La Veranda de Rafa Rius
En 2016 se cumplen 100 años del primer manifiesto Dadá. En Zurich, en plena Guerra Mundial, Hugo Ball y Tristán Tzara crean al Cabaret Voltaire y publican los primeros manifiestos y textos dadaístas que supusieron una auténtica bofetada al “buen gusto” burgués de la época. Su impacto propició años después la aparición del movimiento surrealista así como a principios de los años sesenta la creación de otro colectivo de artistas, seminal en la historia del arte contemporáneo: el grupo Fluxus. El eco libertario de dadá ha llegado con fuerza a nuestros días, impregnando y fecundando los más diversos campos de la cultura. Frente al absurdo terrible de la Gran Guerra, la contestación, sólo aparentemente absurda, de Dadá. Gestos y acciones como provocación abierta al orden sociopolítico establecido. Jean Arp, Marcel y Suzanne Duchamp, Emmy Hennings, Hans Richter, Guillaume Apollinaire y bastantes otros, abrieron un camino de libertad que todavía transitamos. Valga como recuerdo y homenaje el texto del primer manifiesto dadá, para dar cuenta de lo que supuso y comprobar su vigencia.
Manifiesto dadá :
Dadá no significa nada.
Una obra de arte nunca es bella por decreto, objetivamente y para todos.
El principio “ama a tu prójimo es una hipocresía.
Yo hablo siempre de mí porque no quiero convencer. No tengo derecho a arrastrar a nadie a mi río, yo no obligo a nadie a que me siga.
Toda obra pictórica o plástica es inútil; que por lo menos sea un monstruo capaz de dar miedo a los espíritus serviles.
Un cuadro es el arte en que se encuentran dos líneas geométricas que se ha comprobado que son paralelas.
Amo una obra antigua por su novedad. Tan sólo el contraste nos liga al pasado.
La filosofía, he ahí el problema: por qué lado hay que empezar a mirar la vida, dios, la idea y cualquier otra cosa. Todo lo que se ve es falso.
bumbúm, bumbúm, bumbúm.
La plenitud del individuo se afirma a continuación de un estado de locura, de locura agresiva y completa de un mundo confiado a las manos de los bandidos que se desgarran y destruyen los siglos.
Toda forma de asco susceptible de convertirse en negación de la familia es dadá.
La protesta a puñetazos de todo el ser entregado a una acción destructiva es dadá.
Libertad: DADÁ, DADÁ, DADÁ, aullido de colores encrespados, encuentro de todos los contrarios y de todas las contradicciones, de todo motivo grotesco, de toda incoherencia: LA VIDA.
Tristán Tzara
Dadá nace en el contexto terrible de la 1ª Guerra Mundial.
Pasa la Segunda y surge Fluxus al principio de los Happy Sixties.
Cien años después de dadá estamos inmersos en la 3ª Guerra Mundial.
La 3ª Guerra Mundial es tan sangrienta y devastadora como las dos anteriores.
Los que provocan las guerras ya han aprendido y la devastación sigue siendo monstruosa pero cualitativamente diferente.
La actual Guerra es directa y brutal en algunas zonas, bastante más solapada en otros lugares y en muchos casos subliminal pero igualmente destructiva.
La gente que sufre condiciones de vida infrahumanas crece exponencialmente.
Las sociedades actuales caminan hacia su autodestrucción junto con la del planeta que las cobija.
El arte, de una u otra forma, suele ser reflejo de la sociedad donde es creado.
Una sociedad de valores perturbados requiere un arte perturbado.
La locura social propicia la locura en el arte.
Sólo desde la aparente locura se pueden entender tantos y tantos delirios.
Dadá no se presenta a las elecciones.
Dadá es más necesario que nunca.
Dadá vive.








































