La Veranda de Rafa Rius
Si aceptamos con Bajtín que el cronotopo (interrelación de conexiones entre el espacio y el tiempo) es una categoría de análisis generada por la materialidad del mundo, en gran medida objetiva y en cualquier caso desvinculada de cualquier a priori relacionado con la conciencia del sujeto, podremos extrapolarla de la física y ver si nos sirve de algo en la exploración de nuestro contexto social de ahora mismo.
Bajtín era lingüista y utilizó la noción de cronotopo para diseccionar determinadas relaciones espacio-temporales en el campo de la literatura, pero, dado que en bastantes ocasiones la realidad parece plagiar al arte, intentaremos revisar algunos de los acontecimientos que nos suministra la actualidad como si se tratara de una novela histórica encuadrada en los ejes de nuestro aquí y ahora.
Y ahora mismo, en eso que llaman España, los cronotopos –esos ámbitos de intersección entre el espacio y el tiempo- andan con sus ejes notablemente desajustados. En algunos casos suceden en nuestros lugares de actuación, acontecimientos que parecen pertenecer a momentos perdidos en el tiempo del pasado. En otros, cuestiones muy actuales se muestran en cambio, impropias de sociedades como la nuestra.
En efecto, determinados sucesos puntuales parecen sufrir un pronunciado desajuste en sus ejes de coordenadas, de tal manera que presentan acusados anacronismos: el eje del lugar permanece pero el tiempo sufre pronunciadas regresiones. Sería el caso de la nueva Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo (vaya nombrecito) que nos obliga a un salto de eje temporal hacia atrás no sólo de 20 años, abandonando un sistema de plazos homologado en la mayoría de países de nuestro entorno, sino que nos retrotrae a las épocas más oscuras del nacionalcatolicismo más rancio donde las leyes eran dictadas al poder político por obispos de casposas sotanas, que volcaban en las leyes las secuelas de sus graves traumas sexuales.
Otro caso similar sería el de las llamadas Ley Fernández y Ley Wert. La Ley de Seguridad Ciudadana perpetrada por el opusdeísta ministro Fernández, ya ha sido tachada por el comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, de desproporcionada al ir en contra de los derechos de reunión y manifestación y contemplar sanciones de hasta 30 000€ por “ofender a España” (¡Cielos! ¿Quién será esa señora tan susceptible?) y que de nuevo nos arrastra hasta los tiempos de la Brigada Político Social del franquismo. Por lo que se refiere a la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa del ministro Wert, también esconde tras los eufemismos de su pomposo título, un intento descarado y nada sutil de llevarnos hasta las aulas de escuelas y universidades de un pasado no tan remoto, presididas por una cruz y un “caudillo” y con una consigna clara: la educación para quien pueda pagarla.
Por lo que se refiere al desajuste espacial bastará con un ejemplo. Los sucesivos recortes y “reformas laborales” van encaminados -de manera tan evidente que ni siquiera se molestan en negarlo- a que las condiciones de trabajo en el Estado español sean similares a las de Alemania, obviando el hecho notorio de que, como todo el mundo sabe, España no es Alemania, que queda un poco más al Noreste. Lo que no nos dicen es que Alemania, esa locomotora europea que nos va a sacar de la “crisis”, campeona en exportaciones y en beneficios bancarios, es también el país de los siete millones de “minijobs”, de los ancianos de setenta y muchos años trabajando a diario para poder llegar a fin de mes y de una situación sociolaboral que dista de estar clara, como demuestran los recientes sucesos de Hamburgo.
Así las cosas, en una situación de precariedad insoportable, pobreza, desigualdad exponencialmente creciente y pérdida generalizada de nuestros derechos, en un contexto que sin ser excesivamente alarmistas, podríamos calificar de preapocalíptico, bueno sería olvidarnos de metáforas baratas y eufemismos tramposos y dedicarnos a luchar día a día por enderezar los ejes de nuestro cronotopo y recuperar nuestros perdidos derechos, pensando que un paso atrás nos puede servir para otear el horizonte, tomar impulso y saltar de una vez hacia delante.
De paso, también sería bueno que olvidáramos los cantos de sirena afónica de tantos partidos y partidillos que al calor de cualesquiera elecciones nos quieren vender la burra y llevarnos a su huerto con el sobado pretexto de que esta vez sí, ¡Ésta es la buena!
Pero eso, me temo que es otra historia y debería ser contada en otro cronotopo.









































