Llamando -sin respuesta- a las puertas del cielo

La Veranda de Rafa Rius

imgres-3-1“Nadie se mueve, apenas nada me conmueve ( )
Otro migrante que muere en el más estricto olvido
Otro recorte que huele a podrido”
Los chikos del maíz – Llamando a las puertas del cielo.

Además de los baños de mar (muy recomendables) hay también quien se da baños de realidad (también muy recomendables)

Érase una vez en eso que llaman España, un grupo político novato y parlamentario que decía no ser de izquierdas ni derechas, maldecía a los partidos de “la casta”(1) (todos menos ellos) y proclamaba a los cuatro vientos que había que “tomar el cielo por asalto”. Andando el tiempo, sus dirigentes rebajaron notablemente los planteamientos -se dieron lo que para ellos era un baño de realidad- admitiendo que tal vez sería mejor dejarse de asaltos y acceder al cielo “llamando al timbre”.

Habían empezado recogiendo los restos votantes del naufragio del 15M y conformándose a través de una estructura horizontal, asamblearia y descentralizada que denominaron “círculos”, formados en grupos de afinidad (profesiones, pueblos, barrios…) Ese tipo de estructura, llegó a ilusionar a un número considerable de personas luchadoras que pensaron que esta vez sí, ésta era la buena, por fin alguien había captado sus deseos y necesidades… Pero poco a poco, este globo de esperanza fue desvaneciéndose, devino un espejismo alucinado: el centralismo autoritario y piramidal se fue imponiendo y los círculos fueron esfumándose entre las nieblas del olvido. Entretanto, migrantes, recortes, precariedades múltiples, pasaron a un segundo plano ¡Qué más da! ¡Lo esencial era entrar en la mejor situación posible en el cielo de la Carrera de San Jerónimo! Mucha gente abandonó asqueada la partida o caminó en otras direcciones, con la enojosa sensación de haber sido una vez más estafados por los que suponían ser de los suyos.

Así las cosas, en junio de 2016, tras el segundo sainete electoral y la consiguiente pérdida de un millón de votantes, las cabezas supuestamente pensantes de la cúpula dirigente de lo que para entonces ya era un partido político al uso, decidieron, tras concienzudos análisis, que el problema había estribado en su excesiva radicalización. Para solucionarlo, se trataba tan sólo de conectar mejor con aquellos misteriosos ciudadanos que habitan la “centralidad del tablero”, mítica región del espectro político, objeto del deseo electoral de tirios y troyanos y en la que al parecer residen las claves de cualquier victoria en cualesquiera comicios. Para conseguir tan preciado objetivo, acabaron – manu militari – con los restos izquierdosos y horizontalizantes de las antiguas fórmulas organizativas, en las que al parecer se encontraba el principal obstáculo para su ascensión a los cielos parlamentarios.

Siento disentir de lo conjeturado por tan lustrosas cabezas. En las abarrotadas regiones centrales del tablero hay overbooking y la lucha encarnizada por el territorio entre las distintas facciones es tan cruenta como improductiva. En ellas ya no queda ni una diminuta pescadilla por vender. Lo único que podría salvar a la formación morada de seguir pasándolas cada vez más moradas, es que los círculos circulen de nuevo, es decir, una vuelta decidida a sus orígenes asamblearios que constituían el único factor diferencial e ilusionante para todos aquellos indignados que aún creen en las virtudes taumatúrgicas de los Parlamentos.

La cuestión es si todavía están a tiempo de volver donde solían. Mucho me temo que no. Quien sabe, ya no puede dejar de saber. Quien confía y es defraudado, es difícil que vuelva a confiar. Entretanto, sus líderes siguen golpeando con los nudillos, discretamente, las puertas del cielo, sin tomar en consideración el hecho de que el cielo al parecer no existe, ni como ente metafísico ni tan siquiera como metáfora.

¡Otra vez será!

(1)Todos los entrecomillados son citas literales

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