Cuentos libertarios
José Asensio
Cuando la crisis del coronavirus entró en su fase ascendente en el Reino de España, durante la segunda quincena de marzo de 2020, muchas de nosotras constatamos de nuevo el valor de los servicios públicos, y en particular el del sector sanitario. Otras, como las que justificaron los recortes llevados a cabo durante los años posteriores a la crisis estafa de 2007 se dieron cuenta de la importancia que tenia el mantenimiento de la sanidad pública aunque pocas de ellas lo reconocieran públicamente. Muy pocas quieren recordar lo que supuso el modelo sanitario Alzira (ceder la gestión hospitalaria de un centro público a una empresa privada) que experimentó desde 1995 el presunto corrupto Eduardo Zaplana por nuestras tierras valencianas e importó la condesa consorte Esperanza Aguirre, tan liberalmente ella, a la sanidad madrileña. Al modelo privatizador de la derecha europea se le sumó, con el beneplácito de la socialdemocracia, las sacrosantas políticas asesinas de austeridad y del déficit cero que impidieron cubrir los miles de puestos de trabajo que quedaban vacantes por las jubilaciones acaecidas en esos años de expolio a los recursos públicos. Hoy, en medio de tanta emergencia sanitaria provocada por el patógeno vírico, el personal sanitario da lo mejor que tiene para poner al alza la calidad y la función esencial de la sanidad pública, que, con los pocos medios que aún dispone, se dedica a proteger y salvar las vidas de las demás aún a costa de poner en riesgo las de sus profesionales. El valor y la riqueza del servicio público en estado puro.
Mientras la curva de personas afectadas y fallecidas sigue creciendo los carroñeros, que trabajaron durante todos esos años para que el sector privado ocupara gran parte de las actividades que ellos mismos desgarraban al público, iniciaron un nuevo festín en sus cotos bursátiles. Animados por las inyecciones de liquidez provenientes de los fondos públicos para paliar la emergencia económica que se venía encima, y esperando que cayeran moribundas las acciones de algunas empresas para así engordar sus negros buches, hicieron a la perfección lo único que estaban dispuestos a hacer: dejar caer a mínimos históricos algunos valores para poder especular e incrementar sus miserables beneficios a costa del sufrimiento humano. La bolsa de Walt Street, por ejemplo, alcanzaba un récord histórico de ganancias entre los días 24 y 26 de marzo, como no se había visto desde 1931. Los mercados en estado puro y salvaje.











































3 Comentarios
una puntualización del Cagallero de la Tenaza.
Los mercados no existen. Existe el mercado en singular y según el rango del país o nación que tenga un mayor poderío militar y económico, tiene la capacidad de liderarlo y hacer a los demás marcar el paso. Algunas veces el paso de la oca. Decir otra cosa es mentir, pues el mercado no es plural, se puede permitir el ser magnánimo con aliados y afines, pero la esencia del «mercado único» es una clara y escueta lucha de tiburones desde que la primera globalización, allá por el siglo XVI empezó a tener su operatividad en el comercio mundial de los minerales, hierro, oro, plata, productos manufacturados, etc. Decir «los mercados» es atenuar su naturaleza y esencia como si en esa «competencia leal» sobresaliera la facción que mejor aplicara su buena ética comercial en beneficio de sus usuarios y no es así. El mercado es Dios y no un diosecillo cualquiera, es un Dios cruel y con mayúscula, en donde el máximo beneficio es su ley. Por cierto, una ley muy darwinista.
Un saludo
Emili Justicia
Buen artículo, pero lo brillante es cuando negas la existencia de «los mercados» e insistis en el concepto de «el mercado»: es lo fundamental a entender, y cómo lo explicas es brillante, por favor hay que leerlo con atención.
Gràcies pels comentarís, compas.
Teniu raó al respecte de la definició Mercat. La meua ampliació a Mercats és una llicència per poder escriure una serie de més d,un conte al respecte del capitalisme i les seues consècuencies en les nostres vides.