¡A la calle, a la calle!

Cuentos libertarios

José Asensio

“He visto las calles ardiendo otra vez. He visto las calles ardiendo otra vez”
(Kortatu)

Aunque el título de esta histórica canción de Kortatu (1) es toda una declaración de intenciones, bien vale recordarla, releer la letra en su totalidad y poner en el lugar que corresponden todas las expresiones artísticas que saben conjugar y transmitir rabia y sentimiento. Pasado y presente, reflexión y acción. Sobre todo por aquello de los pueblos que olvidan su historia. Qué frágil es nuestra memoria y cuántos mecanismos de defensa desarrollamos para no recordar.

El próximo 10 de noviembre puede convertirse en uno de esos días que algunas prefieran olvidar, aunque el numerito al que asistiremos en esa fecha (dentro del mayúsculo espectáculo multimedia que es la política española y sus instituciones (2) puede que pase a la historia. De momento, hay banda nueva en el festival: Más Errejón and Group, y nuevas combinaciones musicales anunciadas. ¡Viva la fusión! De hecho, oigo en una radio de la derecha, que pretende ser moderna y plural, al ya ex secretario general de Unidas Podemos en Murcia, Óscar Urralburu, que se cambia de grupo. Óscar y su compañera de formación María Giménez lo dejan todo por tocar, si les dan instrumento, supongo, en el combo del Errejón. En su anterior banda no había vida orgánica, comenta Óscar al locutor; no ensayaban juntas, vamos. Claro, siendo Pablo tan multisolista es difícil seguirle el tono. Solo cabe indicar, para terminar con el festival perpetuo que llevan desde antes del verano, que el tenor Pedro Sánchez quiere entrar en la historia no solo como aquel que murió apuñalado dos veces y resucitó cual Jesucristo Superstar, sino que, como es hombre de altos vuelos, está empecinado en que su socialismo español dure 150 años más y sea él el que le de otro ritmo más innovador al camaleónico PSOE, con la nueva orquesta que quiere organizar. ¡Qué jartura de partido y de clase política, de vieja y nueva casta!

Yo no entraré al concierto. Esta vez me abstengo activamente, como tantas otras veces (3) he hecho, excepto las pocas en que mis neuronas no podían soportar tanta mayoría absolutista cantando al unísono por España y el Capital. Esto, y seguro que continúo haciendo amigas dada mi franqueza política, tampoco quiere decir que todas las elecciones sean iguales, como, por ejemplo, las que se pueden dar en un municipio concreto, o en una empresa (sin comparar unas y otras), y teniendo en cuenta siempre el contexto donde nos movemos y las estrategias que buscamos. Amén.

Lo que sí tengo más claro, desde aquellos tiempos de Kortatu y la Polla Records, es que la calle es el espacio natural donde las que no jugamos al espectáculo mediático de la monarquía parlamentaria española, bajo la atenta vigilancia de Bruselas, tenemos que exigir justicia social real y soberanía popular. Pero también que la organización y la solidaridad son piezas claves del combate político que mantenemos con las clases dirigentes.

No hace tanto tiempo, al calor del 15M, expresábamos nuestra rabia (y nuestra creación política en muchas y espontáneas formas de democracia y soberanía directa) hacia tanta corrupción, precariedad y desmantelamiento del sistema público y social que seguía produciéndose. Realizábamos asambleas, acordábamos acciones, cortábamos avenidas, empatizábamos con quienes nos veían o aplaudían desde sus vehículos, convocábamos conjuntamente con otras organizaciones y colectivos paros, huelgas, etc., aunque también algunas poníamos el énfasis en que convocar días de huelga de 24 horas por sectores, y con tanta ligereza no era la mejor estrategia (como vivimos tantas veces por aquí, y en el sector de la enseñanza, con el Sindicato de Estudiantes, sin conseguir que dimitiera ninguna ministra o ministro del ramo como se exigía).

Tanta convocatoria unilateral, sin objetivos finales bien definidos, acabó sirviendo, y es mi opinión, para “quemar” a mucha gente joven. Mucha policía y poca reflexión. Cuando llegaron las Marchas de la Dignidad la cosa ya estaba más madurada colectivamente, pero duraron lo que duraron. Otro clásico de los últimos tiempos de luchas y resistencias. Y, justo es decirlo, el poder contraatacó con sus leyes mordaza, sus reformas laborales y toda esa batería de medidas que sufrimos desde su jodido monopolio de la violencia (incluidos todos los montajes policiales y mediáticos que generan).

Y aquellas grandes revueltas se acabaron cual canción del verano. Unas volvimos a nuestra pequeña revolución diaria y otras muchas de las nuestras participaron ilusionadas y activamente de los nuevos proyectos de las llamadas nuevas izquierdas, y creyeron que podían asaltar cielos y librarnos de los infiernos. Lo de Grecia, la lucha diaria y permanente del pueblo griego contra la dictadura del capital, con una Syriza finalmente rendida a los “amos y patrones coloniales”, nos demostró, nuevamente, que el poder y sus falsas estructuras representativas de la soberanía popular no admiten conciencias políticas honestas, ni mucho menos cambios estructurales. El poder solo entiende de dominio y utilización de la fuerza.

Las que cantábamos en aquellos tiempos otras canciones tan poco institucionales como aquella de “Asaltemos los parlamentos” nos retiramos, como comentaba en el párrafo anterior, a nuestros montes, a nuestras tribus y allí seguimos creando, reflexionando, aguantando o malviviendo con lo que tenemos cerca.

Pero puede que antes (y después) de ese 10 de noviembre próximo sea un buen momento para bajar de “nuestras montañas” y tomar, de nuevo, las calles para recordarles aquello de “que no, que no, que no nos representan”. Pero también tendremos que seguir recordando y reflexionando sobre nuestros muchos años de luchas, nuestras pérdidas y sobre las formas de auto organización colectiva y solidaria que tendremos que construir para ese mundo nuevo que anhelamos (4). Los grandes cambios sociales han empezado desde abajo, con años de concienciación, pero también compartiendo con otras muchas compañeras los proyectos y espacios comunes. La unión hace nuestra fuerza.

Aprendamos de nuestros errores y compartamos con las nuevas generaciones que ya están aquí las herramientas que realmente nos han servido para avanzar y construir. El movimiento antiglobalización ya nos dejó una idea clave: piensa en global, actúa en lo local. Y la calle es nuestra, compañeras.

José Asensio, jasensio@uv.es

Notas y enlaces:
(1) Gracias Íñigo Muguruza por haber conseguido, junto a otra cantidad enorme de músicos vascos, que muchas abriéramos las orejas con vuestras propuestas musicales. Gracias, de corazón, por tantos buenos momentos festivos y, cómo no, combativos. Tu legado artístico queda para siempre.
(2) El periodista Rafa Cid nos recuerda muy acertadamente la trastienda y las bambalinas del esperpéntico espectáculo. Vale la pena releer sus últimos artículos en esta misma página web y sus reflexiones al respecto.
(3) Ya he escrito en diversas ocasiones que lo que menos me suele importar, a diferencia de otras muchas compañeras, es el dichoso día de las elecciones, más aún unas generales en el colonial Reino de España a las órdenes del capital occidental y del imperio militar que lo sustenta. Me importa mucho más lo que hacemos el resto del año y, sobre todo, cómo nos organizamos o intentamos hacerlo. Por poner algún ejemplo más reflexionado sirvan este artículo:
https://www.radioklara.org/radioklara/?p=6138
(4) Sobre organización y proyectos se lleva hablando mucho tiempo desde algunos espacios. Dos sugerencias para reflexionar y ampliar más info:
http://ecologia-social.net/
https://www.radioklara.org/radioklara/?p=6809

2 comentarios en “¡A la calle, a la calle!

  • el 18 octubre 2019 a las 21:03
    Permalink

    Un ácrata en camiseta

    Mientras la caja tonta de la urna electoral se llene a espuertas no hay nada que rascar. El corral de las gallinejas y avecillas de variado plumaje y su enfermizo cacareo pocas cosas han sacado en claro, pues hay poco que rascar. Se quiera o se niegue el voto legitima lo suyo. Lo local en contraposición de lo global se demuestra andando, es decir; con hechos. Lo local es aceptar de una vez por todas el concepto de decrecimiento no impuesto por el sistema, sino gestionado por los que lo critican, los que montan algaradas en la calle, pero no saben o no quieren marcar distancias con el capitalismo. Sin llenarse la boca de lanzar improperios contra el patriarcado, el capital o cosas por el estilo. Construir una nueva economía soberana y al margen de los dueños del corral. Carlos Taibo tiene ya seca la lengua de tanta saliva gastada explicando hasta lo indecible que es el decrecimiento desde una perspectiva más igualitaria en la generación de la riqueza y su reparto.

    La riqueza no se crea. Semejante añagaza es una vil trampa lingüística de los retóricos y bulderos, que su único interés es el dominio del lenguaje y en consecuencia la dominación de quienes les compran el discurso de embrollo. La riqueza se construye siempre mal que pese, con mucho esfuerzo y como he planteado en más de una ocasión; no merece la pena construir ningún puente si a su vez no se tiene claro lo que se va a hacer en la otra orilla, ¡¡¡No merece la pena!!!

    Qué la unión hace hace la fuerza, para qué. Lo de crear un mundo nuevo como eslogan o como soflama puede tener su eco, pero solo es eso; sólo eco. De lo que se trata es cambiar la sociedad desigual en la que mucho tiempo ha que no creemos ni queremos. Al Mundo hagan el favor de dejarlo tranquilo que ni es nuestro ni lo será nunca: vivimos en él de prestado y con fecha de caducidad. La desconfianza en la vida, la nuestra y esa fe ciega en un supuesto Dios todopoderoso, así como ese fideismo en doctrinas salvíficas son callejones sin salida, pensadas para bobos y desesperados. Es la vida lo que importa, la nuestra, pues no tenemos otra y me duele la yema de los dedos de tanto aporrear el teclado insistiendo en la «idea» de tener derecho a una vida más racional y sobre todo ¡¡¡MIA!!!.

    Como última observación quedaría mucho más real si un día se pudiera afirmar los ¡¡¡pueblos son nuestros!!! eso si sería actúa en lo local…, la fermosa frase de Miguel Torga tan celebrada y tan poco practicada. Vergüenza debiera dar ese cinismo al uso, tan desnaturalizado del sabio de Sinope. Un cinismo tan perruno y servil nada bueno puede aportar, salvo un beneficio desmedido y a un alto interés al sistema que se dice combatir.

    Emili Justicia

  • el 21 octubre 2019 a las 15:14
    Permalink

    Un ácrata en camiseta

    De la elección entre el cielo y la tierra creo firmemente y sin riesgo a equivocación, apostar decididamente por el Infierno. Un Infierno terrenal y verificable, en donde ningún bombero tenga o pueda ejercer como tal. En el Infierno se les ve venir de frente y sin disimulo a todos los hijoeputa que de este pretenden conquistar para su catequesis ideológica. En el Infierno no hay nada que salvar, nada que redimir. Al Infierno se va ya convencido y curado de espanto, ni caben equivalencias comparadas ni zarandajas por el estilo. El Infierno es Infierno con mayúscula y todas sus consecuencias y nada tiene que ver con «Cielos», «Paraísos» ni nada que se le parezca. En el Infierno se lidia con la propia vida al margen de terceros o con la aquiescencia de ningún Dios Padre. El Infierno es lo más cañí que nadie pueda imaginar y algo debe de tener cuando religiones del libro y las doctrinas políticas reniegan de él como si del Coco se tratara. En el Infierno no hay valedores ni monopolios agresores, que no sean capaces de resolver por sus propias manos lo que verdaderamente limita la supervivencia de cada individuo. El Paraíso de las derechas, las izquierdas indefinidas ni siquiera son flor de un día, El Infierno es Eterno, verificable día a día, minuto a minuto y segundo a segundo y lo más grave de vuestra inopia es el hacer negación de él como quien niega las leyes de la gravitación o la estructura del átomo según intuyó Demócrito, el filósofo cachondo y materialista que todo lo decía riendo, con un humor insoportable para sus coetáneos e inclusive a más de dos mil quinientos años vista se sigue tolerando mal, muy mal cualquier humorada que ponga en cuestión a santos, santones, milenarismos o «verdades reveladas». La risa y la irreverencia se valora mal, siempre habrá un ofendido o pior aún, «una ofendida» estreñida, cuando es cosa bien sabida que una ofensa será siempre más eficaz que una defensa a la desesperada. Se ofenden los débiles de espíritu, tarados mentales y toda esa fauna gris e impotente e incapaz de encontrar un sitio en la vida, su vida. Se refugian toda esta caterva de rastreros y mamones de toda laya en conceptos tan abstractos como «La familia» El grupo, los gremios de cofrades y afines. El Infierno no es para vosotros o vosotras, como soléis de decir…, no cabéis en él, miserables. Quedaros con vuestros Paraísos de ficción, con vuestras doctrinas de pacotilla, inoperantes e ineficaces por inútiles todas ellas. Estáis atados a una piedra de molino, condenados a dar vueltas sobre sí mismos en pos de un mundo de ensoñación que sólo existe en vuestras mentes perturbadas e inoperantes. Apelar al espacio y no defenderlo con determinación, da lugar a que otro más bestia que tú te usurpe ese espacio vital y solo te quede «la gloria de la derrota» el lloriqueo del impotente y habrás ganado el Cielo, el Cielo de los «perdedores». Desaparecerás irremediablemente de la faz de la Tierra y ningún recuerdo heroico dejarás detrás de ti, pues lo único que perdura y no por mucho tiempo son las obras materiales. Ni las morales o espirituales cuentan en absoluto, son humo y solo humo pestilente.

    Emili Justicia

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