Desafección

La Veranda de Rafa Rius

Para el término “desafección” los diccionarios de sinónimos recogen palabras como “malquerencia, rechazo, aversión”, palabras que no captan su esencia; en cambio, para el adjetivo “desafecto” ya afinan algo más cuando consignan: “que no siente estima por una cosa o muestra hacia ella desvío o indiferencia”

Pues bien, en los interminables periodos preelectorales, electorales y postelectorales con que nos agobian, me declaro desafecto a todas esas citas pretendidamente insustituibles para nuestra paz social y personal. No siento hacia ellas malquerencia, rechazo o aversión, pues es bien sabido que cuando te opones a algo con denuedo, sólo consigues darle más sustancia y reforzar su poder. No, simplemente me limito a manifestar hacia ellas mi indiferencia y mi desafección.

Otra de las monsergas con que nos castigan de manera recurrente para mendigar nuestro voto, es la fábula de la importancia de la identidad nacional. Pues bien, teniendo en cuenta que los Estados y las naciones son construcciones históricas que se dan sólo durante un determinado espacio de tiempo y por tanto efímeras, no sé a que viene esa obstinación en que nos sintamos españoles, catalanes o polinesios, por el simple hecho aleatorio de haber sido nacidos en uno de esos lugares. La insistencia recurrente en la identidad nacional, no parece tener otro objeto que mejorar los mecanismos de manipulación de aquellas personas con baja autoestima o déficit de identidad personal, mediante el recurso artificioso de simular su pertenencia ilusoria a un grupo social en el que puedan sentirse amparadas por una supuesta homogeneidad común.

Así que, cuando, a pesar de todas las precauciones tomadas, llegan hasta mí algunas de las estúpidas falsedades banales con las que los líderes políticos al uso suelen sazonar su discurso, solo puedo dejarme ganar por el estoicismo y la desafección ante ellas.

A los políticos de derechas no los escucho : mi sistema nervioso no lo consiente. Y cuando escucho algún político de las autocalificadas izquierdas, (esas otras derechas) hondtamente preocupado por la Ley d’Hondt, hablar de lo que puede perjudicar(nos)(les) un elevado índice de abstención, porque: “- ¡Ah!, ¡ojito!, que si no votamos en masa, viene “la derechona”, ya que, la política, si no la haces te la hacen” –refiriéndose al parecer con lo de “hacer política” al hecho de depositar una papeleta en una urna cada cuatro años- frente a tan obvio sofisma, cabría recordar que en el terreno de juego del sistema vigente – ya sea de alcantarilla o de Parlamento (esa otra alcantarilla)- la política siempre nos la hacen ellos o sus amos, nunca nosotros, a los que no se nos permite hacer otra cosa que votar y callar.

Y de paso, cabría recordar también que existen otros espacios donde las reglas de actuación las consensuan aquellas personas que participan en esos espacios a diario, sin necesidad de delegar en nadie y sin necesidad de tener que esperar cuatro años para otorgar la confianza a alguien que, probablemente y por lo que llevamos visto hasta ahora, acabará traicionándola. Y eso también es acción política y en mayor grado, teniendo en cuenta que “nuestros sueños no caben en sus urnas”.

Un comentario sobre “Desafección

  • el 18 abril 2019 a las 15:56
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    Un ácrata en camiseta

    Vote lo que se vote la política siempre la haran de la manera más rastrera y miserable aquellos que de ella viven. Así que ojo al parche con «izquierdas y derechas», creerse ese cuento es seguir igual de tontainas muy a pesar de pertenecer a tal o cual grupo, gremio o congregación no te hace más fuerte, sino más manipulable y si en antes tenías una vida de mierda en solitario, el único cambio que experimentarás es el de pertenecer a un grupo o colectivo de mierda, sea este grupo verde, azul o colorao. Pero parece ser que la estupidez cuando se escuda en el gremio se nota menos. Los sueños nunca condujeron a ninguna parte, bueno… conducen a la demencia y el disparate. sólo la razón pueden mantenernos alerta y a la defensiva de que cualquier secta de iluminados nos absorban el seso e hipotequen nuestra libido y nos lobotomicen con sus nefastas ingienerías de manipulación zombica.
    Nosotras las las bestias humanas damos muy poco de sí. Ni siquiera nuestro autocalificado antropomorfismo nos libera del sacrificio en el Ara de los tontos y crédulos, por aquellos que si entienden la intringulis de la estupidez humana. Valga como claro ejemplo las trampas en que solemos caer, sean estas el matrimonio, las parejas de desecho, feminismos varios, la Cultura elevada a la categoría de Diosa. Qué cantidad de gilipoyas oficiando de sacerdotes de esto, aquello o lo de más allá. ¡hay gente pa to!
    El resentimiento de unos grupos supuestamente afines, hacia otros que confiesan ser autenticos pata negra en esto de la ideología, lo racial o lo cultural, abunda en esta piel de toro a más no poder. El auge de los nacionalismos como mitos, idealismos, amén de otras zarandajas por el estilo. Los idealismos traen consigo sangre y fuego, sea se en su estereotipo Carlista, fascista, nazi o sovietico, etc. con sus particulares interpretaciones del «hombre Nuevo.»

    Emili Justicia

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