¿Pescamos con red o caña? (El caso de las redes sociales)

La Veranda de Rafa Rius

“El reto que tenemos es entender cual es el valor de negocio de las redes sociales para incorporarlas al mundo empresarial”
Responsable de IBM España (escuchado en TVE)

Efectivamente: la clave para entender toda la movida que se ha montado en torno a las llamadas redes sociales en Internet es, como casi siempre, el volumen de negocio que suponen.

Puestos así, tal parece que el concepto de redes sociales se haya inventado en Internet. Pues parece ser que no. Si entendemos por red una estructura social de personas conectadas por uno o más tipos de relaciones (sexo, amistad, parentesco, ideología, intereses profesionales, económicos…) seguramente nuestros antepasados prehistóricos ya establecieron sociedades de apoyo mutuo para la caza, en la Edad Media florecieron los gremios y ya en el XIX, los liberales se juntaban con los liberales, los libertarios con los libertarios y los caciques con sus colegas en sus “Círculos de Labradores”, sin olvidar en el S. XX los clubs de fans de Ráphael o Julio Iglesias. No, las redes sociales no son un invento de Internet, pero aquí, sí tienen tres características principales que las diferencian de sus antepasadas:

1. Su carácter virtual: En la Era Preinternética los miembros de una asociación de cualquier tipo, solían conocerse personalmente, se trataban, se tocaban… en la Era Cibernética todos los contactos se establecen a través del ciberespacio, habiendo desaparecido casi por completo las relaciones personales con contacto visual o táctil directo. Son relaciones frías mediatizadas por la intermediación de un determinado programa y una máquina que lo gestiona.

2. Su carácter global: Las asociaciones en la cultura analógica, solían ser de ámbito local o al menos se movían en un espacio geográfico controlable por sus miembros: cuando en el s. XIX Fanelli vino a la península ibérica a traer la buena nueva de la Internacional visitando distintas asociaciones obreras, sabía que tenía que aprovechar el tiempo porque no podía –literalmente- estar viniendo cada dos por tres. En el ciberespacio, estando conectado, tanto da que estés entre Pinto y Valdemoro como al Sur de Madagascar. La deslocalización es la regla. Aquello de “piensa global, actúa local”, aún siendo deseable y conveniente, se revela complicado.

3. Su carácter elitista y excluyente: Los cientos de millones de personas que en todo el mundo se encuentran en situación de extrema pobreza con gravísimos problemas de subsistencia, obviamente no pueden acceder a otra red –y con suerte- que no sea la de pescar. Preguntemos en Haití, Sudán o en la larga cola del comedor de la beneficencia de cualquiera de nuestras ciudades cuales son sus prioridades. Ignoran qué pueda ser Internet y, en cualquier caso, no es su problema más acuciante.

4. Su relación con el dinero: Mientras la práctica totalidad de las redes sociales de la Antigüedad (es decir, 20 años atrás) no tenía una finalidad directamente lucrativa, no producían beneficio económico en si mismas, Facebook, Twitter, hi5 o myspace –sólo por poner algunos ejemplos- crecen exponencialmente y generan beneficios multimillonarios a sus avispados creadores. En este caso, el medio (el sitio web en cuestión) es el fin (ganar dinero a espuertas).

Pudiera parecer que en el subrayado de estas diferencias ha resultado un tanto tendencioso y en contra de cualquier tipo de redes sociales vía Internet. Nada más lejos de mi intención. Sería conveniente matizar: estoy en contra de todas las grandes comunidades virtuales genéricas como las arriba citadas que mixtifican el ámbito de las relaciones personales, banalizándolas y relegándolas al ámbito del exhibicionismo narcisista de la propia imagen y los propios pensamientos. Tu foto, a ser posible convenientemente retocada en photoshop, es tu carta de presentación. A partir de ahí, tu privacidad desaparece (ahora parece que algunos han caído de un guindo y han descubierto las filtraciones de datos personales en Facebook y MySpace) y pasas a ser un vértice más de la red, que medirá tu éxito social –y como consecuencia tu nivel de autoestima- en función de la cantidad de conexiones logradas y de tu capacidad de convertirte en un nodo que genere vínculos que posean un flujo de elevada densidad, demostrando tu capacidad de intermediación y tu centralidad. Últimamente se pueden oír expresiones del tipo: “¡Sólo tienes 400?, pues yo ya tengo 1289 amigos”. La estupidez, una vez más, parece que ha ganado la batalla.

Lo cual no impide recordar otra vez que Internet no es ni más ni menos que el mecanismo de la palanca, es decir, una herramienta y como tal, puede ser utilizada bien, mal o regular, pero nunca puede ser buena o mala per se. Por tanto, nunca habría que oponerse –todo lo contrario- a la difusión vía Internet de contenidos clasificados procedentes de las cloacas del estado o las finanzas en sitios gestionados con software libre y sin ànimo de lucro (véase wikileaks y tantos otros) o a la creación de pequeñas redes –en este caso, también lo pequeño es bello- que interrelacionen grupos o individuos con la finalidad de favorecer intercambios de información orientados hacia la autoformación, el placer o la lucha social.

Eso sí, sin olvidar que Internet nunca podrá suplantar los contactos directos y que las verdaderas relaciones sociales son las que se dan cara a cara, mirando a tu interlocutor a los ojos y sin espacios o tiempos preestablecidos.

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