Fulles folles: Un puñado de preguntas ingenuas

La Veranda de Rafa Rius

El sometimiento y la humillación
que origina un sistema semejante
sólo pueden alterarse con un
delirio psicótico.
J. C. Martín

¿Qué hace un hombre hablando con una hoja de parra? Derrocha su  tiempo. Está loco.

¿Qué hace un hombre levantándose cada día a las seis de la mañana para ir a trabajar a un lugar que aborrece, en un trabajo del que abomina, junto a unos compañeros a los que no soporta? Derrocha su tiempo. Está loco.

¿Quién y desde donde define la locura?

¿Por qué hay imbéciles bienpensantes que opinan que Botín o Rato (pongamos por caso) están locos?

¿Cuál es la diferencia entre un loco y un malvado?

¿Por qué gran parte de las relaciones humanas –en todos los ámbitos- están dedicadas a configurar diferentes formas de violencia como expresión del poder y el sometimiento?

¿Por qué tantas veces, muchas de esas relaciones humanas, concebidas a priori para la ayuda mutua y el placer, acaban desembocando en el sufrimiento y la locura?

¿Qué recipiente recoge la sangre que gotea en el horizonte del crepúsculo?

¿Por qué si la propia imposición de un destino no deseado es una forma desquiciante de autoviolencia, no estamos todos mucho más locos?

¿A quién beneficia el denodado fracaso de la fábrica de sueños?

¿Por qué si todo poder genera violencia y la violencia es uno de los mil disfraces de la locura, esa locura en forma de violencia no se vuelve contra el poder?

¿Cuánta nieve ha de caer sobre el campo de batalla para ocultar los cadáveres destrozados y demás restos de la derrota?

Si Familia, Dinero, Ley… son realidades sociales preñadas de locura:

¿Por qué nos obstinamos en formar familias, usamos con desidia el dinero y respetamos escrupulosamente la ley?

¿Cuándo liberaremos la trampa de la espuria sociedad del bienestar y nos centraremos en la destrucción de la sociedad del malestar en la que vivimos?

¿En que cueva se esconde el perdido tesoro del deseo?

¿Por qué, si el resultado de la interpretación de los significados del mundo resulta ser francamente penoso, nos empeñamos en seguir viviendo?

Mientras haya más preguntas que respuestas no estará todo definitivamente perdido.

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