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Alúo patúo

La Veranda de Rafa Rius

En los pueblos del Sur de La Mancha usan esa expresión para designar a los malasombra, a los pocagracia, a los torpes abonados a meter la pata continuamente, tanto en sentido literal como figurado. A esos que siempre están preparados para decir lo más inconveniente en el lugar más inapropiado y en el momento más inoportuno: a esos que recuerdan a grullas, garzas, flamencos y cigüeñas cuando andan por tierra, les llaman alúos patúos.

Pues bien, no hace mucho di en pensar que en España tenemos un hándicap que complica todavía más si cabe el salir de este mogollón chungo en el que nos han metido: nuestros principales figurones son unos alúos patúos. Los dos máximos representantes del poder estatal oseasé, Rajoy y Juan Carlos, son unos alúos patúos de reconocido prestigio, por no hablar de la tercera autoridad en discordia, el Inefable Presidente del Congreso, Excmo. Sr. D. Jesús María Posada, que sería la alegría de la fiesta en cualquier sarao funerario.

Puede parecer una frivolidad pero quizá no lo sea tanto. Es cierto que los tres máximos cargos estatales son más honoríficos que otra cosa y en la práctica, escasamente ejecutivos –incluído el del Sr. Rajoy, Jefe del Poder Ejecutivo- y que, como tantas veces hemos comprobado, los resortes del poder real, el de verdad, el que decide, van por otros derroteros y la información que realmente cuenta circula por otros canales. Es cierto –aunque estemos ahítos de repetirlo- que sólo son marionetas que ejecutan los movimientos que otros deciden desde la sombra –aunque todos sepamos quienes son: ¡Qué más da!- pero no es menos cierto que vivimos en la sociedad de la información y que por tanto, la forma de hacer las cosas y la forma de comunicarlas, cobra especial importancia.

Si alguien que debiera ser experto en comunicación y relaciones públicas, se encara con un grupo de periodistas previamente seleccionados, en el pasillo de un hospital, y para justificar su incalificable aventura cinegética africana, sólo se le ocurre poner ojos de borrego degollao y balbucear: “lo sieento, meequivocao, no volverááocurrir”, es que no saben vender imagen. Andamos mal de marketing y, como sabemos, el marketing lo es casi todo en la sociedad capitalista.

Si Rajoy es capaz de soltar, con cara de profunda contrición fulera, topicazos tan absolutamente vacíos y falaces como: «los problemas de España se arreglan tomando decisiones y haciendo políticas que sean útiles al crecimiento económico y a la generación de empleo» (que recuerdan a esos textos humorísticos que circulan profusamente por la red sobre como encadenar palabras en un discurso de media hora, sin decir absolutamente nada) y encima, en lugar de denunciar su inanidad y su estupidez, aún hay quien le ríe la gracia… si eso es así, es que tenemos un serio problema añadido a los muchos que nos agobian.

Por otra parte, vivimos una sensación de aceleración del tiempo histórico de tal magnitud, los acontecimientos que nos abruman se suceden con tal premura, que parece que estemos demostrando en la práctica la teoría de Einstein acerca de la relatividad del tiempo con respecto a la velocidad. Como si viajáramos instalados en la monstruosa máquina de H. G. Wells, en demasiadas ocasiones parece que la realidad que nos rodea haya retrocedido medio siglo de nuestra historia más reciente.

Tan es así, que las formas de los alúos patúos que nos gobiernan, cada vez recuerdan más a las de cierto general asesino que depredó el país durante casi cuarenta años. Su carácter taimado, ladino, de mosquita muerta que nos mata callando, sus constantes intentos de disimulo, de amagar para golpear cuando menos te lo esperas, su gusto por la traición, sus continuas mentiras disfrazadas de eufemismos, su afición por el “donde dije digo, digo Diego”, y aquí no ha pasado nada… ¿No da la impresión de que estemos describiendo el modo de actuar de Rajoy? Y, no obstante, todo eso apesta demasiado a franquismo como para que resulte casual.

Y , lamentablemente, no se trata sólo de los tres ejemplos citados, a ellos podríamos añadir sin desdoro al ínclito y esforzado líder de la oposición, y si nos ponemos a contar, veremos que entre nuestra clase dirigente política y económica hay bastantes más.

A ver si conseguimos entre todos que estos zafios alúos patúos levanten pronto el vuelo y se pierdan de vista para siempre jamás.

\ Segueix-nos/

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