Ned Ludd in memoriam

La Veranda de Rafa Rius

“ …Noche tras noche, cuando todo está quieto

y la luna ya ha cruzado la colina

marchamos ha hacer nuestra voluntad”

(Himno luddita)

Principiaba la segunda década del siglo XIX y en la Inglaterra de los comienzos de la llamada Revolución Industrial crecían ciudades como Manchester o Liverpool que empezaban a contar con grandes concentraciones fabriles, sobre todo del textil, y que se extendían por los condados de Nottinghamshire, Derby, Lancashire y York. Fue en aquellas industrias, donde las nuevas máquinas de vapor para mover los telares iban desplazando a una mano de obra ya de por sí precaria y explotada, conduciéndola a la más insoportable miseria.

En ese contexto en el que la clase obrera empezaba a organizarse, surgió un movimiento conocido como los ludditas, a partir de un líder imaginario -Ned Ludd- fantasma inventado ex profeso para confundir a las autoridades militares que habían destacado un ejército de 10 000 soldados para perseguirlos. La actividad de los ludditas se centraba en la destrucción a mazazos de las máquinas de vapor que los condenaban al paro y a las penurias de la pobreza más extrema.

Los hechos duraron apenas dos años y pronto fueron olvidados de manera nada inocente hasta por los propios líderes del incipiente movimiento obrero. Eran acusados de destruir y no construir, de caminar en contra del progreso, de ser, en suma, unos reaccionarios, en unas críticas en unos casos interesadas y en otros fruto de los prejuicios y la ignorancia. Su erradicación resultó tan difícil por dos razones: en primer lugar porque estaban fuertemente insertados en una población que los protegía y los escondía cuando era necesario y en segundo lugar porque era una organización sin líderes –su único líder era una pura invención- lo cual dificultaba su descabezamiento. Porque además, para pasmo de sus adversarios, su objetivo no era la conquista del poder sino dar testimonio ético y social de una situación insoportable.

Dos años de lucha, más de mil máquinas destruidas, seis fábricas quemadas, más de 100 000 libras de pérdidas para los patronos… Quince ludditas muertos, trece enviados a Australia y otros catorce ahorcados ante el castillo de York… y poblaciones enteras aprendiendo a resistir y luchar. Ese sería el resumen apresurado de una lucha que pretenden olvidada.

No obstante, más allá del olvido, los ludditas demuestran que el capitalismo sólo puede ser golpeado con efectividad allí donde más le duele que es en sus plusvalías, en sus márgenes de beneficio. Los dueños del capital pueden soportar todas las controversias teóricas que hagan falta, pero en cuanto les tocan el bolsillo, se acabó la fiesta.

Nedd Ludd, o de cómo la memoria de una persona que no existió, nos muestra aún hoy -ahora que la situación de los explotados ha retrocedido en muchos casos a extremos que nos recuerdan los comienzos de la Revolución Industrial- uno de los pocos caminos posibles para la lucha contra los mercados y el capital y por la dignificación de los trabajadores.

Un comentario sobre “Ned Ludd in memoriam

  • el 9 enero 2019 a las 22:57
    Permalink

    Un Ácrata en camiseta
    Indudablemente Lo que verdaderamente podría o puede hacer daño al capital es el asalto a los medios de producción como propiedad de una minoría, pero, ¿quién le pone en cascabel al gato, quién requisa su bolsa y quién o quienes cambian el rumbo en esa manera de producir tan patológica y que se conoce como sus beneficios o plusvalías?

    Otra cosa distinta es la mecánica de ese subterfugio llamado «los mercados» no existen los mercados; lo que mantiene al sistema es el Mercado en singular. El Mercado es como si se tratara de una partida de póker entre fulleros, son los Estados según su poderío en el marco internacional, los que participan de uno en uno y según su poderío militar e industrial, exigiendo y tomando la parte que cree corresponderle de ese Mercado que siempre fue único y donde hay uno no caben dos. Otra cosa que sin ser distinta es el papel que juega el Estado más industrial, más poderoso y más beligerante en las cuestiones de la economía y la confrontación territorial. Es decir: los imperios son quien o quienes deciden y ventilan el reparto de la riqueza, sea esta desde el expolio, la estafa o el estado de sitio, es decir: las sanciones económicas, el bloqueo comercial y otras lindezas por el estilo. Repito; no existen los mercados. En el siglo dieciséis y todo el diecisiete, las leyes de ese Mercado las dictó la corona española a través de su imperio y de su legalidad. A partir del XVIII fue el imperio inglés quien le tomó el relevo al español y a partir de la guerra de Cuba de 1898 fueron los Estados Unidos quienes manejan la batuta en esto que conocemos como capitalismo.

    Los trabajadores están tan sumamente contaminados del espíritu del capitalismo, que difícilmente pueden conocer el mecanismo de esa ratonera que el capital nos pone, como si de las albricias de un regalo fuera, al estilo de un caballo de Troya. Otro vicio adquirido de la clase obrera es que, siendo una clase subalterna y explotada, tiene reseteada su mollera hasta el punto de ser capaz de sacrificar su verdadera identidad de obrero o trabajador explotado, por las falsas identidades catalana, vasca , andaluza, gallega y claro; defender el escudo de España con sus cuatro barras o el ratón Mickey tanto da, como tanto da celebrar el día de Andalucía rememorando la época califal o la reconquista de Granada en el año 1.492. Cuando se cae en esas tonterías que tanto se asemejan al misterio de la santísima trinidad, qué se puede esperar de una clase obrera que está abrumada y saturada de falsas identidades. Está esta tan sumamente ciega que no se para a pensar quienes orquestan esos mitos identitarios ni les importa. Mientras no se corrija semejante patología, perded toda esperanza: estáis condenados al «Paraíso Capitalista». La dignidad es verde y se la comió un burro…

    Emili Justicia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies