La Veranda de Rafa Rius
¿Windsor, cavendish o fishbone? En cuestiones parlamentarias, el nudo que los señores diputados escojan para su corbata es asunto de capital importancia que determinará el desarrollo de las sesiones. También tiene su relevancia si son calvos, usan peluquín, peinan flequillo, coleta o rastas. Una vez más comprobamos que el Congreso de los Diputados es terreno abonado para la estupidez más desbocada.
Mientras en la sesión inaugural de la legislatura son incapaces de llegar a acuerdos de gobernabilidad que nos permitan al menos no tener que pasar por el tormento de una nueva campaña electoral que sería la séptima en poco más de un año si no me he descontado, que es muy posible, (andaluzas, europeas, municipales, autonómicas, catalanas, generales…) los señores diputados y los medios de “comunicación” que les bailan el agua, andan enzarzados en terribles polémicas indumentarias.
Las señoras diputadas parece que tienen algo más de margen en cuanto a elección de atuendo, pero los caballeros, si no llevan un trapo de colores colgando del cuello de la camisa, son inmediatamente condenados al ostracismo de los piojosos perroflautas populistas antisistema. Ya digo, windsor, cavendish, fishbone o cualquier otro nudo, pero con corbata, por favor. Ya advertía el Sr. Bono en sus tiempos de presidente del Gallinero Parlamentario su agradecimiento a aquellos diputados que demostraban su respeto (¿?) portando el dichoso accesorio.
¿Se podría plantear una situación más idiota y patética? Pues sí. Para completar el esperpento, ya que parece que no tienen nada más importante o urgente en que ocupar su tiempo, podrían dedicarse a elaborar un libro de estilo: zapatos ingleses, italianos o mocasines, preferiblemente con borlitas. Pantalones con raya, nada de vaqueros o similares. Chaqueta, camisa y corbata, nada de camisetas reivindicativas. Prohibidos los foulards multicolores o cualquier otro signo gay, etc… Respecto a los peinados: los que sean calvos, melón desnudo o cortinilla pegada al cráneo, los demás, clásico con raya a un lado, flequillos discretos y sobre todo, nada de coletas y mucho menos rastas que no son más que un nido de insectos. Así sabrían a que atenerse, pero claro, en ese caso, de qué iban a hablar, porque de política no iba a ser…
¡A qué estamos jugando cuando hay tantas personas pasándolo peor que mal a nuestro alrededor, por no hablar de los refugiados y migrantes perdidos, abandonados en las playas del Egeo o caminando bajo la lluvia y la nieve en las rutas balcánicas, soportando temperaturas bajo cero y penurias sin cuento, mientras las autoridades europeas, tras mentir como bellacas, los desprecian, los ignoran o los persiguen y encierran!
Y entretanto, en el Parlamento, y en las tertulias y artículos de los “medios” afines, hablando de corbatas y peinados y del chocolate del loro, o lo que es lo mismo, de pactos, contrapactos y cambio de cromos –Te cambio cuatro ministerios por una abstención en la investidura. ¿Es que no les queda ni un ápice de vergüenza?
Según todos los indicios, no.








































