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Las 3 Grandes Mentiras de la Ideología Neoliberal

Juan Lliso

En «El Bosón de los idiotas» esbocé el primero de los tres grandes engaños propagados por el neoliberalismo. Pues de la misma forma que el trilero y charlatán de calle juega con los vasos trucados el hurto de su camuflada rapiña, aquella ideología sustenta el concepto de Estado a través de tres abstracciones que lo predeterminan apriorísticamente, con el único objeto de desplazar el concepto de soberanía popular directa y justificar el de soberanía delegada. Así de simple.

La primera de las abstracciones, como vimos, supone definir al Estado como un ESTADO TECNOCRÁTICO*, es decir, como una reunión de voluntades caracterizada por la búsqueda de la felicidad, o que basa la estabilidad de aquella sociedad, en el desarrollo técnico; o para que no se enfaden los puristas del neoliberalismo, que basa el desarrollo humano en el mero desarrollo científico. Desde este punto de vista la democracia se define como un sistema formal donde la soberanía se ejerce directamente por una oligarquía de tecnócratas y sólo indirectamente por el pueblo mediante el voto electivo. Y el fundamento de esto radica en que esta democracia de base cientificista considera -o quisiera considerar-, todas las disciplinas científicas unidas por una misma Teoría sin contradicciones (Teoría de Cuerdas), que englobaría a toda la Ciencia dentro de un Cuerpo cerrado y lógico para justificar de este modo el traspaso de la soberanía individual a la oligarquía tecnócrata. Con una Teoría que une todas las disciplinas científicas (pº dogmático), la Ciencia, como modo de describir la realidad, se presenta absoluta y universal, siendo capaz de albergar la base o el fundamento de un único modelo de organización democrática adquirido mediante el conocimiento científico o disciplinar por quienes poseen aquellos conocimientos.

Pues bien, el segundo de los grandes engaños es la propagación ideológica del concepto de «unidad soberana del Estado», es decir, del concepto de ESTADO SOBERANO*. Pero fijaros bien porque en la simple, y aparentemente inocua terminología, está el engaño: ¿Cómo puede la soberanía residir en el Estado? ¿Se establece de esta manera una declaración axiomática o apriorística de aquel concepto? En efecto, se trata de una simple entelequia terminológica para hacernos creer que la concurrencia de la mayoría de las voluntades justifican el nacimiento de un Estado, cuando en realidad, un Estado sólo es verdaderamente Estado cuando concurren todas y cada una de las voluntades que lo representan, y mientras éstas se mantengan. De este modo pretenden justificar la abstracción del criterio mayoritario argumentando que sin aquella abstracción (que reúne aquel criterio en manos de unos pocos que quedan así «justificados» por el sistema para tomar las decisiones que afecten al conjunto) sería imposible gobernar.

Y ahora, más concretamente, abordaremos la cuestión que nos afecta:
¿qué consecuencias se camuflan agazapadas destrás del concepto de «Estado español»? Para responder a esta pregunta el ideólogo neoliberal realiza un ejercicio de abstracción al definir la soberanía «como la reunión de la mayoría de las voluntades», y de esta forma, aquella soberanía que reside real y concretamente en cada individuo particular se distorsiona con la abstracción o con la ficción de un concepto formalista y preconcebido de soberanía capaz de absorber todas las soberanías particulares en una nueva entidad, y ello, ¡aunque realmente no se haya producido la concurrencia REAL de todas las voluntades! *(no confundir aquí el concepto de soberanía que estamos analizando con el ejercicio de la soberanía por medio del voto que ha de resolverse, necesariamente, por el criterio mayoritario). Es pues así como aparece el concepto de Estado Soberano, como una ficción, una entelequia.

Y aclaro que no niego que la soberanía pueda llegar a residir en una Nación, lo que niego es que aquella posiblidad se lleve a cabo por un ejercicio formal y no por la concurrencia real de las voluntades, y por tanto, lo que no acepto es que aquel «Estado» se imponga apriorísticamente, y su nacimiento no sea consecuencia de la unificación real, y no formal, de todas y cada una de las voluntades que se sienten identificadas con aquella unión. Porque una Nación no puede nacer de un sentimiento mayoritario, sino de un sentimiento unívoco, y en tanto este sentimiento se mantenga, de todos sus ciudadanos.

Un programa de investigación científica como el que yo vengo proponiendo es aquel que utiliza la ciencia como medio para el desarrollo y no como fin. De este modo el objetivo de una sociedad que pone en común acuerdo el ejercicio de su soberanía no es tanto «avanzar en la técnica» como objeto «per se», cuanto priorizar el desarrollo humano de cada individuo particular que esta vez recurre a la técnica para potenciarlo, pero no para desplazarlo, que recurre a la técnica como medio del desarrollo y no como fin del mismo.

En resúmen, la realidad que yo observo, y de la que parto, es que en este territorio al que llamamos España concfluyen disitntas voluntades que por ser contradictorias entre sí, no podrían delegar su soberanía en aquel Estado-Abstracción al que hacíamos referencia. En mi modesta opinión, lo ideal sería que todos juntos, poco a poco, pudiésemos llegar a construir el concepto de España-Real por una unión progresiva de voluntades individuales y colectivas, pero hoy poor hoy, partimos de un territorio peninsular salpicado por una variadísima fisonomía de conciencias y soberanías, hasta el punto que, todo ejercicio de abstracción que pretenda unificar apriorísticamente este territorio, ha de devenir, forzosamente, en un rotundo fracaso.

Bien compañeros, para no hacer estos planteamientos demasiado densos o aburridos dejaré el tercer gran engaño del trilero neoliberal, el concepto de ESTADO FINANCIERO* para desarrollarlo en otra ocasión. Salud.

\ Segueix-nos/

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