La Veranda de Rafa Rius
Ahora que ¡Por fin! contamos con un “nuevo” y flamante gobierno de nuestro querido e inefable presidente Mariano Rajoy, parece que algunos de los más significados líderes de la autodenominada izquierda, han coincidido en una discreta autocrítica, señalando que en tiempos históricos muy recientes, esas autoproclamadas izquierdas se lo podían haber hecho algo mejor… Pues eso: ¡A buenas horas mangas verdes!
Siempre caen del guindo de sus estupideces cuando ya no hay remedio. Entretanto, se dedican afanosamente a descalificarse con las mayores burradas y a cerrar el paso a cualquier forma de posible entendimiento. Pedro Sánchez, hasta que fue descabalgado de la secretaría general, se había dedicado a repetir hasta el aburrimiento, el mantra del populismo de Podemos y su inaceptable filiación chavista y bolivariana; ahora Pablo Iglesias es su amigüito del alma y lamenta en entrevista famosa, no haberse dado cuenta cuando aún estaba a tiempo. Por su parte, Podemos, no había querido saber nada de un partido de la “casta” como el PSOE hasta que vislumbró la posibilidad de formar parte de un posible gobierno; desde entonces, no para de ofrecerse desinteresadamente para formar una coalición “de progreso”. Tal vez, las personas que se consideran de izquierdas no sean tan tontas y maleables como algunos quieren creer y bastantes de ellas, empiezan a estar más que hartas de tanto mamoneo.
En cambio, las derechas de nuestra muy amada España, siempre lo han tenido claro. Por no remontarnos más que a los tiempos de la 2ª República, la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) sería una Confederación, serían Autónomas, pero lo que más fueron, era Españolas y de Derechas. Durante la larga barbarie franquista, las distintas Falanges, el Opus Dei o los Requetés Tradicionalistas eran furibundos enemigos, pero tenían claros sus intereses comunes y su pertenencia a un partido único. Desde el 76, tras un breve periodo de dualidad de las derechas entre UCD y AP, apareció el PP con sus gaviotas azules y, a pesar de odios y disensiones múltiples, nadie ha osado cuestionar la unidad del partido.
Las consideradas izquierdas, por el contrario, salvo los cinco meses del Frente Popular en el 36, nunca han conseguido aparecer unidas, ni siquiera en una coalición coyuntural. A partir del año 75, por poner un ejemplo, existían al menos cinco partidos, sólo entre los de filiación más o menos troskista (POUM, PORE, LCR, POSI, PTE…) A pesar del intento de reagrupamiento de 1986 por parte de IU, desde el primer momento, la Izquierda estuvo cualquier cosa menos Unida. Y así, hasta ahora mismo.
En un contexto sociopolítico como el actual en que la capacidad de decisión última reside lejos de los Parlamentos, tampoco importa demasiado quienes son los actores y actrices que representan la tragicomedia parlamentaria, pero, dado que aún existen muchas personas de buena fe -quizás excesiva- que todavía piensan, a pesar de las evidencias y tras las interminables y aburridas sesiones en las Cortes, que aún queda algún pescado por vender “en sede parlamentaria”, sería bueno que por una vez, los políticos que dicen habitar esa nebulosa región, de difícil cartografía, llamada izquierda, pensaran de cuando en cuando en sus votantes y les dieran una alegría poniéndose de acuerdo y, a ser posible, cuando aún estén a tiempo de solucionar el desaguisado.
Ahora, su arrepentimiento sirve de bien poco, como de costumbre, se les ha pasado el arroz.








































