rafa Rius

Un día del cual tengo ya el recuerdo”. Y como profecía autocumplida, el poeta César Vallejo murió en París en un día de lluvia. Hay visiones proyectadas en el futuro que de una forma oscura e inexplicable, huelen a verdad.

En el campo de lo social, también ocurre: Escribo esto a una semana de las elecciones de abril de 2019. Podría augurar el resultado. No arriesgaría demasiado. Y no me basaría en ningún tipo de encuestas o proyecciones de intención de voto sino en la vivencia de más de cuarenta años de lo mismo.

Durante ese largo periodo de transición hacia no se sabe donde y tras unos años iniciales de tanteo, gobernó el PSOE cuando debía hacerlo para neutralizar veleidades izquierdistas que pudieran perjudicar el negocio prometido y luego, cuando el discurso del “socialismo” se agotaba en su propia inanidad y sus corruptelas, lo sustituyó el PP como gran novedad, para hacer –matices sutiles aparte- más de lo mismo. El turno de partidos o Aznar y González como hologramas de los cuerpos astrales de Cánovas y Sagasta un siglo después.

Tras meteduras de pata imperdonables como las mentiras del 11M o la implicación en la Guerra de Irak, vuelve el PSOE que a su vez, tras el engaño del “esto no es una crisis, tan solo una pequeña desaceleración económica” propició la vuelta del PP, que, tras un verdadero tsunami de corrupción generalizada, provocó una moción de censura que permitió la llegada de… ¡El PSOE! Y así hasta la saciedad y el hastío.

No ha mucho, introdujeron una imperceptible variación en el tema principal: fue decretado el fin del bipartidismo y la aparición de nuevos partidos llenos de ímpetus juveniles y deseos de cambio que colmaron los parlamentos de nuevas caras y nuevas siglas… Lástima que apenas unos años después, tan osada operación haya desembocado en un absurdo viaje circular de ningún lugar a ninguna parte, para acabar llegando al mismo punto del que habían partido: ahora no se trata del bipartidismo de PP y PSOE sino del bipartidismo de los llamados “bloque de izquierdas” y “bloque de derechas”

Ambos cultivando la repetida y cansina estrategia del miedo: Del “Votadme, que viene la derechona” al “Votadme que vienen los comunistas separatistas”. Como podemos observar, muy poco de nuevo.

Así que, como César Vallejo hizo con su muerte, también podemos augurar el futuro postelectoral: Gane quien gane, pocas cosas importantes van a cambiar para mejor. Va a seguir aumentando inexorablemente la brecha entre las rentas de los más ricos y los más pobres y pocas personas en precario van a mejorar su situación. ¡Ojalá nos equivoquemos! Y, entretanto, parafraseando el lema del PSOE: “Haz que pase la cita electoral” o con palabras de Vallejo mucho más hermosas “Aparta de mí ese cáliz”

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