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Permanece a(bs)tento al espectáculo

La Veranda de Rafa Rius

veranda abstencionAndábamos en el Ateneo Libertario Al Margen preparando nuestro habitual comunicado de desafección electoral cuando, revisando viejos papeles, nos encontramos con uno de 1989. Lo leímos y nos dimos cuenta que, con ligeros retoques, servía perfectamente para expresar lo que pensábamos de las actuales elecciones. Un cuarto de siglo después y, lamentablemente, seguimos en las mismas. No me resisto a transcribir aquí algunos de sus párrafos que nos puedan servir, tanto para renovar nuestras convicciones abstencionistas como para comprobar la futilidad inexorable del paso del tiempo:

“En pocos momentos de la historia reciente los políticos profesionales han estado más desprestigiados que en la actualidad; sus corrupciones, abusos y desprecio hacia aquellas gentes que los han elegido son hoy más evidentes que en cualquier otra época de nuestra historia reciente. Sin embargo, la ciudadanía acepta con resignación estos hechos y a cada llamada acude sumisa a las urnas, sabiendo que nada va a cambiar y que ningún representante de los que salgan elegidos va a cumplir sus promesas.

No se trata de cambiar de partido, y luego esperar otros cuatro años para retirarle el voto si, como es natural, nos traiciona. No, de lo que estamos hablando es de cambiar el sistema. El parlamentarismo ha tenido suficiente tiempo para demostrar su eficacia y, en realidad, lo ha hecho. Lo que ocurre es que siempre se gobierna en contra de los electores; el poder tiende siempre a perpetuar la injusticia, a perpetuarse. Poco importa que los partidos que ganen las elecciones sean de derechas o de izquierdas, tengan un siglo de historia o acaben de nacer; el resultado inevitablemente será el mismo. ( )

Votar, en esencia, es renunciar a nuestra capacidad de decidir sobre los asuntos que nos afectan como personas libres, depositando la confianza en una candidatura que gobernará en nuestro nombre, pero sin consultarnos jamás, por lo que la mayoría de las veces se tomarán decisiones contrarias a la voluntad de aquellos que los han elegido. ( )

En contra de lo que se dice, la democracia no es el gobierno de la mayoría, ya que los que no votan suelen ser más numerosos que los que votan a cualquiera de los partidos, y los que lo hacen no deciden absolutamente nada; el partido suplanta la voluntad de la minoría que los ha nombrado, el comité confederal sustituye al partido y la ejecutiva decide por el comité, con lo cual el poder sigue estando en muy pocas manos, y estas manos, lógicamente nunca son inocentes ni están limpias. ( )

No tenemos ni queremos disponer de recetas mágicas. Sólo te proponemos que rompas con la sumisa pasividad y allá donde te encuentres: en el barrio, en el aula, en el trabajo, busques a otras personas y te unas a ellas para luchar de la forma más lúdica que encontréis. Declárate, desde hoy mismo, en rebeldía permanente y no dejes tu vida cotidiana, tus derechos y libertades, tus ilusiones y tus sueños, en manos de los profesionales del ilusionismo.

Cuando, en fin, el Parlamento (o cualquier otra institución de gobierno resultante de esas elecciones) demuestra ser una estúpida farsa, totalmente manipulada y mediatizada por el poder ejecutivo -y éste por el financiero- y que sólo consigue hacer bostezar a los leones de la entrada, cuando las cosas se ven así, entonces lo mejor es no participar en la ceremonia de la confusión, lo mejor es no votar(los). ( )

Como los que acampan bajo los puentes húmedos a la entrada de las ciudades, como los que eternizan su locura en los psiquiátricos, como los que purgan su rebeldía tras las rejas del talego, como los hombres-escaparate venidos de África -barato, paisa, barato-, como los que buscan su cena en los contenedores de basura del supermercado o el restaurante, como los inmigrantes que sacan naranja de sol a sol por cuatro céntimos o se pudren en los CIE, como todos esos y muchos más que nos callamos, nosotros no votamos a nuestros explotadores. ¡Queremos decidirlo todo!”

¿A que suena actual? Pues eso: Tanto da que sean municipales, autonómicas o generales: ¡No pasemos de nada!, denunciemos todos los perversos cuentos de hadas con los que pretenden adormecernos, sigamos trabajando en lo nuestro, en nuestras pequeñas luchas cotidianas y reales y dejémonos de embrujos electorales que sólo nos conducirán a una nueva frustración; pero, eso sí: permanezcamos a(bs)tentos al espectáculo.

\ Segueix-nos/

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