La soga

La Veranda de Rafa Rius

Hablaba Javier Krahe en uno de sus temas, con genial sarcasmo, de un ahorcado al que se le permitía escoger la soga. Todos nosotros somos en alguna forma esos ahorcados a los que les es dado elegir el tipo de cuerda con la que van a ser colgados. Eso sí, nadie se plantea ni por lo más remoto la posibilidad de que podamos escapar al linchamiento. Vivimos instalados en una ficción virtual de libertad que nos embauca con el espejismo de nuestra capacidad de elección cuando en realidad ya tenemos previamente designados los momentos y lugares de nuestra tan lenta como ineludible inmolación. En cualquier caso, disfrutamos del consuelo de ser nosotros los que accionamos el mecanismo de apertura de la trampilla bajo nuestros pies.

En una situación tal que así, nos hemos convertido en meros espectadores de nuestro entorno y nuestra capacidad de actuar sobre él va desapareciendo progresivamente. Si en el campo de lo político intentan por todos los medios que nuestra actuación se remita y limite a depositar nuestra papeleta en la urna cada cuatro años, para alimentar la ficción democrática, en el resto de campos de lo social, la perspectiva no es mucho mejor. Cualquier sentido crítico, cualquier sentido comunitario, ha ido difuminándose ayudado por las ficciones de felicidad asociada al consumo. En este contexto, la televisión deviene la lámpara mágica que nos ofrece la visión alucinada de los bienes previamente seleccionados por el sistema de Mercado vigente, para conseguir que nos aislemos de nuestro entorno de intereses reales y nos convirtamos en unidades indiferenciadas en el interior de lo que Debord denominaba “muchedumbres solitarias”.

Intentan denodadamente que confundamos lo permitido con lo posible como si fueran términos sinónimos. En un contexto de comunicación unidireccional sin ninguna oportunidad de interactuar, en el que estamos constantemente relegados a la función de meros receptores de aquello que nos quieren contar, se trata de que creamos que lo que nos es graciosamente permitido, agota las potencialidades de lo posible. Todo está enfocado a que no seamos conscientes de que podemos hacer mucho más, de que hemos vivido claramente por debajo de nuestras posibilidades. Y lo triste es que da la sensación de que lo están consiguiendo.

Imaginemos una situación. Una persona sentada frente al televisor se aburre como una ostra sin perla. Al cabo de un rato se levanta, va hasta la cocina, abre una bolsa de snacks y coge una cerveza de la nevera. Vuelve a sentarse, vuelve a aburrirse. En un momento dado, se tumba sobre el sofá y se queda mirando al techo con la cabeza llena de banalidades.

¡Lo conseguimos: ese ya es de los nuestros!

2 comentarios en “La soga

  • el 21 marzo 2019 a las 17:19
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    Un ácrata en camiseta

    Tiene razón el articulista en cuanto se refiere al aburrimiento como patología insuperable. Es este sindrome la principal caracteristica de la granja «humana», pero esta secuela viene de lejos, muy lejos. La formación de los individuos, bien sea en la formación profesional o la Universitaria viene dada u orientada a los falsos programas educativos del partido de turno en el gobierno, de ello no es extraño que cambiando este, cambie los programas de enseñanza. Siendo todos estos vacuas fórmulas de ciencia infusa que se asimila como si fuesen de buena ley. Pero sobre todo las posibilidades de vida debiera marcarla los interesados en dirigir sus vidas y no esperar a que la dicten terceros con impunidad y alevosía.
    Esta democracía tiene el nulo valor que tiene la mentira dicha por un mentiroso. Pero su secreto está en aceptarla como cosa de calidad y cargada de razón por un Vulgo embrutecido hasta lo indecible o lo que los nacionalismos quieran exagerar en sus disparates. Más no se alargará el tiempo en que otras gentes, más necesitadas y con criterios más racionales desplacen a estas»muchedumbres» apáticas, por el mero hecho de no estar contaminadas de los discursos al uso, provengan del PP, PSOE; VOX o similares. Pues dificilmente el sistema ni puede ni quiere asimilar a tan gran número de gente y no sería de extrañar que las supuestas «democracias» cambiaran su táctica, reconvertidas a un nuevo fascismo, del que no está escluida ni la derecha o la izquierda. Ejemplos ya tiene la vieja Europa y todos esos que se rascan la barriga, entrarán a saco en las filas de las organizaciones de esos flautistas de Amelín, propagando sus verdades y el nuevo orden. Es un cuento tan viejo como la vida misma.

    Emili Justicia

  • el 23 marzo 2019 a las 20:22
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    Hannah Arendt va vore en eixe concepte de «lo social» quelcom d´abominable. L´ascens de «lo social» va suposar la perdua i absorció dels mons privats i públics dels antics per part d´un Leviatán omnimode i alienant, la societat . Lluitar contra eixe Leviatán – tot i que condemnat al colapse natural- sembla tasca de titans o quijotes. Però, fugir del seu influx encara és possible. Fugir i crear. Salutacions cordials.

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