Tempus fugit, tempus fuck it

La Veranda de Rafa Rius

El tiempo huye raudo y lo jode todo. Convierte nuestro presente en pasado a una velocidad de vértigo, y transmuta en paisaje desolado los más frondosos oasis. Las que hoy se presentan como verdades incuestionables y trascendentes, mañana serán viejos axiomas olvidados. De ser cierto, como nos propone Wittgenstein, que “todo lo que puede ser descrito, puede suceder” ( hasta lo más improbable, cabría matizar) a partir de esa proposición, nos arriesgaríamos a conjeturar que lo que hoy nos parece utópico, mañana podría formar parte de nuestra cotidianeidad.

Tomando como punto de referencia el hecho de que las personas somos animales sintácticos a los que el lenguaje configura, la combinación verbalizada de anhelos, recuerdos, miedos, deseos… se organiza en laberintos en los que nos perdemos, nos encontramos y nos volvemos a perder… Cuando todo ello lo extrapolamos al mundo de las ideas en lo social, es decir, a las ideologías, nos encontramos con la eventualidad de ignorar el efecto del transcurso del tiempo que pasa a través de ellas, con el riesgo de obviar el hecho de que las ideologías, como hijas del tiempo, son contingentes, cambiantes y en buena parte efímeras. ¿Cómo formularían su pensamiento Marx o Bakunin en el seno de la sociedad cibernética? Seguramente podemos aventurar que lo harían con notables diferencias respecto a su primitivo discurso. Tan sólo los dinosaurios de cualquier ideología permanecen inasequibles al desaliento con su fe inmutable en unas estructuras ideológicas fosilizadas, ancladas en un pasado inexorablemente pasado.

Y eso vale para los fascismos de toda calaña con su apolillado discurso sobre la familia, la patria, el catolicismo rancio y el liberalismo económico más extremo -sólo cuando sirve a sus intereses… pero también vale lamentablemente para ciertas ortodoxias libertarias que se mantienen aferradas a unos tiempos históricos míticos que, si bien aportan valiosas experiencias y en muchos casos representan ejemplos a seguir, es porque nos proporcionan un género de conocimiento que no puede ser útil sino debidamente contextualizado en un presente muy distinto y distante.

En el último cuarto de siglo, se ha producido en nuestras sociedades una aceleración tal en la percepción del paso del tiempo y en el proceso de cambios de todo tipo, que resulta difícil encontrar puntos de referencia con un mínimo de estabilidad y permanencia. La obsolescencia programada no sólo afecta a todo tipo de cachivaches más o menos electrónicos sino también a buena parte de las ideas y estructuras políticas que conforman nuestro mundo. Partidos recién nacidos que a los cinco años de existencia ya huelen a naftalina junto a otros con más de cien años de vida, a los que ya no reconocerían ni aquellas personas que los fundaron.

El tiempo, conejo implacable, va royendo nuestras vidas y nuestras experiencias, dejándolas desdibujadas para el recuerdo. Quizás nuestra única alternativa sería el subirnos a su carro desbocado y aceptar su ritmo vertiginoso. Seguramente no nos queda otra.

Porque sólo los dioses fueron concebidos para permanecer al margen del tiempo y como es bien sabido, los dioses no existen.

3 comentarios sobre “Tempus fugit, tempus fuck it

  • el 18 febrero 2019 a las 14:54
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    Però els déus són obra dels humans i per tant «humanos, demasiado humanos». Deia Heidegger a la fi de la seua vida que sols un Déu podrà salvar-nos. Potser eixe Déu observe que el pensament llibertari és el darrer baluard que li queda al vell i veritable socialisme huitcentista. Potser eixe aspirant a Bakunin cibernètic del XXI llegirà a Latouche, Heinberg, Bookchin, Arendt, Butler, Newman, Taibo o Graeber per descubrir que el futur serà retornar al passat. Salutacions cordials.

  • el 19 febrero 2019 a las 1:08
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    Un ácrata en camiseta

    No todos los idividuos son sintácticos ni los configura el lenguaje. Al hombre, lo mismo que a la humnidad en su conjunto la configura la acción y la idea racionalizada; Tomese como ejemplo el primer tipo que talló un hacha de silex, no lo hizo a partir del lenguaje. Lo hizo a partir de una idea razonda y llevada a la práctica. El lenguaje es la muleta que sirve para comunicar con el resto del grupo, o con el resto de la humanidad el hallazgo de semejante descubrimiento. De igual manera y no de otro modo, se fue costruyendo el triangulo equilatero o el número pi como conceptos indiscutibles y vamos configurando «Nosotros» nuestro entorno. El hombre, como mucho aprende de experiencias propias o ajenas y el lenguaje juega un segundo lugar, un lugar importante, pero subalterno respecto a la acción que si es transformadora. Este es nada más que una tecnología o herramienta de la que nos servimos para interactuar respecto a nuestros semejantes. Por tanto; el lenguaje no nos configura, somos nosotros los humanos los que configuramos el lenguaje, es este el que siempre estará al servicio de la humanidad.

    Respecto al futuro poco se puede vaticinar por ser este incierto en extremo. Lo que si se puede hacer es hacer un juicio de valor del presente, e incluso hacerlo condenatorio. El movimiento Libertario se encuentra mucho más perdido que Teseo en el Laberinto, con el inconveniente de que Ariadna le escamotea el ovillo de hilo y lo abandona a su suerte. El tiempo no solo jode, sino que también atormenta, por ello Teseo, es decir ; el movimiento Libertario se halla a dia de hoy abandonado del lenguaje, de las ideas, pero sobre todo de toda acción posible que le posibilite el construir una simple hacha de silex. Cuanto menos ocupar espacios que le haga crecer como personas, pues se encuentran muy cómodos en el sistema, excluyendo honrosas excepciones.
    Otra cosa: Las ideologías matan, porque estas son siempre la expresión de la impotencia, el espectáculo y la manipulación y quienes se amparan en ellas lo hacen desde el fracaso y la cobardía.

    Emili Justicia

  • el 20 febrero 2019 a las 13:02
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    Amén.

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