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Mercaderes de futuro: ¡Puedo prometer y prometo…!

La Veranda de Rafa Rius

veranda 18Y si cuela, cuela. Vendedores de humo con querencia de futuro, porque el futuro tiene la ventaja de que, dada su incomparecencia en el presente, nadie les puede echar en cara su incumplimiento. En cuanto se acercan los periodos electorales empiezan a montarse por doquier los mercadillos de futuros donde todos los partidos tienen su puesto montao, cual si de la Bolsa de Chicago se tratara:

“¡Nena, cómprame futuro que hoy lo traigo barato. Para ti dos x uno: si me votas, el año que viene te soluciono el paro y el desahucio por el mismo precio! ¡Y de regalo una renta básica y una bajada del IVA! ¡Ah, y crearé tropecientos mil puestos de trabajo para que tengas dinerito fresco y puedas seguir consumiendo!”

El presente cabalga desbocado entre un pasado de memoria histórica convertida por los de siempre en leyenda para adormecer conciencias y un porvenir maquillado de rosa para que el vistoso escaparate -eternamente aplazado- de los logros venideros quede más aparente. A los políticos en campaña les encanta conjugar los verbos en futuro imperfecto: lucharemos… mejoraremos… lograremos… Incapaces de gestionar un presente que les supera, se refugian en el mañana porque lo que aún no ha sido, no les puede quitar el sueño. Confían en que el porvenir se vaya conformando a la medida de sus deseos. Y si no es así, tampoco pasa nada: algo se les ocurrirá cuando llegue el momento, porque su territorio de caza está orientado al futuro, ese futuro que viene y que nunca acaba de llegar.

Desde el punto de vista del pensamiento, el futuro es siempre especulativo y necesariamente basado en conjeturas arriesgadas. Nos reímos cómplices cuando observamos a una pitonisa televisiva pronosticar vaguedades, en cambio, aceptamos lo mismo de buen grado, cuando el futurólogo es un político o el oráculo una de las habituales tertulias-gallinero. Contaminados por las necesidades de un mercado cuya supervivencia depende en gran parte de las prospecciones y el estudio de tendencias y que analiza nuestros patrones de conducta para elaborar sus estrategias de negocio en el futuro, somos proclives a proyectar nuestros anhelos hacia el tiempo por venir y a confundir nuestros deseos con nuestras realidades.

Se vende futuro. Se vende barato por carecer de garantía. No se inquiete. Tan sólo es una cuestión de confianza. Con cara de no haber roto en su vida un plato nos proponen: Créame cuando le cuento mis mentiras größte hüpfburg der welt. Créame cuando le digo que algo o alguien tiene futuro. Obviamente tendrá que esperar para verificarlo: ahí está el truco. No importa, fíese de mí. Para eso me paso las horas muertas mirando el futuro. Créame, he visto Rayos C brillando cerca de la puerta de Tanhauser. En cualquier caso no se aflija, todas estas promesas electorales se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

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