Inicio / Opinió / Obviar lo obvio

Obviar lo obvio

La Veranda de Rafa Rius

Quizás sería bueno obviar lo obvio, no insistir en lo evidente. Preferir preguntas a respuestas. Desnudar perplejidades, amar las paradojas, dejar a un lado los axiomas.

Estar dispuesto a viajar más allá de cualquier frontera, asumir la contingencia de toda verdad, vivir instalado en la provisionalidad de cada aparente certeza, saber que nada dura lo suficiente, salvo la muerte.

Huir de los dogmas, las declaraciones de principios insoslayables y los panfletos. Abominar de lo que no ofrece dudas, aborrecer lo aparentemente incuestionable, transgredir leyes que se pretenden inmutables.

El conocimiento del mundo es un libro abierto a una multiplicidad de lecturas lo cual no implica un eclecticismo acrítico y desvinculado de lo real. Del mismo modo que, el estar profunda y desoladamente convencido de que la anarquía es la mejor forma de organización social posible, no supone estar dispuesto a engullir ruedas de molino ideológicas o aceptar una fe irracional en un concepto de sociedad cuya mayor belleza y virtualidad reside en el continuo cuestionamiento y libre examen de todos los supuestos que la conforman.

La vida, como diría Marisol, es una tómbola. El carácter azaroso de cualquier aventura vital es difícilmente cuestionable. Incluso en el campo de la ciencia, conceptos como el de algoritmo –que vendría a ser la sucesión finita, definida y exacta de operaciones que permiten resolver un problema- y que aparecían como elementos básicos del conocimiento científico, están siendo desbordados por la evidencia –puesta de relieve por los propios matemáticos- de que hay elementos de análisis sumamente complejos que se escapan, que no pueden ser resueltos por medios algorítmicos.

El caos, que es el origen, el punto de partida de tantas mitologías, es también la estación de llegada provisional de muchos de los científicos más osados y receptivos. Partiendo de un universo euclidiano de tres dimensiones, ya hace un tiempo que se viene hablando de otro cuyo número de dimensiones es incierto. El determinismo de lo lineal es una partícula de arena en las inmensas playas de lo aleatorio. Las líneas divisorias se difuminan: el ejemplo pertinente podría ser Mandelbrot, que con sus fractales, nos introduce en una geometría de lo irregular, una especie de caos, resuelto en secuencias sucesivas, de alguna manera organizadas.

Caos organizado… ¿Contradictorio? ¡Por supuesto! Hasta las ramas de la ciencia más utilitarias, más paradigmáticamente algorítmicas, como la informática, en cuanto salen de sus caminos más trillados, se pierden en la indefinición y la complejidad más perpleja.

Si eso ocurre en el campo de las ciencias llamadas exactas, ¿Qué no ocurrirá en el terreno de las conocidas como ciencias sociales, cuyos métodos de análisis y verificación de datos están mucho más sujetos a contingencias contextuales, abocando cualquier conclusión a la provisionalidad más efímera? Un número considerable de viejas y contrastadas tautologías que servían de pilares a nuestra reflexión, se diluyen cada día ante nuestros asombrados ojos como azucarillo en café.

Nos hallamos en demasiadas ocasiones, perdidos en lo más inextricable de una jungla de significados paradójicos, la cotidianeidad nos proporciona torrentes de datos muchas veces confusos. ¿Quiere decir todo ello que en este momento nada es incuestionablemente cierto y, por tanto, todo vale? No diría yo tanto.

Ciertas formas del pensamiento posmoderno o, en otros términos, del llamado pensamiento débil, postulan que lo dado, por el simple hecho de serlo, ya justifica su pertinencia (¡Huy Chica, no sé de que te quejas, si eso siempre ha sido así!) que por tanto, cualquier intento de cambiar lo establecido, sería un acto contra natura. Insisto: no diría yo tanto.

Todo este tinglao que en un contexto aséptico tendría un cierto sentido, se viene abajo estrepitosamente cuando introduces en la ecuación unos cuantos insoslayables factores éticos: ¿Es relativizable el hecho de que mueran en el mundo cientos de millones de personas en hambrunas, catástrofes y enfermedades controlables, mientras un puñado de multimillonarios acumulan disparatadas cantidades de riquezas improductivas o que tantos Estados dilapiden en la compra de armamento los recursos robados a sus ciudadanos? No, me temo que eso es algo impúdicamente evidente y muy poco relativo.

¿Es relativo el hecho de que vivamos bajo la dictadura de una economía de mercado totalmente deshumanizada en la que el capitalismo neoliberal más salvaje explota hasta la extenuación y la muerte a cientos de millones de niños mujeres y hombres? ¿Es relativo el que este sistema vaya a acabar con el planeta, tal como lo conocemos, a muy corto plazo? ¿Es relativo el que la sumisión y el gregarismo dificulten gravemente cualquier intento de cambio?

En medio de la vorágine vertiginosa de datos contradictorios que nos suministra la realidad, hay unos cuantos que son incontrovertibles, pero puestos a actuar sobre esa realidad para mejorarla, lo que ya no es tan incuestionable, o mejor, lo que debería ser permanentemente cuestionable, es el conjunto de estrategias con las que intentamos caminar en dirección a la lejana ciudad de Acracia.

Buscando nuevos y no hollados senderos, tomando a veces atajos y a veces dando largos rodeos. Sin descalificar otras rutas que vayan en la misma dirección, sin apriorismos dogmáticos, y sobre todo, desconfiando de quien dice que lo tiene todo claro.

Ya digo, obviando lo obvio.

\ Segueix-nos/

Etiquetado:

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Col·labora econòmicament amb Ràdio Klara

Puedes colaborar económicamente con RÀDIO KLARA haciendo un ingreso puntual o periódico en:

CAIXA POPULAR

ES9331590015882272378320

Titular: Centro de Estudios y Comunicaciones Alternativas

Si quieres que la colaboración sea periódica puedes suscribirte a RÀDIO KLARA

 

LA TABERNA DEL GRAN BURLÓN

LINTERNA DE DIÓGENES

EL CANTO DE LA TRIPULACIÓN

TOMA JAZZ

BARRIOCANINO

Meta

Back to top