Con flores a María

La Veranda de Rafa Rius

imgres-6Un marzo ventoso y un abril muy poco lluvioso, sacan a pasear un mayo florido y hermoso. La primavera revienta de azahares y campañas preelectorales. El invierno nos deja y el Día de la Marmota Electoral instala entre nosotros un bucle de déjà vus incesantes que nos roban la poca perplejidad que nos quedaba en reserva.

Entretanto, los grandes gurús de la manipulación informativa, se obstinan en convencernos de la existencia de una actualidad exuberante, repleta de noticias novedosas e ilusionantes. Nos racionan la información en píldoras cotidianas para que no se nos indigeste y de paso rentabilizar el negocio adecuadamente: “-Hoy la cosa no da “pá ná má”, mañana habrá más famoseo en los papeles de Panamá”, “-Noticia de última hora: hemos descubierto que hace diez años… hace diez años que lo sabíamos pero no interesaba contarlo. ahora sí.” Etc, etc.

Los gloriosos políticos vintage de la “nueva política”, apolillados y decrépitos fantasmones, prematuramente envejecidos en su discurso aunque convenientemente maquillados y para los que no existe la autocrítica porque el culpable siempre es el otro, buscan desesperadamente nuevas tramas con las que urdir dos meses interminables de campaña en los que saben de sobra que poco o nada les queda por decir. Así que, de momento, se dedican a repetir una y mil veces un argumentario más que previsible, banal y tramposo del que no se apartan ni un ápice y que no por sabido resulta menos enervante. Si a todo ello le unimos el coro plañidero de tertulianos que pululan por las grandes cadenas de radio y tv., la mayoría de ellos inasequibles a la duda, teniéndolo todo muy claro y con soluciones infalibles para todos nuestros males… vemos como se va conformando ante nuestros ojos atónitos un paisaje intransitable, tan patético como real. ¡Que no nos pase nada, porque vaya primaverita nos espera!

Por cierto, en mi lejana pubertad franquista, los curas omnipresentes se empeñaban en que el mes de mayo fuera el mes de la llamada Virgen María y había que llevarle flores. Yo tenía a la sazón una amiga que se llamaba María de la que andaba perdidamente enamorado y que estaba firmemente decidida a seguir siendo virgen. Visité campos y parterres y reuní un bonito ramo de flores, por si lograba con ese detalle sentimental vencer su resistencia. Allá que me fui con flores para María. Huelga insistir en mi fracaso: María siguió siendo virgen por tiempo indefinido.

Seguimos abonados al desastre, pero en primavera reina por doquier, el eterno engaño del eterno retorno: todo puede recomenzar, todo puede llegar a ser posible. Enfrente, la evidencia inexorable: seguimos donde solíamos mientras el tiempo fluye siempre hacia otros horizontes. Pasará la primavera, pasará el solsticio de verano, pasará eso que llaman “elecciones” y seguiremos en las mismas.

Un poco más viejos.

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