La Veranda de Rafa Rius
Hermana grande del Sur, que todas las primaveras lloras sobre nuestros campos y ciudades la arena traída por el viento solano desde tus grandes desiertos desiertos hasta nuestros pequeños desiertos tan poblados por multitudes solitarias.
Tú que has sido esquilmada en tus entrañas sabrosas por los prepotentes Estados del Norte frío, hasta dejar deshacerse en el aire seco tus osamentas peladas. Tú que has llenado sus panzas monstruosas y sonrosadas con tus hambrunas sin esperanza. Tú que has soportado estoica las limosnas culpables, las intervenciones inoperantes de la mala conciencia de tantos imbéciles sin fronteras. Tú que viste nacer la vida humana y que todavía la conservas fuerte y poderosa entre tus rescoldos supervivientes: ¡Fecúndanos con la mala leche de tu rabia tantos años contenida!
Hermana, madre y padre, hermafrodita sabia: destroza las fronteras con tu falo justiciero. Cumple tu venganza y, de paso, libéranos de tanta estupidez.
Si hace mil quinientos años, el rapto de la decadente Europa romana, llegó del Norte bárbaro, esta vez, el rapto de la decadente Europa del consumismo estéril, de las miserias generalizadas y la mierda elevada a paradigma social, ha de llegar del Sur del Mediterráneo.
No te cortes hermana. Nosotros haremos todo lo que podamos, pero tú, mientras haces en tus casas y en tus tierras las reparaciones necesarias después de tan larga rapiña, instálate en nuestras residencias repletas de alta tecnología comprada con tu sangre y enséñanos a vivir, una vez más.
Enséñanos todo aquello que tenemos tanto tiempo olvidado o que quizás nunca supimos. Enséñanos a disfrutar con calma de los días y las noches, a contemplar serenamente el paso de las estaciones mientras vemos discurrir tranquilo a nuestro lado el caudal del tiempo que nos ha sido dado.
Bienvenida Áfrika, hermana grande del Mediodía: ¡Invade, destruye y crea!
(manuscrito encontrado sobre el banco de una estación de metro)








































