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Sex & drugs & rock’nd roll

La Veranda de Rafa Rius

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La complejidad a menudo inextricable de nuestra sociedad contemporánea, en algunas ocasiones por el contrario, se nos presenta con una sencillez apabullante. Por establecer una hipótesis plausible, cabría conjeturar que la sociedad occidental, desde la antigüedad hasta nuestros días, está claramente regida por Ares-Marte -el dios de broncas, guerras y conflictos varios- como paradigma de los valores masculinos –que no patriarcales, que son dos conceptos que se suelen confundir, siendo radicalmente diferentes. Nuestro sistema económico, sociopolítico y ético, controlado por hombres y por aquellas mujeres que aceptan los valores masculinos sin cuestionarlos, se podría concentrar en dos entornos. Esos dos ámbitos están constituidos por el poder y el dinero, acompañados del miedo y el sexo que son, cada una a su manera, las fuerzas magnéticas que les dan fluidez y los unen. Esos dos estamentos suelen interactuar profundamente imbricados y de manera interdependiente y transversal, pero también en ocasiones pueden funcionar de forma autónoma, dependiendo de cómo actúen en ellos esas fuerzas magnéticas que los condicionan. Presentan numerosos territorios de intersección, pero también otros en los que actúan por separado. Los conceptos de Poder y Dinero suelen contar de ordinario con un alto grado de sinonimia, pero habría que matizar sus múltiples y sutiles diferencias: no son necesariamente recíprocos. Podemos aceptar que el dinero proporciona poder pero no siempre el poder da acceso inmediato al dinero.

Quizás se entienda mejor con ejemplos: comúnmente se acepta que los directivos de los grandes grupos financieros tienen voz y voto en la toma de decisiones políticas, cuando no directamente, proceden a dictar las órdenes oportunas a los políticos en el poder. Estos autoproclamados “servidores públicos” en el ejercicio de un cargo, detentan diversas formas de poder, pero no siempre esa facultad decisoria y la responsabilidad que conlleva, se corresponden a su juicio con una adecuada compensación económica por sus desvelos, así que, teniendo a su alcance las sustanciosas cuentas públicas, no dudan en esquilmarlas para paliar lo que ellos consideran una inadecuada recompensa a su trabajo. Cuando la familia Pujol lleva cuarenta años robando millones de euros -presuntamente, claro- del dinero que supuestamente es de todos, ellos no lo consideran algo grave y éticamente repugnante, simplemente es un comportamiento inadecuado, porque, en un lapsus comprensible y disculpable, se les pasó declararlo a Hacienda. En ningún caso se sienten culpables por las mordidas y tantos por ciento con los que alimentan sus bien nutridas cuentas, al considerar que no han sido pagados con la debida generosidad por su trabajo de lacayuelos del poder financiero. Profundamente nacionalistas y feligreses de la Patria Catalana, son también profundamente sabedores de que el dinero no tiene patria ni matria y si en Suiza o Andorra les da más réditos y no paga impuestos, allá que se van con sus cuentas suculentas y a la patria catalana, que le den. Como decía un amigo, “el dinero es mierda pero sirve para dar la medida exacta de quién es quién”, o como sostenía Groucho: “Si quieres saber si alguien es honrado, pregúntaselo. Si te dice que sí, es que es un corrupto”. Los cientos de casos de Pujoles de todos los colores que a todo lo largo y ancho de eso que llaman España, entre vehementes declaraciones de inocencia, han robado durante décadas con total impunidad ingentes cantidades de dinero público, mientras los servicios sociales más elementales estaban bajo mínimos, demuestran más allá de toda duda que las relaciones incestuosas entre dinero y poder son totalmente amorales, es decir, están más allá del ámbito de cualquier planteamiento moral. Al fin y al cabo, la ética no cotiza en bolsa ni devenga beneficios. En cualquier caso, juntos pero no revueltos, mantienen entrambos el adecuado control de un statu quo que les beneficia y del que no están dispuestos a apearse.

¿Quién va a poder -y querer- detener tanto latrocinio?

Ya digo: Sexo, drogas y rocanrol… ¡Y que no decaiga!

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Un Comentario

  • ElProfesorBacterio.

    No sé, tengo mis serias dudas de que haya tantísima amoralidad, corrupción, ladronismo, latrocinio, criminales-torturadores-terroristas sociales, etc., etc., etc.

    Tengo muchas dudas de que todo eso sea así.

    Podrá oler a mierda, a capitalismo-terrorismo, genocidio, etc., que yo no lo niego que huela a todo ello, pero de ahí a decir que es así…, eso tendrán que demostrarlo los tribunales de esta gran democracia que entre todos nos hemos dado y blablablá.

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