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Todos somos migrantes

La Veranda de Rafa Rius

veranda223Durante el paleolítico, los seres humanos viajaban a diario hasta 50 Km. para procurar su subsistencia. De entonces acá sólo han variado -en algunos casos- los medios de transporte. En mayor o menor medida, todos hemos cambiado nuestro lugar de residencia para buscarnos la vida. Irnos a vivir al pueblo de al lado o a las antípodas, tanto da: de una forma u otra, todos somos migrantes.

Aquellos que en los años sesenta del siglo pasado escapaban de la miseria de las zonas rurales hacia las grandes ciudades españolas, Suiza o Alemania, son en esencia los mismos que fluyen ahora hacia Europa desde las regiones de un África devastada y esquilmada. Los que escapan en latas de sardinas flotantes de la guerra en Siria o Libia son los mismos que atravesaban los Pirineos huyendo de las masacres del ejército franquista en el año 39 …

Por otra parte, parece que, oteada desde nuestra atalaya, la difícil situación se concentra en el Mediterráneo. El problema en el “Mare Nostrum” (Mare Nostrum: qué sarcasmo) es efectivamente muy grave por la cantidad de zonas en conflicto que se asoman a sus aguas y por los muchos miles de personas que mueren en él o llegan exhaustas a las costas europeas, pero en realidad, ese problema humano de las migraciones y los refugiados se extiende a lo largo de casi todas las latitudes del planeta. Lo que ocurre es que lo lejano, tal parece que no exista y en cualquier caso no perturba nuestra digestión. Por poner sólo un ejemplo: hace algunas semanas llegó hasta nosotros casi por casualidad y de tapadillo, la noticia del terrible drama de los miles de refugiados procedentes de Bangladesh y Myanmar que navegaban a la deriva por el Mar de Andamán en el Océano Índico, naufragando o muriendo de hambre y sed, mientras Indonesia, Tailandia y Malasia, se enzarzaban en una obscena partida de ping-pong a tres bandas para ver quien se hacía cargo del problema. El caso de Indonesia y Malasia es especialmente cruel por cuanto son estados musulmanes y violan así uno de los más sagrados preceptos como es el de la hospitalidad en el Islam, religión a la que pertenecen los náufragos rohingyas, población minoritaria en países de mayoría budista en los que vienen siendo discriminados y perseguidos de manera sistemática hasta el punto de verse obligados a hacerse a la mar con lo puesto. La actitud de los estados musulmanes de la zona vendría a demostrar una vez más por si falta hiciera, el cinismo de una religión que en momentos de grave emergencia muestra su verdadera cara. Ni que decir tiene que lo mismo podríamos decir de los demócratas cristianos europeos y su “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Entretanto y de manera congruente, el señor Valls en Francia o el señor Margallo en España entre otros, ya han declarado que no quieren ni oír hablar de cuotas de refugiados.

El repulsivo y fascistoide planteamiento -“los españoles primero”- apenas logra ocultar la sombra de las largas garras de un capitalismo fundamentalmente pragmático y transnacional: los españoles primero, pero si con una población europea envejecida y los índices de natalidad por los suelos, las necesidades productivas demandan carne fresca destinada a la superexplotación, no dudarán en abrir las fronteras y no mirarán origen, color de piel o pasaporte. Entretanto, si las cifras de desempleo continúan en alza y se bastan con la población local, continuarán con las farisaicas declaraciones retóricas de buena voluntad hacia los que sufren, pero con los CIE, las vallas y las concertinas para que no digan que fomentamos el “efecto llamada”, todo ello en el contexto de un nauseabundo juego de doble moral.

Nadie dice que sea fácil integrar con la dignidad debida a las personas que vienen desde lejos, sobretodo en una situación interna de precariedad y pobreza como la que vivimos, pero en el orden de prioridades de los nuevos tiempos políticos que algunos auguran, sería cuestión de justicia social poner el tema de los migrantes en uno de los primeros lugares de atención preferente.

Los que no creemos en las fronteras no podemos permitir que se hagan distinciones entre las personas por su procedencia.

\ Segueix-nos/

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Un Comentario

  • Ya lo dice el periodista y escrito ARTURO PÉREZ-REVERTE: «ESPAÑA ES EL PARAÍSO DE LA BARBARIE, LA ENVIDIA Y LA VILEZA».

    Cualquier persona puede salir a la calle, cualquier día a cualquier hora, y ver la cantidad de barbarie, de vileza y de envidia que existen, campeando a sus anchas por doquiera.

    No es que en España todo el mundo sea un bárbaro, un envidioso y un ser vil; no es esto lo que dice PÉREZ-REVERTE y que así es; lo que quiere expresar es que en ESPAÑA ni la barbarie, ni la vileza, ni la envidia son perseguidas para ser exterminadas, sino que campan más o menos a sus anchas.

    En fin, salud.

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